Ovación

Rosario vibró con la selección argentina de básquetbol

Los Redondos sonaban de fondo con "no lo soñé" (Ji, ji, ji). Y Rosario tampoco lo soñó. Lo vivió. Fue realidad. El mejor básquetbol de la historia argentina estaba allí, ante los "ojos bien abiertos" de una sociedad rosarina que construyó una fiesta en torno a su presencia. En el inicio de la antepenúltima estación del equipo en su viaje a los Juegos de Beijing.

Jueves 10 de Julio de 2008

Los Redondos sonaban de fondo con "no lo soñé" (Ji, ji, ji). Y Rosario tampoco lo soñó. Lo vivió. Fue realidad. El mejor básquetbol de la historia argentina estaba allí, ante los "ojos bien abiertos" de una sociedad rosarina que construyó una fiesta en torno a su presencia. En el inicio de la antepenúltima estación del equipo en su viaje a los Juegos de Beijing. Con toda su jerarquía. Con la amplia gama de recursos forjados en una Liga Nacional que luego sembró en el resto del mundo. En las mejores competencias. Con gigantes embajadores en la NBA. Como Scola, Nocioni, Oberto y hasta Delfino y Ginóbili, que no jugaron, pero estuvieron en el campo devolviendo gentilezas mediante la firma de camisetas y autógrafos. Y Manu con la humildad de los grandes. Como lo es este plantel que tendrá la misión de defender lo que consiguió: la medalla de oro. Sí, la selección argentina picó la naranja en suelo rosarino. Y la ciudad no sólo la recibió con los brazos abiertos sino que colmó el estadio cubierto de Newell’s para tributarle un abrazo simbólico. Con representantes de los diferentes ámbitos. Desde el intendente Miguel Lifschitz, hasta el actor Roberto Negro Moyano. Demostrando así que Rosario también es territorio fértil para el básquetbol. Que no es un problema de acompañamiento. Sí de organización, capacidad, voluntad y compromiso.

  Es cierto que hubo algunos inconvenientes por la enorme convocatoria, pero todos quedaron disimulados cuando la aparición del plantel albiceleste puso en ebullición al estadio, allí donde el santafesino Nocioni fue uno de los más ovacionados.

  Con el partido en curso el aliento constante fue matizado con el grito de felicidad ante cada conquista del conjunto de Hernández o tapa del Chapu y Oberto mientras jugó, y con los silencios o silbatinas cuando Polonia anotaba o se acercaba al tablero nacional. Ya con la pelota transitando con vértigo por los distintos sectores, las palabras amistoso y ensayo comenzaron a diluirse, porque la victoria se convirtió en el destino único. Tanto que Román González intercambió empujones con Szawarski. Claro que en esa búsqueda Rosario pudo comprobar que el básquetbol de alta gama tiene características que sólo pueden apreciarse in situ. Por eso los miles de asistentes se regodearon con la disputa.

  En el devenir de los minutos iniciales, un claro gesto de Oberto al banco despertó preocupación, tanta que enseguida fue reemplazado para que lo asistieran por una evidente molestia múscular (ver página 3). Otro de los contratiempos fue la certeza exterior de los polacos, pero Leo Gutiérrez también hizo lo suyo de tres.

  El partido mantuvo intensidad. Dentro y fuera. Por eso poco importó que cuando promediaba el segundo cuarto Hernández dejó sin jugadores NBA al equipo. La selección no varió su funcionamiento y mucho menos su actitud.

La fiesta transcurrió sus etapas tal como estaban marcadas. Los rosarinos acompañaron sin reticencias al seleccionado argentino. Periplo que estuvo matizado por algunas intervenciones artísticas. Y que terminó en apretado triunfo por 88 a 86. Ganó Argentina. Pero también ganó Rosario. Porque la ciudad demostró que el básquetbol acá está vivo. Sólo se trata de ayudarlo a crecer.l

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