Jueves 21 de Abril de 2022
Central se acostumbró a perder y eso es lo peor que le puede pasar a un equipo. Encima enfrentaba al único rival de la zona 2 que venía peor que el canalla, que hasta ahora era Lanús y también besó la lona ante el granate. Por eso la crisis auriazul ya es inocultable y hoy la salida apresurada del Kily González no fue el remedio a los males en Arroyito. Porque Leandro Somoza, que está haciendo sus primeras armas como DT principal en primera división, de momento no encuentra las respuestas para corregir un rumbo que viene de mal en peor. Central tiene tres fechas para dar una prueba de vida, caso contrario el tobogán seguirá empinado como hasta ahora.
Frente a Lanús amagó con un atisbo de reacción. Por momentos en el primer tiempo parecía que tenía controlado al equipo de Jorge Almirón. Pero fue apenas un espejismo. Una intención muy fugaz que no logró sostener con regularidad en pasajes extensos del cotejo. Es cierto que el canalla tuvo un par de chances muy claras en cada tiempo, pero todo se hace añicos cuando el adversario acelera y de un soplido tumba la resistencia auriazul y lo mortifica.
Sin defensa ni un mediocampo bien plantado es como jugar a la ruleta rusa. Servio volvió a quedar expuesto, indefenso y debió sacar tres veces del medio. Incluso en los goles granates los definidores entraron al área con plena libertad, sueltos, sin presión en la marca y apenas debieron acertarle a la red canalla. Y vaya si lo hicieron.
Primero fue la conquista de José López, después la del eterno Diego Valeri y por último el justiciero fue Maximiliano González, con un cabezazo de entrenamiento por la libertad que tuvo para saltar y ubicar a voluntad la pelota lejos de Servio. Tres fallas garrafales en la marcación individual y colectiva de un DT que pregona el orden y tratar de tener un equipo compensado.
Tal vez uno de los pocos cambios que se aprecia en la nueva gestión es la ubicación criteriosa de Marcelo Benítez como doble cinco, ya que es el único que estuvo por sobre la línea de flotación mínima que requiere un rendimiento acorde a la primera auriazul.
El resto fue la voluntad del Pupi Ferreyra que al menos dio la cara y pidió la pelota. Y también fue notorio y digno el ingreso de Lucas Gamba en el segundo tiempo. El resto realmente no dio la talla y encima Lanús aprovechó casi al máximo las jugadas que generó y salió del fondo de la tabla con un 3 a 1 exagerado, pero inapelable. De yapa el granate se dio el gusto de asomar la cabeza del pozo hundiendo justamente a Central en esa incómoda y preocupante posición.
Central está de rodillas y en la lona. No le queda otra que pararse y empezar a defenderse para no ser el último orejón de la tabla de posiciones como es ahora. El elenco canalla el sábado recibirá a Independiente en un Gigante de Arroyito que exigirá respuestas urgentes. Luego visitará a Huracán y cerrará la Copa de la Liga Profesional de local ante Estudiantes.
Leandro Somoza ahora también quedó en el ojo de la tormenta. Hay tres fechas para hacer un cambio de imagen radical. Ese es el imperioso desafío a cortísimo plazo para que futuro empiece a despejarse.
En caída libre
No levanta cabeza. Todo sigue igual en Central. El destino futbolístico mantiene su esencia. Con Cristian González o Leandro Somoza la historia es la misma. El canalla sigue acopiando derrotas. Las estadísticas lo ponen entre las cuerdas sin piedad, a tal punto de hacerle besar la lona. De los últimos 18 puntos que disputó, el representativo de Arroyito apenas rescató uno. Y fue ante los suplentes de Colón en el Gigante. La crisis se potencia. Sea con el Kily o con el Flaco.
El hincha de Central no para de sufrir. Y el equipo de jugar cada vez peor. Es un cambalache, pese a que Leandro Somoza se escude en el discurso político de afirmar que “no tenemos muchos errores a nivel colectivo, sino individuales”.
Con Cristian González no levantaba vuelo. Derrapaba seguido en realidad. Por eso el Kily terminó siendo eyectado por la comisión directiva. La misma que contrató a Somoza porque uno de los argumentos era que el Flaco tenía un informe detallado del plantel. No se nota por el momento. Su ciclo avala la anemia, por cierto.
En cuatro partidos bajo su conducción, el canalla apenas acopió un puntito. Fue en el Gigante y ante los suplentes de Colón. Todo lo demás para el diván. Porque la crisis deportiva sigue en constante aumento. El descontento en la masa auriazul también se potencia. La campaña, pese a que restan tres partidos, es para el olvido. Porque con el Kily o Somoza, la resultante es la misma: desazón.