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Rugby Inclusivo: San Agustín, cromosomas de amor

Se celebró el Día Mundial de las Personas con Síndrome de Down y desde San Agustín, el rugby busca una sociedad realmente inclusiva.

Martes 23 de Marzo de 2021

El 21 de marzo fue el Día Mundial de las Personas con Síndrome de Down. El SD es una alteración genética, no una enfermedad, en el cual presenta un cromosoma adicional en el par 21, constituyendo así la trisonomia 21. San Agustín Rugby Inclusivo es uno de los pocos lugares donde, a través del rugby, el compromiso se mezcla con el amor genuino sin importar el número de cromosomas. "Cada año que pasa nos sentimos más parte de ese día”, destacó Sebastián Bosch, integrante del staff que lleva adelante el proyecto desde septiembre de 2019.

"Cada día que pasa nos sentimos con más compromiso y queremos que no solo quede en un reconocimiento anual, sino seguir trabajando para que la sociedad en general y los clubes en particular tomen real conciencia de la inclusión. Siempre decimos que el rugby es un deporte inclusivo por excelencia pero cuando uno se involucra en este tipo de proyectos -y hablo por mí- ve que estamos muy lejos de la verdadera inclusión”, aseguró el ex ala de Gimnasia y Esgrima y el seleccionado mayor de la URR.

"Desde San Agustín Rugby Inclusivo asumimos el compromiso de crear espacios amigables y amorosos para enriquecernos mutuamente como comunidad. Buscamos una sociedad realmente inclusiva. La idea es que haya más concientización inclusiva dentro del rugby y dentro de la sociedad. Cada uno de los que formamos San Agustín estamos convencidos de que queremos esto”, afirmó.

Pasó un 2020 tremendo, pero la pandemia no le pudo doblar el brazo a San Agustín.

Teníamos muchas expectativas porque la idea era llevar a San Agustín a distintos eventos, como por ejemplo el que organizaba Gimnasia y Esgrima en Pueblo Esther. Queríamos armar uno o dos equipos y que los chicos se pongan la camiseta y entren a una cancha, o al menos tener esa sensación, pero semanas antes de que eso pase nos pasó por encima la pandemia. Y todos esos eventos y partidos que teníamos programados tuvieron que ser postergados. Tuvimos dos semanas en las que nos desorientamos un poco, porque no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar, todo era incierto pero después como vimos que se postergaba tomamos la decisión de recurrir al zoom y tratamos de mantenernos conectados haciendo entrenamientos virtuales para que la cosa no se enfríe.

Después de un año de ir juntos todos los viernes se generó un clima especial entre ellos. ¿Qué pasó al no estar ese espacio?

Es muy difícil. Perdés el contacto al que estás acostumbrado, al abrazo a la llegada, a que los chicos se te trepen. El tema pasaba por cómo nos íbamos a conectar con ellos. Había chicos que les costaba conectarse con la computadora y otros con escasos recursos que no tenían acceso, pero todos con la mejor predisposición fueron buscando la forma de poder conectarse. Hicimos 32 zooms en todo el año de pandemia y en ese tiempo nos tuvimos que disfrazar de lo que se te ocurra, pero logramos.

¿Qué análisis hicieron de esto?

Nosotros hacemos una planificación y un seguimiento y notamos una evolución en los chicos increíble. Buscamos que lo que hacían en la cancha lo hagan en el zoom. Cada uno en el espacio que podía, hizo lo que tenía que hacer y fueron evolucionando. Lo vimos al final del 2020, cuando pudimos hacer los últimos tres entrenamientos, cómo habían progresado y mantenido una disciplina. Ahí fue al revés, lo que venían haciendo en el zoom tenían que repetirlo en la cancha, y con los debido protocolos, lo hicieron. Creo que supimos cambiar el chip y tuvimos la ayuda de los padres como aliados, colaborando en la realización de los ejercicios. Tuvimos varios eventos, como el Día del Niño o el aniversario de San Agustín y aprovechamos cada uno de ellos para llevarles pelotas (de una donación que hizo GER), porque queríamos que cada uno de ellos tenga la suya para que puedan hacer los entrenamientos. Metimos el rugby en sus casas, San Agustín se metió en sus casas.

¿Cómo fue la vuelta al campo del juego este año?

Armamos dos grupos. Primero empezamos con los más grandes y después sumamos a los más chicos. En el último entrenamiento ya estaban todos. Arrancamos con los más grandes porque eran más independientes y no necesitábamos estar tan encima. Se cumplieron los protocolos sin problemas y pudimos jugar. La felicidad, de esos padres que podían volver a ver a sus hijos adentro de una cancha y la de los propios chicos fue enorme, igual que la nuestra.

La pandemia no da respiro, pero ¿qué tienen pensado para este año?

Una de las cosas que tenemos prevista para este año es contactar a Daniel Fernández, el creador de Pumpas, para que venga a dar un entrenamiento junto a Martín Perego, el capitán y el Oso Santi Albornoz, el subcapitán. Otra, que ya tenemos confirmada pero tenemos que ver si la pandemia nos deja, es la participación en la inauguración de la cancha de césped sintético de Gimnasia y Esgrima, que serviría también de partido de despedida de Leo Senatore. Ya tenemos encargadas las camisetas para ese momento.

¿Qué viene de ahora en más?

La idea es que esto siga creciendo, que nos genere un lindo dolor de cabeza y nos obligue a buscar otro espacio o ampliar los días por semana. Con los más grandes ya estamos pensando en darle dos estímulos semanales en lugar de uno. Queremos demostrar que ellos pueden jugar un deporte como el rugby pero fundamentalmente que pueden superarse a sí mismos. Ese es el gran desafío.

La lotería, la suerte y las camisetas

Cuando Germán Candini preguntó cuántos chicos había para organizar el tercer tiempo notaron que a la primera práctica asistieron 46 jugadores, y en la segunda el mismo número. "Al que le guste timbear que lo juegue”, tiró por decir algo Sebastián Bosch, una persona bien alejada de esos menesteres. Lo cierto es que la cosa en principio quedó ahí, pero luego Ariel Puignero, otro de los integrantes del staff que estaba ahí, empezó a colecta. "100 pesitos a cada uno, cabeza y diez! Son 400 pesitos”, avisó y apostó por el 246. A la noche los anotició: "Ganamos la quiniela muchachos”. El 246 había salido a la cabeza y el premio lo destinaron a la compra de camisetas, escudos y colchonetas. ¿Designio?

De interés

En San Agustín Rugby Inclusivo la inscripción sigue abierta. Para los interesados se pueden contactar con San Agustín XV a través del teléfono 341-6960549, del mail sanagustinxv@gmail.com, o través de las redes sociales Instagram, Facebook y Twitter.

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