Domingo 25 de Noviembre de 2018
"Vergüenza mundial" repicaron casi todos los medios respecto de los incidentes que llevaron a la suspensión de "la final del mundo". Vergüenza y papelón fueron los vocablos más utilizados para calificar el estado de situación de tal partido de Copa Libertadores.
Amén de las adjetivaciones, la mayoría de los actores vinculados a este hecho (llámense jugadores, directivos, funcionarios, periodistas, hinchas y un extenso etcétera) hablaron de problemas en el operativo de seguridad y prevención de la violencia y se rasgaron las vestiduras asumiendo culpas en sentido figurado y con sentimiento colectivo. Como si todos fuésemos responsables de la suspensión de un encuentro de fútbol.
No. Decididamente no. Y quizá ni siquiera haya explicación certera para este hecho en particular, pero...
¿Se podía esperar otra cosa que vergüenza y papelón de un microambiente como el fútbol que reproduce a diario el mensaje de que lo único que sirve es ganar y no importa cómo conseguir ese resultado?
¿Se podía esperar otra cosa de una sociedad violenta, que excluye a miles de sus habitantes, los condena a la marginación y les retacea educación y salud?
¿Se podía esperar otra cosa de un Estado que sólo sabe reprimir y a veces ni siquiera eso?
No. Decididamente no.