Soberbia actuación de Argentino en su visita a Laferrere para un 2 a 0 digno de elogios
Una verdad del fútbol dice que los equipos se arman de atrás hacia delante. Otra, no menos válida, habla de que es preferible privilegiar la ofensiva. ¿Y con una fusión de ambas? Sin dudas que todo resulta más sencillo. Basta con hacer un recorrido por los soberbios 90 minutos que Argentino jugó en Laferrere para corroborar esta tercera verdad.

Lunes 22 de Septiembre de 2008

Una verdad del fútbol dice que los equipos se arman de atrás hacia delante. Otra, no menos válida, habla de que es preferible privilegiar la ofensiva. ¿Y con una fusión de ambas? Sin dudas que todo resulta más sencillo. Basta con hacer un recorrido por los soberbios 90 minutos que Argentino jugó en Laferrere para corroborar esta tercera verdad. De esa solidez como equipo se gestó el triunfo por 2 a 0 y lo que fue, sin temor a equivocaciones, el mejor partido del salaíto en mucho tiempo. Y poco más para agregar. ¡Ah! esta victoria consolidó al albo en el lote de vanguardia, lo que no es poco.

  Bien podría hacerse un minucioso recorrido por las situaciones que tuvo Argentino para justificar el triunfo, pero mucho más saludable y justo resultaría fundamentar algunos de los ítems que transportaron el objetivo primario a la estación deseada.

  Con una defensa que mostró escasa endeblez, la tarea del mediocampo se alivianó en gran medida, aún cuando a Roberto González le costaba hacer pie en la cancha y el Tom Arriola no encontraba los huecos para asistir con precisión. Pero siempre hubo una o más ruedas de auxilio, como lo fue Nicolás San Juan, quien además de desdoblarse en la marca se hizo tiempo para aportar en ofensiva. Tras su quite y asistencia para Lalo García llegó la primera estocada de la tarde (30’).

  Los méritos como equipo no cesaron en absoluto. Es más, a partir de allí fue cuando mejor leyó el partido el equipo dirigido por Marcelo Straccia.

  Con toda la tranquilidad que le faltaba a Laferrere (la tribuna hostigó de lo lindo), el salaíto hizo su negocio con las mejores leyes del marketing futbolero. A esa altura ya casi nadie lamentaba el mano a mano que había desperdiciado Arriola allá por los 21’.

  Mientras Muslera se afianzaba bajo los tres palos, la defensa marcaba una enorme presencia, con Canessa y Ruí como estandartes. Mientras Straccia movía el banco buscando mayor solvencia, San Juan seguía corriendo y Arriola jugaba y hasta se sacrificaba más de lo habitual. Mientras Fermín Salinas tomaba la posta de Lalo García para correr todo allá arriba, Chiquito González dibujaba (76’) la joyita de la tarde y cerraba prácticamente el partido.

  Y mientras los minutos transcurrían y la impaciencia de la hinchada local aumentaba, el salaíto iba cerrando un partido casi perfecto. Con las mínimas y lógicas fisuras que siempre existen pero con la prestancia, el orden, la solidez y la eficacia que difícilmente puedan castigar a un equipo a quedarse con las manos vacías. Una especie de partido soñado. l