Copa Argentina

Ruben y un objetivo más que personal

El capitán canalla perdió dos finales de Copa Argentina, una con Boca y la otra ante River, pero mañana buscará alzar de una vez por todas el trofeo que tiene en vilo a todo Central.

Miércoles 05 de Diciembre de 2018

Se percibe a simple vista que es el más mimado por la gente. Cuentan por lo bajo que es el jefe supremo del vestuario, pese a su cara angelical. También es uno de los corazones que con más fuerza late en el gladiador equipo a la hora de la batalla. Marco Ruben es el mayor símbolo de Central en la actualidad por su sola condición natural de ser un hijo bien de la casa. El capitán no asumirá mañana una final más cuando se mida ante Gimnasia. Será la tercera que figurará en su currículum. Las dos anteriores le generaron heridas de dolor. Las cicatrices tallaron su cuerpo y alma. Igual a que toda la sociedad canalla. Por eso en Mendoza irá por un objetivo más que personal. Buscará levantar de una bendita vez esa Copa Argentina que tiene en vilo a todo Central desde el 2014.

El Patón Bauza lo confirmó hace varios días como uno de los titulares. Marco no llega en fina sintonía. El parate por el desgarro en el isquiotibial izquierdo lo relegó bastante. No obstante, el entrenador confía en la experiencia del atacante para este crucial encuentro en suelo cuyano.

Quizá el técnico confía en la entrega asegurada que le aporta. O en el sacrificio y esfuerzo que emplea en momentos determinantes. El liderazgo es otro plus que transforma a Ruben en el motor de este Central finalista, pese a que no estuvo en el clásico con Newell's, sumó unos poquitos minutos ante Temperley y marcó un tanto de penal en el triunfo desde los doce pasos tras el 0 a 0 en tiempo reglamentario.

Cae de maduro que su apellido tiene peso en el plantel y por eso también tiene siempre un lugar asegurado, independientemente de que hace casi dos años que transita en la irregularidad y acumula una sequía importante de goles en líneas generales. Pero Ruben es Ruben. Al menos en el mundo Central. Y no hay pasado ni mal presente que opaque su mancomunión con el hincha.

Marco es también uno de los referentes que sintetiza a una generación de jugadores que luego de varias frustraciones está a un pasito de poder inscribir su nombre en las páginas más gloriosas del club que aprendió a querer desde su más tierna edad. Porque estuvo en cancha en Córdoba la noche del 4 de noviembre que Boca se le arrebató la copa tras un polémico arbitraje de Diego Ceballos en 2015.

Al año siguiente otra vez llegó a la final con su amado Central. El escenario volvió a ser el estadio Mario Alberto Kempes. Con otro rival, por cierto. Esta vez frente a sus narices estuvo River. Otra vez mordió el polvo. Esta vez la derrota fue 4 a 3. Pero esa noche Marco hizo casi todo bien. Jugó, metió y facturó por partida doble. Tanta entrega no alcanzó. Para colmo el juez Patricio Loustau, sí el mismo que mañana será árbitro ante Gimnasia, lo echó a los 83 minutos.

"El capitán y referente apareció en toda su dimensión goleadora pero sus gritos no alcanzaron. Además, vio la roja. En uno de los partidos más importantes de Central en este proceso, Marco volvió a decir presente. Con dos goles, que a la postre sólo sirvieron para encender la ilusión de los 25.000 canallas que acompañaron una vez más, como tantas otras. Pero otra vez no pudo ser. Y ese emblema que supo ser en estos últimos dos años y que seguramente seguirá siendo mientras vista la camiseta auriazul ayer se fue mascullando bronca", fueron las líneas que siguen impresas en las páginas de Ovación en relación a su gran labor. Esa noche merecía ser campeón. Luego se fue apagando.

Sin embargo, Ruben cuenta con un récord interno. Lleva ocho tantos marcados desde que viene jugando la Copa Argentina. Es el máximo goleador histórico del equipo en la competencia federal. También es el que más partidos cuentas bajo sus botines en el club con 17 presentaciones.

Es el dueño de la cinta de capitán. En el vestuario lo respetan todos. El guerrero Marco Ruben sintetiza el sueño y esperanza de un equipo y comunidad que, frente Gimnasia, tendrá una nueva batalla final. La misma que buscará quedar de pie y festejando a lo grande con toda la sociedad canalla. Esa misma que lo arropa y mima más que a ningún otro. Y la misma que pide que siga en Arroyito mucho tiempo más, pese a que su futuro es incierto.

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