Ovación

Schwartzman le dio otra vida al equipo argentino

El Peque saltó a jugar ante el siempre difícil Jarry con la serie 2 a 1 abajo y triunfó con más coraje que tenis y por pequeños detalles.

Domingo 08 de Abril de 2018

Si el primer día había sentido presión por tener que igualar la serie, ni hablar de qué le habrá pasado por la cabeza a Diego Schwartzman (15 del mundo) ayer. Como en la jornada inaugural, cuando debió remontar el 0-1 de Nicolás Kicker (87) ante Christian Garín (217), le tocó otra cruzada de la responsabilidad. Esta vez para poner la serie 2 a 2 tras la derrota en el dobles y darle una vida más al conjunto nacional, vida que quedaría en las manos de Guido Pella (63), que entró en lugar de Kicker, anunciado en el sorteo.

No fue bueno el partido de Peque, que entró fresco a jugar con un Nicolás Jarry (64) que había jugado 2 horas 14' el primer día ante Kicker y exactamente tres más en el partido anterior, en el dobles. El Príncipe nacido en Santiago se mostró agotado en los primeros games, dio la sensación de que no iba a poder mover su 1,98 metro y pese a que Schwartzman se puso 4 a 0 logró igualarlo. En cuanto volvió a "calentar" el cuerpo, Jarry se encendió y tiró "de todo".

Pese a la acumulación de horas en cancha, la derecha y el revés a dos manos le "corrieron" en gran versión. Prácticamente no se acercó a la red y apostó por los puntos cortos, entendiendo el desgaste, pero jugó de igual a igual un partido que podría haber caído en cualquiera de los dos bandos. Admirable lo del chileno, gran promesa y enorme realidad a la vez. Con un tenis, un temple y una actitud pocas veces vistas en un jugador de 22 años que recién está empezando a tomar protagonismo en el circuito grande, jamás se amedrentó ante la presión y el latido de un estadio colmado. Es más, el de ayer fue el tercer enfrentamiento entre Schwartzman y Jarry, pero fue el que más le costó al argentino. Lo había vencido en Río de Janeiro y San Pablo. Aunque la Davis tiene eso de que iguala como nada y siempre deja abierta la puerta de las sorpresas.

Finalmente, se lo llevó el argentino, por algunos pequeños detalles y con más coraje que tenis. El Peque habló de cómo falló en la estrategia de querer mover mucho a Jarry, que igual respondía, y de lo a tiempo que pudo revertirlo para alzarse con la victoria. Dos quiebres en el primer set (uno en contra) y tres en el segundo (contra dos) terminaron de configurar un festejo con cara de deber cumplido. Hubo sonrisas, festejos con mano en la oreja para escuchar a la gente, esa con la que tiene un feeling especial.

La caída en el dobles que sembró dudas

La jornada de domingo se inició con un ambivalente partido de dobles que inclinó la balanza para Chile tras tres intensas horas de juego. El capitán local, Daniel Orsanic, optó por Guido Pella en lugar del tucumano Guillermo Durán, anunciado en el sorteo del jueves y especialista en la materia, quien de haber pisado el polvo de ladrillo del Aldo Cantoni hubiese debutado oficialmente en Copa Davis. El bahiense acompañó al otro experto argentino en el tema, Máximo González, pero no lo hizo en sintonía. Entonces, no alcanzó con el partidazo que jugó el morocho de Tandil y la moneda cayó del otro lado de la cordillera de Los Andes por 6/7 (7), 7/5 y 6/3. La elección le salió perfecta hasta ese momento a Nicolás Massú, quien decidió que su hombre fundamental, Nicolás Jarry, acompañase a Hans Podlipnik, complementándose muy bien. Fue un duelo bien parejo tanto desde lo mental como desde lo tenístico. Con una Argentina que fue de mayor a menor y un Chile que aprovechó eso para crecer. Porque, a juzgar por el inicio e incluso por el enorme marco que le puso el público, todo parecía a pedir del local que se llevó el primer set por tie break y que finalizó con Pella gritándole con alma y vida el punto de desahogo al piso. El bahiense nunca encontró su mejor forma para acompañar a un Machi impecable en todas las facetas, con la mente fresca y sabiendo perfectamente qué hacer en cada espacio de la cancha, fundamentalmente en la red. El segundo segmento siguió reñido, pero González bajó su nivel en el saque y lo cedió dos veces, una de ellas, la más complicada en el 12 game para que los trasandinos se pongan 7/5 en el encuentro. Allí creció la confianza para los conducidos por Massú que se retroalimentaron por el "ruido" de su gente y afinaron más la puntería, apoyados fundamentalmente en un intratable Jarry, incisivo con la derecha y perfecto desde el servicio. Ya en el último set, Argentina no supo aprovechar sus dos chances de quiebre sobre el saque de Jarry y los chilenos, fortalecidos, le quitaron el servicio a Pella en el sexto game. Abrieron la puerta de la victoria y Argentina terminó de desvanecerse. Los chilenos lo cerraron con un 6/3 inapelable, que terminó de darle forma a uno de esos partidos tan típicos de Copa Davis. Con tenis, con emociones cambiantes, con enorme dramatismo.

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