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¿Por qué Rosario Central llegó a este momento crítico?

El equipo de Paolo Montero está rindiendo muy por debajo de lo esperado y sólo la Copa Argentina lo mantiene con ciertas expectativas. En la Superliga aún no ganó. Al bajo nivel individual y colectivo se le suma el poco aporte de los refuerzos y la incapacidad para asumir el protagonismo le impide lograr la regularidad deseada

Miércoles 18 de Octubre de 2017

1-Bajo nivel futbolístico

Sentado en una platea, parado en la popular o cómodamente instalado en un sillón, siguiendo los partidos por televisión, es claramente visible lo poco que ofrece Central como equipo. Esa consolidación que se pensó en el inicio del semestre jamás llegó. Pero no sólo eso, sino que con el correr de los partidos la imagen se fue desdibujando cada vez más. En el medio está el oasis de los que fue el choque contra Boca por Copa Argentina, pero esa historia fue especial. La postura futbolística hoy del equipo de Paolo Montero está lejísimo del ideal. A lo largo del semestre pasado se vio algo que por estos días no existe. Hoy es la idea de juego la que se pega los grandes faltazos cuando la pelota rueda. Nadie objeta las ideas del entrenador, que desde lo discursivo son más que claras, pero el tema pasa por que en cancha no hay una correcta y debida interpretación por parte de los futbolistas. Y son justamente los jugadores los que más hablan de que son ellos los que están en falta por la incapacidad de cumplir con las directivas de un técnico que, cada vez más, hace hincapié en que todo es responsabilidad suya. Tres puntos sobre 18 posibles es la más cruda realidad. Y a eso se llega como una lógica consecuencia de un rendimiento que transita demasiados escalones por debajo de las expectativas. Central no gana porque juega mal.

2-Montero no le halla la vuelta

Todo lo que se pueda escribir de Central por estos días puede sonar a obviedad. Que Montero todavía no le pudo encontrar la vuelta al equipo es una de ellas. Con los resultados como guillotina, los intentos por parte del entrenador quedan reducidos a su mínima expresión. El repertorio en el fútbol difícilmente se agote, por lo que el DT todavía puede tener varias piolas de las cuales tirar, pero hasta aquí ya intentó con cambio de nombres (no muchos) e incluso de sistemas de juego, lo que habla a las claras de esa imposibilidad de consolidar un estilo. El uruguayo arrancó con un 4-4-2 clásico, ese que él mismo siente como el esquema que "sintetiza el espíritu rioplatense", pero en un determinado momento sintió que debía cambiar porque el equipo no funcionaba. Fue cuando en al previa de Temperley sacó a relucir el "rombo", que no es ni más ni menos que la apuesta por el tradicional esquema con enganche. Un par de partidos y otra vez el cambio. Si alguien (incluso Montero) pensó que era sólo cuestión de números y de disposición táctica erró el diagnóstico. Los problemas de Central son más de base y en ese embrollo de malas puestas en escena y flacos resultados la mano de Paolo es la que está quedando en evidencia. Cuando llegó le fue mucho más sencillo acomodar las piezas que heredó que ahora que fue él mismo quien armó el nuevo prototipo canalla.

3-Individualidades en bajo nivel

Sin un anclaje colectivo es muy poco probable que las individualidades puedan lucirse, pero Central ni en eso puede sacar una luz de ventaja u obtener algún rédito, por mínimo que sea. Está claro que ya no hay nombres rutilantes como hasta hace muy poco tiempo, pero los quedaron patinan en el lodo al igual que el resto. El caso más emblemático posiblemente sea el de Marco Ruben. El capitán y goleador está atravesando por un momento muy bajo desde lo futbolístico y su enemistad con el gol (acumula 802 minutos sin convertir) ya preocupa en Arroyito. Sin un equipo que le apoye desde atrás y que le genere situaciones más propicias en cantidad y calidad, tampoco hay un rendimiento individual que colabore. Después, no hay muchos otros jugadores de los cuales pueda esperarse que impongan su figura por encima del funcionamiento colectivo. No obstante, hay nombres que también atraviesan un bajón pronunciado. Federico Carrizo el semestre pasado fue una las principales armas en ofensiva, no sólo en el desequilibrio y las asistencias, sino en lo que tiene que ver con el gol (anotó cuatro veces). Hoy su baja performance hizo que Montero le quitara la titularidad. Incluso las veces que le tocó ingresar aportó poco. Algo similar sucede con Colman, quien nunca fue (incluso en la época de Coudet) la manija del equipo, pero que ahora está más en deuda que nunca. Diego Rodríguez sufre demasiados mano a mano, pero le cuesta imponer presencia y a partir de su rendimiento hacer que al equipo se le haga más fácil sumar.

