Ovación

Sole, el último acto

La cordobesa (33 años) tendrá su partido despedida en San Luis. Lucha Aymar la acompañará.  

Lunes 03 de Marzo de 2014

Elegir qué decir de Soledad García en la previa de su despedida definitiva como jugadora de hockey es correr un riesgo. Porque el elogio fácil hacia sus cualidades deportivas está ahí, a flor de piel . En cualquier caso, todo intentará ser en su justa medida. Esta tarde, desde las 17, con transmisión de TyC Sports, la cordobesa, considerada por muchos como la mejor jugadora que dio el país detrás de Luciana Aymar, tendrá su homenaje en el estadio Ave Fénix de San Luis. En compañía de la propia Lucha y amigas del hockey de ayer y hoy, más el afecto del público que hasta último momento le pidió en la red social Twitter que revea su decisión, Sole García colgará el stick.
  ¿Es justo pedirle que no se vaya? No. Pero es como no querer soltar el vicio de eso que te gusta tanto. Porque lo que hizo la cordobesa dentro del rectángulo de juego, especialmente con la camiseta de Las Leonas, es para poner en las vitrinas. Elegir un gol antes que otro de sus 13 años en la selección mayor es tan arbitrario como absurdo, si es que por tratarse de este momento hubiese que destacar algo. Sólo por tomar un ejemplo puede considerarse aquel que marcó con sólo 17 años ante China para que esas nacientes Leonas de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 ganaran un partido clave para sus aspiraciones. Aún con el número 2 en su camiseta (después se quedaría definitivamente con el 10), con una desfachatez insolente y la vinchita como marca registrada de esa generación, esa “nena” agarró la bocha en la mitad de cancha, sobre el lateral izquierdo, apiló a cinco chinas que quedaron desorientadas, se metió por el fondo, volvió a gambetearlas a la velocidad de la luz y anotó un golazo. Con el correr del tiempo, ese tipo de anotaciones dejaron de ser sorpresa para ser definiciones made in Soledad García. Como los golpes de revés. Con esa fuerza y esa habilidad innata que hoy no tiene ninguna otra jugadora de las que visten la camiseta argentina.
  Habilidosa, indescifrable, goleadora y con una personalidad de liderazgo indiscutible, Sole se transformó en uno de los íconos más grandes de la generación que dio origen a Las Leonas.
  Construyó una carrera de lauros en el seleccionado por más de una década. También lo hizo en la mejor liga del mundo, en la de Holanda, y en otras ligas de Europa. No fue menos en los inicios, en su Uni de Córdoba. Pero el brillo máximo lo tuvo con la celeste y blanca. Patentó no sólo ese revés asombroso sino las definiciones en una baldosa, los amagues a las arqueras rivales pegándole al piso antes que a la bocha para dejarlas desparramadas y los festejos como Jerry Mc Guire. Jugó a un altísimo nivel y ganó los dos mundiales que tiene Argentina en su haber. El de Perth 2002, donde se transformó en la goleadora del equipo tomando el rol de la experimentada Vanina Oneto cuando ésta se fracturó la mano en el primer encuentro y el de Rosario 2010, donde literalmente la descosió.
  Los grandes desafíos siempre la agrandaron. Paradójicamente en ese Mundial de Rosario no marcó goles, pero los hizo hacer. En las semifinales, en el partido ante Alemania el marcador se abrió con una genialidad suya en compañía de Luciana Aymar, su socia ideal adentro de la cancha. En la final, nada menos que ante Holanda, jugó bárbaro: metió el centro del primer gol de Carla Rebecchi, sirvió la bocha de corto con la que convirtió Noel Barrionuevo y desestructuró la defensa rival hasta estallar su pelota en el palo del arco que capturó Rebecchi para darle el triunfo a Argentina por 3 a 1. Ese Mundial, esas lágrimas de felicidad fueron para Soledad su última gran alegría en el seleccionado nacional.
  En 2011, por primera vez en su historia Argentina perdió los Juegos Panamericanos a manos de EEUU en Guadalajara y la cordobesa fue quien quizás pagó el precio más caro al ser separada del plantel por el entonces DT Carlos Retegui. Empezaba un camino de dimes y diretes que concluiría conla no vuelta de Sole a Las Leonas. Las diferencias entre ella y el entrenador estaban a la vista, no los motivos. “Su ausencia es difícil para el equipo y para mí. Dentro de la cancha es la jugadora con la que tengo más afinidad. Levantaba la cabeza y lo primero que buscaba eran sus rulitos [...] Pienso que en los Juegos Olímpicos la vamos a necesitar”, le dijo Aymar a Ovación en enero de 2012. Pero no hubo vuelta atrás. Las asperezas no se limaron y los silencios otorgaron.
  La carrera de Soledad García merecía un final mejor, pero hoy tendrá un aliciente. El adiós no pudo ser en su Córdoba natal, en la cancha aledaña al Mario Kempes, que lleva su nombre, pero igual el momento será especial para ella. No son fáciles las despedidas. Y el último acto está por comenzar.

Con Stepnik armaron aquel trío “del Interior”

Cuando Sole comenzó a transitar su camino en la selección, con largas y duras concentraciones en el Cenard de Buenos Aires, no estuvo sola: Lucha Aymar y Ayelén Stepnik estuvieron con ella. Las rosarinas y la cordobesa conformaron una minifamilia que las unió por años. Hoy Ayelén también estará en la despedida.

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