Ovación

Rosario Central tuvo un vuelo corto en el viaje por la Copa Sudamericana

Central no tuvo la determinación que le sobró a Boca, perdió bien por 3 a 0 en la Bombonera y acabó temprano esta historia copera, a la que llegó dejando atrás muchos años de frustraciones.

Viernes 19 de Septiembre de 2014

 La determinación es un valor que cotiza en alza cuando de partidos decisivos se trata. Y en la gestación del encuentro Central no la tuvo. Boca sí. Y en ese lapso la diferencia fue suficiente para cerrar la serie. Resuelta en ese primer cuarto fatídico para los de Miguel Angel Russo. Allí cuando Chávez metió un zapatazo fulminante y luego cuando Diego Abal expulsó a Acevedo haciendo impotente cualquier planificación o boceto. Dejando prácticamente un segundo tiempo de sobra. Donde el amor propio no fue suficiente para equiparar una distancia que ya había sido establecida. Y resolviendo la participación del conjunto auriazul en la Copa Sudamericana tras perder por un 3 a 0 contundente. Que dejará sin dudas una enseñanza y también un mensaje que estos jugadores deberán capitalizar para proyectarse. Aunque hoy sólo quede la desazón de una eliminación temprana.
  El partido se definió rápido. Fue sólo un ratito. Pero suficiente para terminar el desafío. Como el golpe de nocaut en el boxeo que no derriba, pero sí lastima y condiciona para todo el combate. Aunque desde el amor propio después los canallas hayan ido al cambio de golpes.
No obstante la historia arrancó con el final. Todo lo demás fue el relato de una lucha desigual. Digna porque el Canalla empujó las limitaciones hasta donde pudo. Pero sin las equivalencias. Porque la paridad ya estuvo quebrada con el primer gol y la salida del defensor centralista.
  Boca fue determinante en el arranque. No tanto con la calidad de su juego. Sí con su actitud. Desde el inicio tomó de la solapa al compromiso y estableció su presencia con más voluntad. Como dueño de casa. Mientras que loscanallas dubitativos sumaban episodios de incomprensible inseguridad, con exasperantes dudas hasta para hacer lo más elemental como despejar una pelota. En este contexto de confusión la serie comenzó a dirimirse.
Después nada fue igual. Central arrancó pidiendo permiso. Y cuando quiso marcar presencia la grieta era demasiado visible. Por más esfuerzo y vocación que exhibiera en el complemento para nivelarla.
  Además, el árbitro también fue determinante en ese lapso de apertura. Exhibió una rigurosidad en las dos amonestaciones a Acevedo, que derivaron en la expulsión, que luego no tuvo. Fiel a su trayectoria, Abal es un juez espasmódico cuando aplica el reglamento.
  Tras el primer gol de Boca y la merma numérica de Central, el equipo canalla esperó hasta que pasara el temblor. Y así fue recuperando en parte la fisonomía de un conjunto que en el complemento salió a procurar la igualdad, y así volvió al partido, pero no le alcanzó para acercarse al empate.
  Menos aún cuando Chávez, otra vez Chávez, hizo el segundo. Y el chileno Fuenzalida, el tercero.
  Crecer duele. Por eso Central se fue ayer de la Bombonera con la bronca de no haber podido estirar su viaje en la Sudamericana.
Pero haber estado en esta instancia es la consecuencia de un crecimiento sostenido. Que es lógico que por allí no se mensure desde la ansiedad pasional, y de un tiempo extenso de sinsabores.
Pero sólo basta con mirar el espejo retrovisor canalla y allí ver la imagen de un descenso cada vez más lejano, y de la consolidación de un retorno que se va cimentando con la paciencia que todo desarrollo impone.

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