Domingo 08 de Octubre de 2023
El “son momentos” que alguna vez mencionó Miguel Angel Russo y que de vez en cuando recuerda, se ajusta a este tramo del torneo en el que Central entendió que ya no tenía tiempo que perder y que debía subirse al tren para no quedar parado en el andén, viendo cómo las chances de protagonismo se alejaban. Pero llegó este momento canalla en el torneo, en el que con dos victorias enderezó el rumbo y nuevamente se metió en la discusión, más por el ingreso en copas internacionales que en la Copa de la Liga. Imposible obviar el detalle de que fueron seis puntos producto de dos jugadas sin demasiado sustento desde lo futbolístico, pero eso también es parte del mundo del fútbol. Ignacio Malcorra primero y Jaminton Campaz después, dos de los grandes responsables del proceso de aceleración.
A la distancia y con dos triunfos de manera consecutiva no está tan presente en el recuerdo, pero hace un par de semanas nada más a Central parecía que se le venia la noche, que los planetas se le habían desalineados y que la turbulencia estaba frente a sus narices. Es que después de aquella derrota como visitante en La Plata (una de tantas en el año) el equipo quedó parado ante la obligación de reivindicarse nada menos que en el clásico, pero ya fuera de la zona de clasificación a copas internacionales.
La mención a este mojón en la vida de Central en el año se recuerda porque fue “el” momento de mayor desconcierto por un recorrido anterior que venía en baja. Y después de verse por primera vez en el año fuera de la zona de copas obligó al canalla a un serio replanteo, al menos en lo que hacía a la cosecha de puntos.
No hubo un cambio sustancial en el juego propiamente dicho, porque al equipo le costó encontrar consistencia, pero aprovechó a la perfección los dos partidos de local que tuvo, en los que los resultados le abrieron un paraguas protector.
No era fácil para Central ir en busca de la recuperación en un partido de tantas emociones y tensiones como el clásico, pero allí comenzó a tejer la red de contención que buscaba. Hubo un equipo al que no le generaron situaciones de gol y que aprovechó al máximo las poquitas que tuvo. En realidad tuvo dos claras: el remate de Lovera en el inicio del complemento y ese tiro libre de Malcorra que le terminó dando el triunfo.
Allí nuevamente volvió a meter los pies en la zona de copas, habiéndose sacado de encima el peso del clásico, con todo lo que ello implica, pero la calma había vuelto a Arroyito, sabiendo que había otro paso que dar.
Ya lo de Huracán fue, por la implicancia directa de los tres puntos, un verdadero paso al frente, con un equipo que logró acercarse a los primeros puestos de la zona A, pero que básicamente sintió la relajación de verse nuevamente cómodamente instalado en los puestos de copas internacionales, incluso bastante más cerca de la Libertadores.
No hay nada que contradiga en estas últimas dos fechas ese proceso de aceleración que metió el equipo de Russo, que era indispensable para torcer la devaluación que habían empezado a sufrir sus ambiciones.
Una vez más, el resultado por encima de todo. Porque futbolísticamente el equipo no logró envalentonarse del todo. Y allí es donde queda en evidencia todo lo mucho que logró con poco fútbol.
“En la nada, todo de Central”, fue el título de Ovación tras el 1-0 en el clásico. “Otra vez poco fue un montón”, el título tras lo ocurrido frente a Huracán. Dos escenarios similares en obras diferentes, pero con finales prácticamente idénticos.
Así, el formidable tiro libre de Malcorra ante Newell’s y la genialidad de Campaz contra Huracán le alcanzaron a este Central meter seis de seis que le aportaron una inmensa bocanada de oxígeno. Y, como siempre, con buenos resultados bajo el brazo, siempre será más sencillo apostar al crecimiento futbolístico.
Central había entrado en una pendiente peligrosa y se debía un cambio de ritmo, algo que logró de manera inmediata. Ciento por ciento oportuna la suba de las revoluciones para volver a acelerar y ganar el terreno perdido.