Jueves 18 de Noviembre de 2021
Lionel Scaloni es el autor intelectual del gran momento de la selección argentina, que el martes por la noche en San Juan igualó 0 a 0 ante Brasil y con este resultado le alcanzó para lograr el ansiado boleto a Qatar 2022.
El DT de Pujato arribó al cargo de manera interina tras el decepcionante Mundial de Rusia, donde el equipo era dirigido por Jorge Sampaoli. El nuevo ciclo tuvo ideas claras y la apuesta fuerte a jugadores que estaban fuera de las luminarias. Scaloni también recuperó el entusiasmo de Leo Messi, armó un grupo sólido, logró ensamblar una formación confiable y le agregó el espíritu ganador. Se logró conquistar este año la Copa América y se consiguió la flamante clasificación mundialista.
Scaloni es un outsider del fútbol en cuanto a la dirección técnica. Porque si bien surgió como jugador en Newell’s, tuvo un recorrido europeo y hasta lució la albiceleste, lo suyo como DT de la selección mayor fue un verdadero experimento del presidente de la AFA, Claudio Tapia, que a la luz de los resultados salió de maravillas. Incluso lleva un invicto de 27 partidos.
No era fácil tomar el timón de una selección que venía golpeada por sucesivas frustraciones y que la gente ya comenzaba a mirar de costado, como apática de su devenir y focalizando su rechazo hacia varios jugadores que fueron duramente cuestionados. Si hasta Messi debía convivir con la crítica de que no jugaba como en su exclub, el poderoso Barcelona de España.
Pero Scaloni fue acomodando las piezas del jenga para levantar la torre. Oxigenó al equipo con futbolistas jóvenes, convocó a jugadores que hasta el momento no estaban en el radar como el arquero Dibu Martínez, recuperó a Ángel Di María, hizo crecer a Rodrigo De Paul y fundamentalmente revitalizó el entusiasmo de Lionel Messi para ponerse al frente del nuevo proceso.
Claro que además del manejo del grupo, el equipo tiene trabajo de pizarrón. Hay variantes tácticas para atacar y defender. Y la idea de ser protagonista en todas las canchas, que muchos enuncian pero no todos practican, fue una constante. Con aciertos y errores, los jugadores salen a ganar desde el minuto uno al noventa y tratan de hacerlo a partir del manejo agresivo de la pelota. Así el equipo tiene carácter para jugar, estímulo para morder y paulatinamente fue plasmando una mística ganadora que va en aumento.
Haber ganado la Copa América frente a Brasil en la final de Río de Janeiro generó que el público vuelva a tener ganas y deseos de ver a la selección. Se recuperó la identificación y la pertenencia. Aquella foto de Messi levantando la copa fue desde lo futbolístico la noticia más trascendente del año que está por terminar y para muchos jóvenes hinchas fue el primer festejo grande que vivieron con la albiceleste.
Y ahora la clasificación al Mundial sin turbulencias es otro gran paso adelante. Todo es obra de un técnico que jamás se sintió más importante que sus jugadores, que nunca realizó una declaración altisonante, que no vendió espejitos de colores y que “habla” con la postura y la propuesta ambiciosa de su equipo cada vez que sale a la cancha.
Si esto alcanza para estar entre los mejores del Mundial de Qatar se sabrá cuando llegue el momento. El equipo tiene aún mucho por mejorar, pero hay una base confiable para potenciar y ya no es todo arena movediza como cuando tomó las riendas del plantel.
Scaloni es la excepción que confirma la regla. Sin experiencia ni pergaminos ni siendo parte del statu quo del ambiente del fútbol, Scaloni cortó camino y fue al grano. Tomó el pizarrón, acomodó las piezas, citó a jugadores competitivos, apostó por nombres fuera del catálogo convencional, le sacó la mejor sonrisa a Messi y Argentina hoy es un equipo serio. Ni más ni menos. Scaloni lo hizo.