Domingo 01 de Junio de 2008
Se acerca el final de la saga. Ya se levanta el telón, el público se puso de pie en la tribuna y bate palmas. Poco importaron los complicados capítulos finales. Ya se sabe que habrá despedida feliz, que habrá tiempo para los entretelones. Volvió Newells, con su base casi completa, el exento de lujos, el que juega a lo que sabe, el que está produciendo el milagro de la salvación. Sí, milagro, porque no hay que olvidar la historia. ¿Que fue 1 a 0, mezquino, defendiéndolo con uñas y dientes? A los jugadores que se arremolinaron para ofrendarle su esfuerzo a la tribuna no les hablen de otra cosa que los números que ya les dan el pase a la salvación, que si no será hoy será en la próxima.
Los resultados tapan todo. Eso habrán dicho los cultores de la estética que anoche habrán sentido que desperdiciaron un sábado a la noche. Al fin y al cabo, lo único que quedó nítido fue el triunfo rojinegro, lo demás no contó para nada. Los pocos de buen pie, que tenían camisetas a rayas verdes y blancas, sucumbieron rápidamente al plan de lucha de los boys de Caruso. Entonces se jugó a la conveniencia rojinegra, al juego que más sabe y le gusta, llevado incluso al extremo con intérpretes que acentuaron la tendencia de poner la pelota al aire y hacer de la asfixia en la marca una vocación.
Con el regreso de Schiavi, Newells recuperó la imagen colectiva que se fagocitó en las últimas fechas, tanto dentro de la cancha como fuera de ella. Un juego desdibujado por un lado y el affaire del capitán con el DT por el otro, desenfocaron la mira y agrietaron la seguridad que había solidificado en el buen andar anterior por el Clausura. Y aunque lo segundo no se haya corregido, las miserias quedaron de lado y no se permitió que se inmiscuyeran en la cancha, logrando al fin el cometido que era prioridad para todo el mundo. Los puntos ganar y empezar a salvarse.
Básicamente, Newells tuvo otra vez a su mejor defensa y, se sabe, los equipos se arman desde atrás hacia adelante, mucho más con Caruso. A partir de ahí se hizo fuerte, claro que después de un comienzo dubitativo que permitió comprobar que Gutiérrez reemplazaría bien a Villar tras un par de pelotas perdidas en lo alto.
Después, el libreto fue parecido al que usó Caruso en la emergencia ante Colón. Mucha gente de lucha en el medio y dos faros adelante para recepcionar todos los pases que invariablemente les llegaban sin dos toques previos. Fue una constante que Aguilar, Vangioni o Quiroga lanzaran pelotazos con ese destino.
En la práctica, Newell's jugó casi con un doble cuatro y un doble tres sin ponerse colorado, mucho más en el complemento con la comodidad del gol que Salcedo le había dado en el final del primero. A medida que los minutos se iban consumiendo Banfield se enmarañó en su juego aun sacando un defensor y terminando con cuatro delanteros. Esa ventaja que logró Sa-Sá le dio aún más la razón a Caruso en su planteo que se hizo más conservador con cada variante. Y cuando volvían los malos presagios redondeó con el argumento de siempre, aunque más estrecho, un triunfo que libera las angustias que inútilmente se habían rejuntado. Fue un verdadero equipo de salvataje que cumplió la función para la que se lo requería y ganó su derecho a empezar a festejar.