Ovación

"Teníamos de esos jugadores que hoy se ven poco"

El ex volante central recordó aquella selección campeona mundial juvenil hace 40 años en Japón. Era el titular del equipo, pero una lesión en la previa lo relegó al banco. "Menotti nos tenía fe desde un primer momento", dijo el Gringo

Domingo 08 de Septiembre de 2019

Conducía el auto de regreso a Rosario y lagrimeaba. Eran muchas las emociones vividas en las últimas horas. Daniel Sperandío se había reencontrado con los compañeros de aquella selección argentina que hacía madrugar al pueblo futbolero para seguirla por televisión en el Mundial juvenil de Japón. El jueves todos ellos tuvieron su homenaje en la Cámara de Diputados de la Nación con motivo del título del mundo conquistado 40 años atrás, el 7 de septiembre. El Gringo, titular de ese seleccionado, que debió ir al banco en todos los partidos por una lesión, desmenuzó con Ovación cada momento de ese conjunto que hizo historia, con individualidades de una enorme jerarquía. "Había futbolistas con habilidad y velocidad. Teníamos de esos jugadores que hoy se ven poco", sostuvo.

   La clasificación al Mundial se consiguió en el Sudamericano de Uruguay. Argentina, con Maradona, Ramón Díaz y Barbas, entre otros, terminó segunda en el cuadrangular final, a un punto de la selección local. Sperandío, de Central, era el número cinco y Juan Simón, de Newell’s, el dos. Un año antes había empezado a engendrarse un seleccionado inolvidable.

   "La primera práctica fue en la cancha de All Boys. Estaba Ernesto Duchini, que era el captador de jugadores y la mano derecha del Flaco Menotti. En ese entrenamiento lo conocí a Maradona. De mirarlo en la revista El Gráfico lo tenía en el mismo vestuario. A Juan Simón lo conocí arriba del tren que nos llevó desde la estación Rosario Norte hasta Retiro. A los dos nos fue bien ese día y nos volvieron a citar, a la vieja cancha de San Lorenzo. Cuando quedamos en el plantel, también empezamos a ir a José C. Paz. Un par de veces también entrenamos en la cancha de Defensores de Belgrano. El partido de presentación fue en Tucumán contra el Cosmos, que tenía a Franz

Beckenbauer, Carlos Alberto y Giorgio Chinaglia", contó.

¿Es cierto que el campeonato Sudamericano se jugaba con el estadio Centenario lleno?

Sí. Es que estaban Maradona, Ramón Díaz y Menotti, que venía de ser campeón del mundo. Hicimos un muy buen campeonato. Nosotros teníamos más equipo, pero quizás Uruguay salió campeón por ser local. La diferencia estuvo en que en el cuadrangular final nosotros empatamos con Paraguay y ellos le ganaron.

¿Cómo fue que te lesionaste?

En Los Angeles, en el último partido contra México antes de ir al Mundial, tuve un esguince importante de tobillo. Esa noche no pude dormir, por el dolor y la angustia. Me quería volver. Todos mis compañeros, incluido Diego, me decían que yo no me volvía por nada. Llegué muy al límite al Mundial. Para los dos primeros partidos me infiltré para ir al banco. La alegría por salir campeón eclipsó todo lo malo que me había pasado. Osvaldo (Rinaldi), con el que nos matábamos a patadas en las prácticas, fue quien me reemplazó. Era un poco más técnico que yo. Compartíamos la pieza y él me traía hielo para el tobillo. Es una persona que quiero. Maradona dijo en una entrevista que veía que nos disputábamos el puesto y después estábamos todo el día juntos. Esas cosas son las que destaco de ese grupo.

¿Cuáles eran las expectativas para el Mundial?

Fuimos con la ilusión de salir campeón. No teníamos la obligación, pero sabíamos que había un buen equipo y por eso se generaron expectativas. De mitad de cancha para adelante tenías todo solucionado. Había variantes de todo tipo. Contábamos con Maradona, Ramón Díaz. El Beto Barbas era completo, un avión. Era un ocho que la robaba y llegaba. Calderón te liquidaba. No sabías si era zurdo o derecho. Al Pichi (Escudero) no lo podían agarrar con su habilidad. Había futbolistas con habilidad y velocidad. Teníamos de esos jugadores que hoy se ven poco.

