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Rugby: Duendes campeón del Nacional de Clubes 2009

Hay un fantasma que sabe lo que quiere y cuando algo se le pone entre ceja y ceja es muy difícil que no lo consiga. Esa obsesión lo obligó a agrandar la vitrina. A pocos días de haber conseguido el cetro en el Torneo del Interior, Duendes ayer agigantó más su leyenda al vencer en la final del Nacional de Clubes 2009 nada menos que a Hindú, por un 28 a 18 que no dejó lugar a dudas. Así la cancha del barrio Las Delicias se convirtió, casi sin quererlo, en un cementerio de elefantes.

Domingo 29 de Noviembre de 2009

Hay un fantasma que sabe lo que quiere y cuando algo se le pone entre ceja y ceja es muy difícil que no lo consiga. Esa obsesión lo obligó a agrandar la vitrina. A pocos días de haber conseguido el cetro en el Torneo del Interior, Duendes ayer agigantó más su leyenda al vencer en la final del Nacional de Clubes 2009 nada menos que a Hindú, por un 28 a 18 que no dejó lugar a dudas. Así la cancha del barrio Las Delicias se convirtió, casi sin quererlo, en un cementerio de elefantes.

  Las razones por las que el campeón del Interior reverdeció sus laureles podría resumirse en tres palabras: cabeza, corazón y huevos. El partido de ayer encontró al equipo verdinegro en su pico más alto. Superar a un equipo como el de Hindú (que demostró dentro del campo de juego que los pergaminos que tiene no los cosechó de casualidad) era una tarea a priori muy complicada, sin embargo el local lo hizo con creces. Le ganó muy bien un partido duro, intenso, sin concesiones ni respiros. Y en ese contexto primero lo aguantó y después no sólo lo controló, sino que por momentos le dio una verdadera paliza. Las claves estuvieron en que Duendes le hizo sentir el rigor de un tackle sólido (algo que incomodó mucho a Hindú), manejo el line casi a su antojo y tuvo en Mateo Escalante a un pateador efectivo, fundamental en este tipo de encuentros.

  En ese sentido, una vieja idea dice que "el rugby es un deporte que ofrece infinidad de variantes de la mayor complejidad. Pero los grandes equipos, (y Duendes lo fue), no son el producto de grandes sistemas, sino de grandes jugadores. Son ellos, con su talento y su técnica, los que ganan los partidos". Y el verdinegro no dejó dudas ante el tetracampeón de la Urba, como tampoco lo había hecho en la semifinal ante CASI.

  Mucho tuvo que ver el sacrificio de todo el grupo, es cierto, tan cierto como que la experiencia de algunos de sus hombres terminó por inclinar la balanza. Fue bueno lo de los más chicos, como lo de Randisi, Carrió, Lamboglia o Rapuzzi, por citar algunos ejemplos, quienes rápidamente entendieron lo que significa jugar en una primera división, más allá de la edad. Pero lo determinante pasó por otro lado. Hubo jugadores, que supieron transmitir esa experiencia que no se gana de un día para otro sino que sólo la dan los años y las batallas dentro de la cancha. En ese sentido valga un reconocimiento a jugadores como Chesta, Carranza, Cadenazzi o Lucas Bouza, o los hermanos Boffelli y ni hablar de Pablo Bouza, quienes muchos pensaron que estaba "retirado" con el nacimiento de su hijo y sin embargo fue una de las figuras rutilantes del campeón del Interior y del Nacional de Clubes. Ellos, se pusieron el equipo al hombro y junto a los nóveles encontraron el equilibrio que los llevó a beber una vez más el sabroso trago de la gloria. Salud campeón! (aunque suene repetido). l



 

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