Ovación

Si hay equipo habrá futuro

Para alcanzar o aproximarse a los sueños colectivos es clave un trabajo de conjunto que erradique el exitismo que la cultura individualista impuso y predomina en el fútbol.

Miércoles 21 de Marzo de 2018

Hay un sistema patriarcal que cruje. Aquella frase "de eso no se habla" que tantas veces justificó el orden establecido empieza a perder consistencia. El feminismo irrumpió con saludable ímpetu y se instaló en la agenda de una sociedad estructurada desde aquel formato. Fueron tantas las cosas que durante años estuvieron fuera de discusión que el temor a repensarlas prolongó la vigencia de una matriz que demoró el progreso cultural. Además del avasallamiento a los derechos de la mujer, ese modelo impuso (profundizado mediante el terror por la dictadura militar) un individualismo que remitía a la creencia de que la solución de todos los problemas era ajeno a uno y que derivaba de un don excepcional que sólo tenía el patriarca o líder. Por eso no es casual que la historia oficial se narra desde la figura de los próceres, como si no hubiesen sido emergentes de los movimientos sociales de cada época, de un conjunto de hombres y mujeres, de un equipo.

Individualismo. Estas cuestiones a repensar y/o resetear asoman con mayor nitidez en el deporte. El individualismo es una característica nociva en el fútbol. Muchas veces ese patrón cultural redujo a la mínima expresión la trascendencia del equipo para poner de relieve al talentoso, como si el campeonato hubiese sido producto de uno y no de todos.

El basquetbolista Michael Jordan imprimió como sello una frase ejemplar: "El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos". Dejando en claro que su amplia gama de recursos trascendió por el juego coordinado de sus compañeros en función de una meta compartida. Y que el extraordinario Jordan ponga en valor la indispensable tarea colectiva es una enseñanza para moldear la vanidad.

Hay un sinnúmero de antecedentes para graficar que una individualidad sucumbe cuando no es contenido en un equipo, como así tantos otros para demostrar que un talentoso constituye un plus determinante cuando actúa en un conjunto que lo articula y sostiene.

Muchas de las críticas paridas desde la opinión pública, y publicada, hacia determinado futbolista tienen sus endebles cimientos en ese formato cultural en el cual la sociedad se forjó. Porque así como se aguardaba que Diego Maradona y Lionel Messi colmasen los anhelos futbolísticos de todos, cuando esa ilusión no se plasmaba, automáticamente eran convertidos en los responsables de la frustración.

Así ocurre también en otros ámbitos, en los que se hacen propias las conquistas y se enajenan los fracasos, donde el "nosotros" muta mágicamente por el "ellos", con el devenir inconcebible de las descalificaciones. Y así el reconocimiento cambia en repudio, con la impunidad que tiene todo aquel que sólo habla de lo que el otro hace.

Equipo. Por eso poner en valor la significación de la palabra equipo no es tarea sencilla en un contexto donde predomina el individualismo, que se sustenta en el egoísmo y la soberbia para atentar contra cualquier construcción colectiva.

Porque si de repensar se trata, la confusión de lo que se llama equipo parte desde cuando se jugaba a la pelota en el campito, donde a través del pan y queso se elegían a los eventuales compañeros y más que armar un equipo lo que se hacía era sumar individualidades, que incluso elegían la función a cumplir sin ningún plan de juego.

Porque armar un equipo implica planificación, preparación, estrategia para articular y coordinar las cualidades individuales en función colectiva en pos de un objetivo en común. Y más allá de lo excepcional que pueda ser uno de los integrantes, jamás sustituirá al conjunto.

Mucho se discutió al respecto sobre la selección argentina de 1986 y los críticos del ciclo reducían todo el mérito a Maradona, pero si bien es cierto que Diego fue desequilibrante por su talento, sin dudas que hubo un equipo formateado para capitalizar sus cualidades y así poder llegar al trofeo.

Algo que tal vez no sucedió con Messi en alguno de los mundiales que disputó, ya que no se logró que el conjunto ensamblara en un alto porcentaje para aprovechar toda su condición de crack.

Conclusión. Y es tan clave el rol de un equipo para el desarrollo futbolístico en pos de una meta que hace horas lo recordó el entrenador de Talleres, Frank Kudelka, quien al explicar el presente de su conjunto señaló que "la conformación de un equipo lleva tiempo, responde a un proceso que necesita de confianza, paciencia y respaldo institucional. Hemos resuelto partidos complicados utilizando otros argumentos que hemos sabido incorporar como alternativos a los que habitualmente tratamos de ejecutar. Recuerdo cuando en el Federal A tuvimos momentos difíciles porque no teníamos la pelota y todo acababa en murmullos e insatisfacción de la gente, pero es la misma gente que hoy nos lleva para adelante y nos cantaDOUBLE_STRAIGHT_QUOTE.

Ojalá que ese cambio al que alude Kudelka sea la consecuencia de comprender que para armar un equipo se necesita tiempo y tolerancia. Porque el individualismo impuso la concreción rápida de logros como método de competencia y, aunque fomente recursos deleznables para alcanzarlos, lo cierto es que la concreción de los anhelos compartidos sólo son posibles de manera colectiva. Por eso un DT alguna vez quiso definir a una realidad segura y confiable cuando aseveró: "Hay equipo". Algo que cuesta construir en el país.

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