Ovación

Se puede romper la Superliga

Los dirigentes de varios clubes admiten que las presiones de Boca y River atentan contra la organización de un fútbol más ecuánime.

Viernes 27 de Octubre de 2017

El Hotel Hilton de Buenos Aires se llenó de ilusión el 15 de agosto pasado cuando lanzaron con bombos y platillos la Superliga, un nuevo formato organizativo a través del cual en apariencia todo sería más previsible, ecuánime, ordenado y moderno. Sin embargo a más de dos meses de su presentación lo único que pudieron acomodar fue la programación de los partidos. Y lo hicieron por imposición lógica de las empresas televisivas. Casi nada para la pomposidad de aquella fiesta donde los directivos se vistieron de gala para anunciar algo diferente que aún sigue igual. O peor por lo obsceno.
El primer dato que surge de lo que pudo averiguar Ovación ayer es que hace más de 40 días que la mesa directiva no se reúne, y este hecho no es casual, ya que por las presiones que están ejerciendo Boca y River no se quiere tratar el esquema distributivo de los fondos por los derechos televisivos, los que se siguen repartiendo con la escala anterior que beneficia a los denominados grandes, ya que en el primer escalón están xeneizes y millonarios, y en el segundo Independiente, Racing, San Lorenzo y Vélez.
Desde el consenso logrado entre otros clubes, impulsado por Central, se propuso modificar ese esquema para ajustarse a la normativa de la flamante Superliga, pero River y Boca rechazaron sistemáticamente esta iniciativa, e incluso algunos directivos de esos clubes hasta utilizaron palabras intimidantes inculpando a sus pares de querer romper el flamante organismo.
"Fue tanto el apriete que ejercieron desde los clubes grandes, que ya algunos comenzaron a declinar en la exigencia de que se cambie la forma de repartir el dinero de la televisión, y si bien los aportes actuales aparecen a cuenta hasta que se defina cómo se distribuirán, Boca y River presionan para que esto no se cambie", relató un dirigente que representa a su club en la Superliga.
También trascendió que los clubes llamados grandes quieren prevalecer en la decisión sobre los formatos de los torneos del año próximo, ya que el propio Daniel Angelici les avisó que se opondrán a los torneos cortos, dejando en claro que esta modalidad con la que se está disputando la Superliga favorece a su club como así a River, ya que les permite poder mantener la hegemonía por disponer de planteles más numerosos, incluso mientras disputan otras competencias internacionales.
Varios de los dirigentes consultados por este diario coincidieron en calificar como "un mamarracho inviable" al funcionamiento de la Superliga en estas condiciones, pero por una cuestión de estrategia política por ahora prefieren no mediatizar el conflicto hasta tanto no den la batalla en la próxima reunión de la entidad, la que viene postergada por más de un mes.
Pero quien sí pateó el tablero fue el presidente de Lanús, Nicolás Russo: "Si no cambiamos muchos vamos a pedir dejar la Superliga para volver a la AFA. Es cierto lo de la reunión, porque el estatuto de la Superliga señala que los clubes deben reunirse cada 15 días y eso no se cumple".
El mandamás granate admitió sentirse molesto porque River, Boca, Racing, Independiente y San Lorenzo se cortan "solos" en las decisiones que se toman en la Superliga, y esto atenta contra los intereses del resto porque no son ni siquiera convocados.
"La mesa chica de la Superliga son los cinco grandes más Defensa y Justicia y Atlético Tucumán", especificó Russo.
El presidente de Lanús no hizo más que anticipar el conflicto en ciernes que atraviesa el fútbol argentino en su máxima categoría. Donde los dos clubes más populares, acompañados por la conveniencia política y económica de otros pocos, quieren ampliar aún más la hegemonía sobre el resto, quebrando el principio de equidad entre los competidores. En otras palabras, comenzar a ganar los partidos desde el poder de los escritorios y condenar al resto al mero rol de partenaire.
Ante este cuadro de situación y por "la subordinación" según los directivos consultados del ceo de la Superliga, Mariano Elizondo, a los intereses de los clubes "grandes", es que dirigentes de diferentes clubes mantienen conversaciones permanentes para consensuar una posición antagónica, caso contrario no descartan que este conflicto derive en un cisma que ponga en riesgo la continuidad de la Superliga como entidad.
El sistema de coparticipación de los fondos de los derechos televisivos y el formato de un nuevo torneo a desarrollarse tras el Mundial 2018 son los dos temas más trascendentes que jaquean la Superliga, que lejos de mantener un funcionamiento acorde al reglamento que la rige, opta por el contubernio de unos pocos para continuar en el tiempo.
Está claro entonces que el problema del fútbol argentino no son los sistemas, sino los sospechosos de siempre que viven asociados a la ventaja de la trampa para poder prevalecer. Como así la falta de rebeldía de los damnificados para asociarse y confrontar de una buena vez en defensa propia.

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