Maradona siempre dijo que fue el mejor equipo que integró. En tu caso, ¿pensás lo mismo, siendo que estuviste en el River campeón intercontinental 1986?

Sí. Esa selección tenía variantes ofensivas y el condimento de Maradona. La velocidad con la que gambeteaban rivales, tanto Diego como Ramón Díaz, era increíble. Eran explosivos con la pelota en el pie. ¿Cómo no iban triunfar después mundialmente si eran superdotados con apenas 19 años? De mitad de cancha hacia atrás esa selección tenía a Simón, que te la sacaba, tiraba un sombrero y salía jugando. Rubén Rossi era un zurdo elegante, que de arriba no perdía nunca. Y después estaban Abelardo Carabelli de un lado y Hugo Alves del otro. Siempre digo que no sólo tenés que contar con buen equipo sino con un buen plantel, porque si se lesiona uno se necesita recambio. Y esa selección lo tenía.

A medida que ganaban los partidos, ¿crecía la confianza?

Cada vez que terminaba un partido, Diego nos decía que habíamos dado otro paso pero que no ganamos nada. El capitán del equipo te bajaba a tierra.

¿Cuál fue el encuentro que pensás que mejor rindieron?

La final con Rusia. Fue muy emotiva. Arrancamos mal, perdíamos 1 a 0 y nos repusimos. Teníamos variantes por todos lados.

¿Fuiste todos los partidos

al banco de suplentes?

Sí. Cuando llegamos a Tokio, el Flaco me dijo: “Gringo, sé el momento que estás pasando pero quedate tranquilo. Te voy a llevar al banco y sólo usar si la cosa viene mal y te necesito”. La verdad es que después el equipo la rompía y no podíamos entrar ninguno.

¿Cómo era Menotti?

Un padre para nosotros. El día antes de la final del Mundial nos dijo: “Les agradezco haberme hecho revivir diez años en estos dos años que estuve con ustedes. Para mí son como mis hijos y por eso mañana se tienen que divertir, hagan feliz a la gente, a sus familiares y amigos. Sean felices jugando al fútbol. Seamos o no campeones del mundo, no me va a cambiar nada lo que pienso”. Nos hizo emocionar y nos sacó presión. Menotti siempre se identificó con esa selección. Una vez estábamos junto a Simón hablando con el Flaco y él nos dijo: “No me olvido cuando empezamos los entrenamientos. Los veía jugar y pensaba que con ustedes no le podía errar”. El Flaco nos tenía fe desde un primer momento. Es un tipazo. Lo quiero mucho. Es muy humano. El otro día nos invitó a comer a todos a la escuela de técnicos que tiene en Buenos Aires. Fueron el Pato Fillol, Pablo Aimar, Placente, por pedido del propio Flaco. Nosotros habíamos sido sparring varias veces de la selección mayor en cancha de River. Con Simón fuimos sparring cuando la selección jugó en Rosario por el Mundial 78. Comíamos con ellos y después yo me volvía a la pensión de Central que estaba en el centro.

¿Sabían que acá se levantaban de madrugada para mirarlos?

No. Me acuerdo que los que tenían novia las llamaban por teléfono y enseguida cortaban la comunicación porque era caro y te gastabas los viáticos. Estábamos aislados.

¿Cómo fue el reencuentro el jueves con los compañeros?

Muy emotivo. Recordábamos cuando en la esquina de la AFA, antes de que nos llevaran a prácticar, nos juntábamos a tomar café y hablábamos todo el tiempo de fútbol. Eramos pibes con la ilusión que tienen todos los chicos a esa edad.

De Tokio a la cancha de Aguirre

"Salí campeón del mundo, volví al país y el jueves lo fui a saludar a Pancho Erausquin (entrenador de Central) y le llevé un regalo. Me abrazó y me dijo: «Mire que el domingo con la local tenemos un partidazo, con Coronel Aguirre en cancha de ellos». Si bien jugaba en la reserva, a la local se le daba importancia y tuve que ir. Era por el respeto que se le tenía al entrenador, al compañero y al club. A Central le estoy agradecido. Es mi lugar en el mundo, donde estuve 11 años. Por ese partido tuve que suspender una fiesta que me hacían en mi pueblo, Coronel Bogado", contó Sperandío, que desde hace 30 años representa futbolistas junto con otro campeón del mundo, Ricardo Giusti, y Daniel Luzzi.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario