Miércoles 31 de Julio de 2019
El firme paso de Central por tierras tucumanas dejó varios hilos para resaltar. La seguridad vigente de Jeremías Ledesma y la voz de mando de Matías Caruzzo fueron dos patas esenciales de la mesa triunfal. Pero la laboriosa solidez que mostró Fabián Rinaudo terminó siendo tendencia ante Atlético. Fito se calzó el equipo al hombro y fue el faro que guió al equipo canalla hasta abrochar los tres puntos en la primera presentación de la Superliga.
El conjunto de Arroyito carece de un conductor por naturaleza. Las urgencias de turno y las elecciones en cuanto a incorporaciones se refiere dejaron vacante en este mercado la plaza de enganche, pese a que Diego Cocca se muestre convencido en promocionar a Maximiliano Lovera en ese rol. El formoseño se esfuerza, pero se manca en el intento.
Desde la época dorada que tenía a Giovani Lo Celso entre sus filas que el canalla no cuenta con el típico número 10. Los refuerzos que llegaron en su momento para cubrir la cerebral zona de gestación se fueron perdiendo en el anonimato con el devenir de los partidos.
La nueva versión auriazul se perfila para darles batalla a todos los contrincantes de la Superliga. Al menos así lo demostró anteayer en suelo tucumano contra el Decano. Y lo hizo de la mano de un pensante Fabián Rinaudo. El volante tapón fue de menor a mayor. A medida que pasaban los minutos, se adueñó del mediocampo con pasos firmes, pero sobre productivos.
Fito fue una hoz. Cortó de cuajo cualquier intento de Atlético a la hora de querer coparle la parada al canalla. Corrió sin cesar por todos hacia puntos cardinales con aplomo y precisión de cirujano. Habrá sido una de sus mejores noches luciendo la casaca de Central.
También mostró picardía de potrero cuando improvisó de conductor. Fue el autor intelectual en la acción que derivó en el golazo que clavó el Colo Gil en el segundo tiempo, que decretó el 2 a 1 en el Monumental José Fierro. Ese mismo estadio que tan esquivo venía siendo para la entidad de Arroyito.
Pero la idea de caudillo y de saberse conductor lo demostró también sobre el final, cuando con el equipo en pleno proceso defensivo se desprendió con decisión y fue en busca de algo más. Trepó por el carril derecho, desde donde le puso un centro al pie a Gil, en lo que pudo haber sido la sentencia más temprana del resultado.
Quizá Diego Cocca no tenía en mente que Fito se erigiera en la pieza más destacada de su modelo. Sobre todo porque le asignó un rol netamente defensivo. A tal punto que es el principal arma que tiene el equipo a la hora del retroceso. Su misión es bajar y ensamblarse junto a los zagueros centrales cada vez que el partido lo exige.
No obstante, en Tucumán se plantó con enjundia y movió los hilos a la hora de plegarse a la ofensiva. Sobre todo cuando Ciro Rius o Diego Zabala no podían hacer la diferencia por las bandas. Fito se arremangó y los activó a los dos flamantes refuerzos.
Tuvo una noche brillante desde lo táctico. También desde lo técnico. Demostró que es, cuando puede, mucho más que un aguerrido mediocampista. Y eso que aún le falta un socio como supo tener en su momento. Ya sea Néstor Ortigoza o el juvenil Rodrigo Villagra, con quienes jugaba prácticamente de memoria y abrían el abanico de posibilidades hacia los laterales.
El inicio de temporada marcó que es clave desde lo estructural. En la cabeza de la pirámide de juego. Resta rodearlo un poco más. Sin embargo, demostró tener el ritmo de un tractor una vez más. Sea por despliegue como precisión a la hora de la distribución.
Por el momento dejó la firme sensación de ser el guía canalla ante la falta de un enganche o un real conductor. Resta saber si el sábado lo ratificará ante el también difícil Talleres. Aunque también está claro que cuando se pone el overol lo transpira siempre.
Tres. Técnicos tuvo Rinaudo ya en Central en los 7 meses que lleva en el club. Lo dirigieron Bauza, Ferrari y Cocca.