Ovación

Salió de Mar del Plata y pedaleó 3.500 kilómetros para poder ver a la selección

Sebastián Guida, gerente del Banco Provincia de Buenos Aires, viajó durante un mes junto a un amigo y llegó hasta Río de Janeiro. Es el hermano del cónsul argentino en Belo Horizonte.

Miércoles 18 de Junio de 2014

El viento y la inmensidad de la Cordillera de los Andes fueron el escenario  perfecto para comenzar a soñar en voz alta su último gran viaje.

Sentado sobre una roca y mientras contemplaba el fuego recién encendido Sebastián puso en palabras el sueño que pensaba desde  hacía mucho tiempo.

Ese día, Sebastian Guida, un platense de 41 años radicado en Mar del Plata, y su amigo Matías Lombroni, pusieron en marcha la  idea del viaje a Brasil para seguir al seleccionado argentino en el  Mundial.

La capital del estado de Minas Gerais, donde acaba de llegar con la ilusión de conseguir entradas para el encuentro frente a  Irán, no es una ciudad más para este gerente del Banco Provincia en  La Feliz. Aquí también vive su hermano, Mariano Guida, cónsul  adjunto argentino en Belo Horizonte.  

El sol y el viento ya hicieron estragos en su rostro. El viaje empezó el 15 de mayo en la fría Mar del Plata y terminó más de un  mes después en la calurosa Río de Janeiro. Aunque quiera,  Sebastián siente que ya no puede pedalear más.  

“Este fue mi último viaje, si no me separo”, le contó a DyN ya instalado en Belo Horizonte, con una sonrisa amplia y la  bicicleta empaquetada, lista para volver a Mar del Plata y descansar en el  lugar asignado a los grandes recuerdos.

“Yo soy el loco de la familia”, repitió con ironía, como quien sabe que hace cosas que quizá otros, incluido su hermano, miran  de reojo.

Pero Sebastián estaba feliz y no le importó contar que lloró “como un nene” cuando llegó a Río de Janeiro: “Fue realmente muy  duro”, explicó.

Ese viaje interminable fue apenas el comienzo de la aventura. Sebastián, hincha de Estudiantes de La Plata, sueña con que el  seleccionado que dirige su admirado Alejandro Sabella pueda festejar  en el mítico Maracaná y para eso todavía falta un camino largo por  recorrer, aunque seguramente no tan sacrificado como esos 3.500  kilómetros que pedaleó con frío, lluvia o un sol abrasador. Eso sí,  sólo pinchó una vez. 

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