Ovación

Que no se saque

Sampaoli quiere que Messi juegue sólo lo necesario de aquí al Mundial, pero a él no le gusta salir aunque acepte las decisiones de sus entrenadores

Viernes 02 de Febrero de 2018

"Hablamos con Leo sobre su actualidad y para que no le pase lo que le pasó en el Mundial anterior, que llegó extremadamente extenuado". La frase de Sampaoli apenas aterrizado en Ezeiza es un dejavú: el descanso de Messi antes del Mundial, previo a cada Copa del Mundo.
   Esta vez tiene un agregado nada soslayable, por primera vez el mismo jugador habló del tema abordándolo como algo necesario y no forzado : "Lo vivo con normalidad y tranquilidad. El entrenador decide. Lo hablamos y no tengo ningún problema en rotar, como otros compañeros", aclaró el capitán de la selección el día posterior a la victoria 2 a 0 sobre Espanyol por la Copa del Rey y en referencia puntual a sus compromisos con la camiseta de Barcelona.
   La historia no es nueva, los entrenadores que lo conducen siempre se encuentran con ese obstáculo. La cuestión es hasta cuándo lo decide él y a partir de qué momento debe considerarlo sólo el técnico.
   "Messi nunca quiere salir, pero mi obligación es cuidarlo", tuvo que explicar el Tata Martino tras sacarlo de la cancha en un partido en el que Barcelona se impuso 4 a 1 a Real Sociedad por la Liga, allá por 2013.
   Se armó un escándalo por esa modificación devenida prácticamente en un pecado capital y fue necesario que el propio futbolista se expresara por Facebook muy probablemente a través de su community manager: "En ningún momento hice algún gesto en el cambio que produjo Martino cuando me saca (sic). A nadie le gusta salir, pero debemos aceptar porque es lo mejor para el equipo. Lo que no voy a aceptar es que ciertos medios salgan a decir mentiras sobre cualquier situación que sucede conmigo".
   La frase de Martino es una síntesis de esta cuestión: Messi no quiere salir, pero el que lo decide es el entrenador, que vela por la salud del futbolista en particular y del equipo en general.
   Aunque parezca una frivolidad, mantener a Messi en cancha hasta el pitazo final no fue hasta aquí un tema menor.
   También sucedió durante el Mundial de Brasil. Sabella, con toda lógica, lo sacó en el partido con Nigeria cuando Argentina empezaba a asegurarse el primer puesto. Lo sustituyó Ricky Alvarez apenas pasados los 15 minutos del segundo tiempo.
   "La salida de Messi estaba consensuada", tuvo que aclarar Sabella antes de puntualizar lo obvio: "Teníamos el objetivo de clasificar primeros, fue para preservarlo".
   El cambio fue más importante que la tercera victoria consecutiva de un equipo que llegaba a octavos de final con el ciento por ciento de los puntos cosechados, pero el que había salido era el mejor jugador del mundo.
   Es una cuestión de estado, pero a Messi no le gusta salir, ni siquiera ahora a pesar de la flexibilización que parece haberse autoimpuesto en la previa de su cuarta Copa del Mundo de mayores.
   Antes de Sudáfrica 2010 y Brasil 2014, los dos mundiales a los que llegó como megaestrella, no tuvo la exigencia previa de la Champions porque su equipo perdió en semifinales y en cuartos de final.
   En las ligas de esas temporadas disputó 31 y 35 partidos sobre 38 respectivamente y llegó a una final de Copa del Rey mientras que en la otra Barcelona fue eliminado por Sevilla en octavos de final.
   Con la liga de este año prácticamente definida (supera por 11 puntos al segundo, que ni siquiera es Real Madrid), la Copa del Rey y la Champions son las mayores exigencias que tendrá antes de la Copa del Mundo el capitán de la selección argentina.
   No obstante, el gran esfuerzo es la Liga de Campeones y allí el Barsa tendrá una llave de octavos de final peligrosa frente a Chelsea. El equipo de Valverde es favorito, pero el conjunto londinense tiene con qué dejarlo fuera de carrera.
   Desde la experiencia traumática de Corea-Japón 2002, la previa de los mundiales no es un tiempo cualquiera para las selecciones nacionales.
   Cuenta la leyenda que aquellas estrellas llegaron al Lejano Oriente con un desgaste físico que ameritaba una preparación diferente, más regenerativa, que aquella a la que los futbolistas fueron sometidos.
   Esa misma leyenda narra que el recordado Luis Bonini, el PF, le advirtió a Marcelo Bielsa, el DT, de esa situación, pero que el entrenador no quiso modificar su planificación a riesgo de que los jugadores se lesionaran.
   Está claro que si hubiera entrado una sola de todas las que pasaron cerca frente a Suecia, la cosa hubiera sido distinta. Pero no entró y todas las miserias salieron a la luz, las verdaderas y las inventadas. La verdad la conocen sólo los protagonistas. Y no la cuentan.
   "A él no le gusta salir, quiere estar siempre. Inclusive esa es una de las cosas que lo presiona. Quiere jugar siempre y no quiere descansar nunca. Eso forma parte de su personalidad", definía el Patón Bauza cada vez que lo consultaban sobre el tema y seguramente lo volvería a decir si se lo preguntaran ahora. Y ahí aparece un nuevo asterisco: en su bienestar está su rendimiento y no conviene alterar su status quo. Si Messi no está a gusto, su rendimiento baja notablemente. Y no le gusta salir. Para nada, aunque diga lo contrario.
   "Si Messi está contento, Argentina va a ser favorita en el Mundial", exageró Juan Román Riquelme cuando fue consultado sobre la suerte de Argentina en Rusia 2018. Si los presagios de Román son la mitad de certeros de lo que eran sus asistencias, habrá que contener al as de espadas para que nadie le altere el orden que él preestablece.

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