Ovación

Superliga para pocos

El diseño de la última fecha ratificó que a la organización del torneo sólo le interesó privilegiar el superclásico.

Jueves 27 de Septiembre de 2018

Ya no hay dudas. La estructura del torneo de primera división del fútbol argentino está diseñada a medida de Boca y River. Si hacía falta algo más para corroborarlo, vaya entonces la organización de la última fecha. Poco y nada importó cuándo y cómo se debía jugar el resto de los partidos. Todo giró en torno a la conveniencia del superclásico. Por eso fue un domingo atípico. Una grilla con varios partidos en simultáneo. Dos a las 11 y otros dos a las 13.15. Y ninguno a las 20. Es que el negocio imponía algunas horas de previa para los pronósticos, anécdotas y una parafernalia de recursos visuales y verbales. Y muchas horas más para el después, para el debate, repeticiones y más repeticiones, polémicas estériles y un poquito de análisis.

¿El resto? No cuenta demasiado para la "moderna" Superliga que manda. Tal vez interese un poco Racing e Independiente. Pero los demás sólo son necesarios para poder configurar eso que llaman competencia. Así de contundente. Así de injusto.

El poder centralizado

Es que el fútbol argentino también tiene un poder hegemónico, que paradójicamente está en espejo con los otros poderes, porque desde su centralismo subordina al resto, aunque desde la retórica simule no hacer diferencias cuando la situación impone necesidades electorales o de otros respaldos.

Esto no es nuevo. Ya ocurría antes. Pero nunca con esta obscenidad. Tal vez antes existía esa cuota de manejo político que permitía morigerar la prepotencia económica del negocio del fútbol. Que actuaba como un dique de contención. Claro que esto no implica un reconocimiento al anterior modelo autoritario, que también se regía por el imperio de los dividendos económicos.

Pero hoy ese poder se muestra más brutal. Sin siquiera cuidar las formas y no midiendo consecuencias. Pero esa impudicia debe generar anticuerpos, porque este modelo de Superliga, hecha a imagen y semejanza de la liga española, producirá en el tiempo las mismas consecuencias, donde las conquistas se repartirán entre dos y eventualmente un tercero. Como así los recursos. Porque la brecha económica inexorablemente se replica en lo deportivo. Como ya sucede. Aunque todavía no con la magnitud que adquirirá si no hay alguna contraposición de esquema e intereses.

Sería un acto de ingenuidad no considerar la trascendencia que tiene un Boca-River y su implicancia para el negocio, pero también es una torpeza suponer que estos dos clubes representan a todo el país. Porque si así fuese, el dicho popular a manera de reclamo de "que armen un torneo para ellos dos y listo" adquiriría algún sentido, entre tantos dislates que comete esta Superliga.

No debería ser tan difícil comprender que lo que más rebela es la pérdida total de equilibrio, de ecuanimidad, como lo ilustra el diseño de la última fecha, la que en definitiva muestra cómo River y Boca establecen los privilegios en el mercado.

Claro que para poder plasmarlo se necesita indefectiblemente del sometimiento de los otros, y es allí donde el foco cambia de destino, y se posa en aquellos dirigentes que deben defender los intereses de las otras instituciones, fundamentalmente los del interior, donde habitan clubes muy importantes y populares, con peso propio.

Grondona lo dijo

Alguna vez Julio Humberto Grondona durante una entrevista con Ovación, en la que se jactó de haber "federalizado" el fútbol, confió que "muchas veces las gestiones de los clubes del interior delegan en personas que viven en Buenos Aires la tarea de representarlos, lo que es un grave error. O mandan a dirigentes sin la suficiente capacidad de negociación, y que además se encandilan con las luces de la AFA. Entonces después me acusan de ciertas decisiones, pero cuando tuvieron que hablar para oponerse no lo hicieron, porque no estuvieron o porque no hablaron".

Más allá de la ductilidad que tuvo el ex presidente para fundamentar hasta lo injustificable, los hechos ratifican que hay una gran falencia por parte de los clubes del interior en este sentido, porque nunca fueron capaces de articular una estrategia en común para defenderse en bloque del avasallamiento que de los poderosos ejercen. Y eso va más allá de esas declaraciones en modo bravuconadas que hacen los directivos cuando vuelven de Buenos Aires. Los mismos que cuando eran opositores criticaban la falta de peso en AFA, pero hoy con ellos la situación es más desfavorable. Porque aunque digan que con este modelo reciben más dinero, la diferencia con lo que perciben Boca y River también es mayor.

Si los clubes del interior no se unen en torno a una política de defensa para que los contengan en un plano de igualdad, la Superliga seguirá siendo para pocos.

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