Miércoles 14 de Noviembre de 2018
Los dirigentes de Newell's no hablan, pero los ecos en las paredes del mundo rojinegro se escuchan y retumban por todos lados. Si Omar De Felippe pretende seguir siendo el entrenador del equipo en 2019 deberá sacar los nueve puntos que restan. Porque con cualquier otro registro, lo más probable es que deje su cargo. A lo sumo podría salvarse de pasar por el desfiladero si obtiene dos triunfos en los tres partidos que aún le quedan por disputar. Eso, en el mejor de los casos, le servirá para sentarse a hablar con los directivos y hacer algo de fuerza para que no lo despidan. Eso sí, las victorias que se deslicen por la tabla de salvación deberán estar auxiliadas por reacciones similares a las que tuvo contra Racing y Defensa y Justicia, más allá de que no se contaron como triunfos.
Tampoco nadie saldrá a reconocerlo públicamente, pero De Felippe ya estaba ido tras la eliminación de Newell's ante Central por la Copa Argentina. Aunque con una lógica entendible, la dirigencia de Newell's decidió que la derrota contra el rival de siempre no se cargara el ciclo del DT. Una determinación salomónica puertas adentro que persigue como única huella desactivar los rumores de los malintencionados. Y, sobre todo, para correr de la escena a esos correveidiles que siempre pululan en el Coloso y que invierten su tiempo en calentar los oídos.
Si se descansa en que Newell's tiene que jugar contra Aldosivi en Mar del Plata, Patronato en el Coloso y San Martín en Tucumán, no sería descabellado pensar en De Felippe para el año que viene. Aunque la verdad es que ni el equipo ni el técnico dan garantías de nada. No hay demasiadas razones para esperar que el DT haga lo que no hizo hasta ahora. Tampoco hay argumentos futbolísticos para confiar en el despegue de estos jugadores. Hace seis meses que este plantel está dando vueltas como en una calesita y siempre está en el mismo lugar en lo futbolístico.
Lo que sí se modificó drásticamente desde que llegó De Felippe es la tabla de los promedios. Por eso el técnico debió salir a ponerse un límite. En realidad, se lo ponía él o el tiempo se lo marcaban los dirigentes. No tenía demasiadas salidas. En el seno dirigencial nadie discute que De Felippe es un hombre tallado en la buena madera y un tipo al que las presiones no lo abruman. Al contrario. Cuentan que la opresión que le provoca la falta de resultados lo motiva. Lo fortalece. Pero a un buen entrenador se le caen otras cualidades. Se lo debe reconocer por su capacidad conductiva y su sapiencia estratégica. Justamente nada de eso se le puede ver a Newell's. Un equipo que habitualmente juega a remolque del que tiene enfrente y que rara vez se anima a tirar sal en las falencias del rival. No está mal que De Felippe esté obligado a ganar los 9 puntos que restan. Le vendrá de maravillas para darle credibilidad a su proyecto y para pararse en una sumatoria de puntos que le permita tener la última palabra a la hora de reforzar el equipo para el año que viene. Para gozar de ese privilegio, primero debe acostumbrarse a ganar.