¿Qué es el ACV y qué riesgos conlleva?
Un accidente cerebrovascular ocurre cuando el suministro de sangre a una parte del cerebro se interrumpe repentinamente.

Viernes 18 de Mayo de 2012

Cuando una persona sufre una pérdida de flujo sanguíneo al corazón se dice que tuvo un ataque cardíaco, y cuando sufre una pérdida de flujo sanguíneo al cerebro se dice que tuvo un “ataque cerebral” o que sufrió un accidente cerebrovascular.

La presión alta es la causa principal.. Entre los factores de riesgo se anotan el colesterol elevado, la obesidad, el sedentarismo, la diabetes y el hábito de fumar. El consumo elevado de bebidas alcohólicas y drogas también puede influir, y es algo que se ve últimamente en personas jóvenes.

Pero lo que sin dudas cambió el panorama en esta enfermedad es el estrés: “El estilo de vida es determinante para el ACV. Al estrés lo sufren personas de todos los sectores socioeconómicos; los más pobres porque no tienen para comer, por todas sus carencias materiales y por la marginación, y los que tienen más dinero lo padecen por las presiones laborales y las exigencias de la vida moderna a las que nadie escapa”.

Los síntomas del accidente cerebrovascular dependen de qué parte del cerebro esté dañada. En algunos casos, es posible que una persona ni siquiera se dé cuenta de que ha tenido un accidente cerebrovascular.

Los síntomas generalmente se presentan de manera súbita y sin aviso o pueden ocurrir a intervalos durante el primero o segundo día. Los síntomas por lo general son más graves apenas sucede el accidente cerebrovascular, pero pueden empeorar lentamente.

Se puede presentar un dolor de cabeza, especialmente si el accidente cerebrovascular es causado por sangrado en el cerebro. El dolor de cabeza:

• Comienza repentinamente y puede ser intenso.
• Ocurre al estar acostado.
• Lo despierta.
• Empeora cuando se cambia de posición o cuando se agacha, hace esfuerzo o tose.

Otros síntomas dependen de la gravedad del accidente cerebrovascular y de la parte del cerebro afectada. Los síntomas pueden abarcar:

• Cambio en la lucidez mental (incluyendo coma, somnolencia y pérdida del conocimiento).
• Cambios en la audición.
• Cambios en el sentido del gusto.
• Cambios en la sensibilidad que afectan el tacto y la capacidad para sentir el dolor, la presión o temperaturas diferentes.
• Torpeza.
• Confusión o pérdida de memoria.
• Dificultad para deglutir.
• Dificultad para leer o escribir.
• Mareos o sensación anormal de movimiento (vértigo).
• Falta de control de esfínteres.
• Pérdida del equilibrio.
• Pérdida de la coordinación.
• Debilidad muscular en la cara, el brazo o la pierna (por lo regular sólo en un lado).
• Entumecimiento u hormigueo en un lado del cuerpo.
• Cambios emocionales, de personalidad y estado de ánimo.
• Problemas con la vista, incluyendo disminución de la visión, visión doble o ceguera total.
• Problemas para hablar o entender a otros que estén hablando.
• Problemas para caminar.

El ACV puede dejar diversas secuelas. Una de las más graves es la parálisis total de brazo y pierna sumada a dificultades en el habla y en lo cognitivo lo que implica que la persona no camina, ni se expresa ni comprende lo que se le dice. Hay casos más leves en los que el afectado por un ACV queda con una parálisis menor sin pérdida del habla ni afectación en lo cognitivo. “A mayor gravedad de la lesión cerebral, menor es la posibilidad de recuperación”.

El proceso de rehabilitación suele ser largo y complejo. Las mejoras que se pueden lograr son progresivas y dependerán del grado de lesión.  Los primeros tres meses son los más productivos en cuanto a lo que se puede lograr en el paciente.