4-El escaso aporte de los refuerzos

Está la posibilidad de que a partir del próximo lunes la cosa cambie, pero la política de refuerzos en este último mercado de pases tiene ribetes de escasez. Ya rozando con el fracaso. Ninguno de los jugadores que llegaron lograron marcar la diferencia. En un contexto normal, con los refuerzos lo que se busca es justamente un salto de calidad, algo que hasta aquí no sucedió ni por asomo. La excepción podría ser Zampedri. Sin descollar, el delantero al menos está cumpliendo desde los goles (lleva cuatro, tres por la Superliga y uno por Copa Argentina). En el resto, entre las expectativas y la realidad hay una distancia abismal. El caso testigo es el de Leonardo Gil, por quien Central invirtió casi 1,8 millón de dólares. Fue bueno el aporte del Colorado en algunos casos puntuales de pelota parada, pero en lo que hace a juego el déficit es enorme. De hecho fue uno de los futbolistas en quien los hinchas descargaron su bronca en la derrota contra Argentinos Juniors. Tobio tuvo poco tiempo para mostrarse porque cuando llegó no estaba en su mejor forma física y, si bien se espera que demuestre sus condiciones, en los partidos en los que le tocó actual (exceptuando el de Boca), el equipo recibió muchos goles. Y ni el Colo Romero ni el chileno Parot rompen el molde. De ellos también hubo un aporte apenas discreto. Ni hablar de Marcelo Ortiz (su incorporación fue tildada como "apuesta", pero igual es uno de los que llegó), quien tuvo apenas un puñado de minutos. La insistencia del técnico, la labor del director deportivo y la anuencia de los dirigentes forman parte de lo que hasta aquí es un libro de pases con más cruces rojas que tildes verdes.

5-Incapacidad para asumir protagonismo

En contadas ocasiones este Central tuvo la lucidez y la claridad futbolísticas para sentirse y mostrarse superior al rival. El partido en el que pudo dejarlo bien en claro fue contra Deportivo Riestra, por Copa Argentina, cuando las obligaciones estaban determinadas de antemano. Después, penduló entre momentos futbolísticos apenas discretos y resignación absoluta. Se habló mucho de lo que fue la actuación en el choque frente a Boca, en lo que fue el gran batacazo del semestre por parte del equipo, pero se trató de un duelo especial, en el que lejos de intentar asumir el protagonismo lo que hizo el canalla fue enredarle el trámite al xeneize y a partir de ahí intentar sacar alguna ventaja, que fue lo que sucedió. El propio Ruben fue claro hace unos pocos días: "Si somos sinceros, lo de Boca fue mucha actitud y compromiso por lo que significaba el partido, pero futbolísticamente nunca encontramos lo que nosotros queríamos". Antes de eso, pero especialmente después, por el envión anímico obtenido, al equipo le costó horrores lograr que su idea futbolística se traduzca en protagonismo y la mayoría de las veces ante rivales de no tanto relieve. Y algo más, en medio de esas dificultades para marcar presencia dejó en claro que hoy es un equipo de mentón frágil, incapaz de sobreponerse a la adversidad. La única vez que pudo anotar cuando ya estaba en desventaja fue el pasado sábado contra Argentinos. Y las veces que convirtió primero nunca pudo sumar de a tres (sí lo logró por Copa Argentina). Con ese comportamiento, el protagonismo siempre le resultará una pendiente con demasiada inclinación.

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