Ovación

Tiempo de maratonistas: correr a pesar de todo

Los menores tiempos, las mayores distancias, la indumentaria especial; las carreras en la ciudad, en otras provincias y países, los maratones urbanos y los de aventura.

Martes 09 de Abril de 2019

Los menores tiempos, las mayores distancias, la indumentaria especial; la edad, los límites físcos, las carreras en la ciudad, en otras provincias y países, los maratones urbanos y los de aventura. Las notas sobre corredores y maratonistas en algún momento mencionan alguno de estos temas o todos juntos. ¿Pero qué pasa si quien corre no puede alimentarse con lo básico que requiere la práctica de un deporte intensivo? ¿Qué pasa si el trabajo diario es cirujear unas cinco horas al día para ganar, con suerte, doscientos pesos y comprar carne, frutas y lácteos se hace imposible? ¿Qué pasa si no se tienen las zapatillas adecuadas ni chequeo médico habitual?

"Se corre igual, porque me gusta y me hace bien". Así le contestó Pablo Castro a Ovación, un hombre de 48 años, cartonero y metódico deportista del grupo "Esos locos que corren", coordinados por Eduardo Hildebrandt, en Villa Gobernador Gálvez.

Castro es uno de los 60 corredores de entre 14 y 76 años que entrenan en un rincón de 13 hectáreas (de las 99 en total) del parque Regional Sur que bordea el Saladillo; uno de los lugares más bellos de esta ciudad pegada a Rosario hacia el sur. Y ayer, entre las 18 y las 20, no juntaba cartones ni botellas ni papeles de diario ni vidrio. Hacía fondo con sus compañeros y compañeras, alargaba entre conos fosforescentes y elongaba: una serie de actividades que comenzó a realizar e incorporar a su vida atlética hace sólo tres semanas.

"Todo lo aprendí de grande: leer y escribir, andar en bicicleta y ahora a correr como se debe", dice el hombre que camina y tira de un carro a lo largo de varios kilómetros que no tiene contabilizados. El mismo que ya participó de un maratón de 10 kilómetros (a una velocidad promedio de 3,54 minutos el kilómetro) y ahora se entrena para correr el próximo domingo los 15 kilómetros de la carrera en Puerto Norte, de Rosario.

Tranco corto, espalda erguida y brazos en noventa grados. Pablo corre, corre y corre mirando al piso: concentrado.

"Tiene que pulir algunos vicios pero tiene mucho futuro y lo más importante es que siga entrenando, porque le gusta y dice que por correr dejó de fumar", comenta su entrenador.

Pablo talonea y eso es un riesgo para los gemelos. "Lo iremos corrigiendo de a poco. Es un hombre que realiza diariamente una actividad hipertrófica en lo muscular (desarrollo excesivo); tiene un físico de poco volumen porque consume pocas proteínas, si no tendría más músculos. Viene tres veces por semana, está aprendiendo a relajar su cuerpo: cuando llegó no sabía la importancia de la elongación y la va incorporando, tanto como colocarse hielo en los cuádriceps y en los gemelos. También vamos hablando de la posibilidad de que coma mejor: no en cantidad pero sí de manera variada, en la medida que pueda,porque dice que quiere hacer carreras largas y será necesario", agregó Hildebrant.

Cómo llegó Pablo al grupo lo cuenta el director de Deportes villagalvense, Eduardo Bulsico.

"Se acercó cuando organizábamos el maratón anual. Nos dijo que había vendido algunas cosas para pagar la inscripción. Vimos que su interés era serio y decidimos apoyarlo con un par nuevo de zapatillas, un profesor y la posibilidad de que participe en otras carreras. Tanto a él como a otros corredores que tienen dificultad para trasladarse los llevamos en remise a las carreras".

El protagonista de esta historia también recuerda esa anécdota. "Yo corría hacía varios años, pero fumaba mucho, tuve problemas emocionales y nunca un par de zapatillas buenas. A ese maratón llevé unas imitación Nike con la pipa despegada. Había vendido mucho cartón y junté 315 pesos, pero la inscripción salía 300. La pagué y no me importó la noche anterior cenar pan y mate, quería correr", recordó el hombre que vive en la villa del barrio Costa Esperanza, en una casa pequeña, con una cocina que se llueve, un televisor y una heladera con la puerta atada con un hilo (dos "objetos de lujo que le regalaron) y una bicicleta fija que compró a 200 pesos. Un hombre prácticamente desdentado que promete hacerse "los dientes" apenas consiga un trabajo.

Tiene tres tatuajes. Son figuras de balanzas y ángeles, imágenes que según dice representan "el equilibrio" que trata de tener en la vida. Y tiene un reloj negro, grandote, con cronómetro.

"Me dijeron que era importante controlar los tiempos y me lo compré con lo que me pagaron un bolsón de cartón"

Cuando se imagina recibiendo un premio en un podio piensa que tendrá a mucha gente para agradecer: "Gente común", resaltó antes de enumerar a la Turca, su amiga, su vecino Fabio y su familia y "todos estos compañeros que hoy se sacaron una foto conmigo y me hicieron feliz", dice el hombre que quiere correr a pesar de todo.

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