Ovación

Sangre, sudor y lágrimas

Mayer le ganó un partido histórico a Souza para mantener a Argentina con chances de llegar a los cuartos de final.

Lunes 09 de Marzo de 2015

Cómo entrar en la historia sin jugar bien. Cómo ofrecer un nivel desconcertante, pero maquillarlo con un esfuerzo conmovedor hasta desactivar cualquier sensación negativa que pudiera primar en un análisis rasante y gélido carente de los componentes emotivos de un partido de tenis que se instaló en las estadísticas como el más largo de la historia de la Copa Davis en singles (ver aparte). Cómo desentenderse de 6 horas y 42 minutos para desmenuzar sólo desde el rendimiento un desarrollo teñido ineludiblemente de emoción, suspenso y cansancio extremo. Las sensaciones fluyen confusas apenas terminado el partido y de repente se aclaran cuando se observan las lágrimas del ganador. Ya no quedan dudas, los aspectos técnicos pueden esperar. Lo que se intentará describir aquí es la historia de Leonardo Mayer y Joao Souza. Fue el cuarto punto entre Argentina y Brasil por los octavos de final de la Copa Davis. Fue la victoria del correntino por 7/6 (4), 7/6 (5), 5/7, 5/7 y 15/13 para igualar la serie en dos y esperar el desenlace entre Federico Delbonis y Thomaz Bellucci que llegará recién hoy (ver aparte).
  Se insiste, se intentará, con muchas chances de fracasar, de narrar el clima más que el juego, de un partido infartante e histórico. Dos sets a cero, 3/1 en el tercero y 40/15. Leo Mayer hace una mueca de dolor, renquea y pide al banco la presencia del médico. Sostiene el servicio con un saque ganador y es atendido en el descanso. Como mil historias en el tenis, vuelve al partido con la cabeza en su tobillo y Souza, el increíble Souza, lo advierte hasta quebrar dos veces el servicio y llevarse el set por 7/5.
  Por un momento el recuerdo de la final de Roland Garros 2004 entre Guillermo Coria y Gastón Gaudio cruza de punta a punta el escenario de Tecnópolis. No se sabe muy bien qué pasa, pero el Yacaré se desconoce a sí mismo y el partido gira inesperadamente. El único dato positivo es la ventaja en el resultado y las casi 5 horas que jugó el viernes Souza frente a Berlocq. La mente busca refugios para no entrar en pánico y al final halla un salvoconducto: este Souza no es aquel Gaudio, sería un milagro que dé vuelta semejante partido. El brasileño desoye todos los prejuicios y gana el cuarto set también por 7/5.
  Ya no hay partido, los parámetros para analizarlo se hacen trizas: se está en presencia de un drama, sólo deportivo afortunadamente. Mayer, como Coria en 2004, ya hace un rato largo que no puede manejar sus músculos, parece aterrado, como preso de una crisis de pánico que apareció justo cuando estaba por ganar y le resulta imposible manejar.
  Desde afuera, el público intenta jugar pero no sabe muy bien de qué forma. Hasta sufre en algunos momentos el reto de Mayer, que tampoco tiene muy claro cómo ganar. Ya desde un rato antes el duelo entre Argentina y Brasil dejó de ser tal. Ni siquiera responde al folclore futbolístico que quedó instalado el mismo día del sorteo. Ahora es una pelea casi callejera: Charly Berlocq se corre hacia uno de los laterales para alentar a su compañero y los brasileños se quejan. Interviene el árbitro y pide calma. Berlocq insiste, pero sufre el acoso de un integrante de equipo brasileño que quiere controlar que no le entregue información o aliento a Leo. Ya es una pelea por la supervivencia. No queda ni un resquicio de tenis, ni sudor les queda.
  Mayer tiene triple match point en el décimo game sobre el saque de Souza. El brasileño los levanta, iguala en 5 y quiebra en el undécimo juego. Sacará para partido.
  Thomaz Bellucci llega corriendo para sumarse al festejo. Parece descorchar antes de tiempo. Por fortuna será así. El correntino quiebra y tiene una vida más. Souza levanta otros dos puntos de partido en el 18º game y otros cuatro en el 24º. Parece invencible, está jugando el segundo partido de su vida a 5 sets y casi doce horas de competencia en dos días.
  Leo levanta tres puntos de quiebre para ponerse 13/12 en una pierna por los calambres. Tan lejos y tan cerca. Casi siempre parece que al final lo va a ganar, pero en definitiva no queda claro si esa sensación es real o un revulsivo contra los nervios y el entumecimiento. Si hasta cuesta encontrar el lugar en las butacas de Tecnópolis. Mil poses y otras tantas cábalas ya fracasaron.
  Mayer juega con la gente en el descanso. Mientras es atendido acompaña los cantos de la tribuna buscando un refugio en la nada. Ese parece ser el atajo, pensar en nada.
  Un descanso más 14/13 arriba. Souza vuelve a tambalear, saca 15/40. El brasileño gana el punto para 30/40 y salva el décimo match point. Increíble. Vuelve a sacar, como toda la tarde, sobre el revés. Leo se corre para pegarle de drive y la pone profunda, casi sobre el fleje. No hay respuesta de Souza, Argentina gana. Pasaron 6 horas y 42 minutos de sangre, sudor y ahora lágrimas. Es la Copa Davis en su máxima expresión.

El singles más largo de la Copa

Leo Mayer entró en la historia de la Davis. Así lo determina el hecho de que ganó el singles más largo de la historia de la competencia tras estar en cancha durante 6 horas y 42 minutos. Además, es el  más prolongado que se haya disputado sobre una cancha de polvo de ladrillo en el circuito de la ATP.
La marca previa para el partido más largo de Copa había sido el triunfo del estadounidense John McEnroe sobre el sueco Mats Wilander en 1982, que duró seis horas y 22 minutos. Aunque hay que hacer la salvedad de que en esa época los sets se definían por diferencia de dos games y tampoco estaba permitido que ingrese el médico a la cancha.
Desde la época del tiebreak, el partido de individuales de mayor duración en la Davis fue la victoria del austríaco Horst Skoff sobre Wilander en seis horas y cuatro minutos, en 1989.
El récord sobre polvo de ladrillo pertenecía al triunfo del francés Fabrice Santoro sobre el también galo Arnaud Clement en seis horas y 33 minutos, en Roland Garros en 2004. Y el récord absoluto del partido más largo corresponde al triunfo del estadounidense John Isner sobre el francés Nicolas Mahut en 11 horas y cinco minutos, durante tres días, en Wimbledon.
El partido más largo de la Davis es el dobles que los checos Tomas Berdych y Lukas Rosol ganaron ante los suizos Stanislas Wawrinka y Marco Chiudinelli por 6/4, 5/7, 6/4, 6/7 (3) y 24/22, tras siete horas y un minuto.

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