Por la ausencia de líderes, Newell's necesita rebelarse
El pasaje a cuartos de final de la Copa Argentina puede ser el punto de partida para recuperar la confianza.

Cuando se produce una crisis de gobierno es habitual que los especialistas políticos y económicos fundamenten sus análisis desde los errores cometidos, ya sea por exceso o defecto, y por la consecuente pérdida de la confianza en la gestión que esos yerros producen. En el fútbol ocurre algo similar. Aunque en este caso el orden de los factores no altera el producto. Ya que la falta de confianza puede inducir el error o viceversa. Y como de pasión se trata, el consciente colectivo se aferra a cualquier señal, porque por más ínfima que sea actúa como un síntoma de bienestar o de alivio que puede ayudar a descubrir una salida de los tiempos de cólera.

Esto es lo que le ocurre a Newell's con la clasificación a cuartos de final de la Copa Argentina. El quinto penal ejecutado por el joven Stéfano Callegari encendió la luz en el final del túnel. Más por su incidencia anímica. Porque desde lo futbolístico el rendimiento colectivo anduvo por los mismos carriles de la incertidumbre.

No es ninguna novedad que Newell's transita un contexto complicado. Necesita imperiosamente volver a creer para emerger de esta situación que se proyecta incierta en la Superliga. Que no desespera. Pero sí preocupa.

Es que en términos generales hay un sentimiento de orfandad con esta realidad teñida de dudas. El vacío que produce la ausencia de referentes se trasluce en el escepticismo manifiesto en los diferentes ámbitos, donde la sensación de desprotección no tiene antídotos. Más aún cuando la sucesión de hechos violentos acentúan la fragilidad.

Newell's hoy no tiene líderes. Ni políticos ni deportivos. Ni individuales ni grupales. No hay una figura ni movimiento que aglutine y ofrezca algún atisbo de seguridad.

El esmerilado oficialismo ya demostró ser el arquitecto de la desesperanza. En paralelo la oposición tampoco exhibe figuras emergentes que proyecten credibilidad para augurar una transformación. Ni siquiera asoma la edificación de una corriente de pensamiento homogéneo que proponga a futuro una salida de este letargo. Estancamiento institucional que ya lleva algunos años.

Sin liderazgos

En materia futbolística el plantel profesional también carece de ese jugador de jerarquía con temple y carácter capaz de conducir al conjunto hacia la tranquilidad. Y esto no va en detrimento de aquellos que hoy tratan de suplir esa carencia. Pero hay condiciones actitudinales que trascienden el juego.

Tampoco el entrenador logra ser ese punto de referencia indispensable, porque más allá de su autoridad como conductor táctico, no logra erigirse todavía en ese piloto de tormentas que esta realidad requiere.

Es verdad que muchos de los líderes rojinegros están en el exilio. Por diferentes motivos. Algunos supieron retornar en momentos complicados para darle salud deportiva y calma institucional a Newell's. Y cumplieron con creces. Pero mientras tanto otros aún no decidieron volver. Una determinación no reprochable. Salvo que se haga una proclama de pertenencia en tiempos de bonanza que bien puede emparentarse con lo demagógico.

Sin tiempo de espera

Pero en el club del Parque no hay tiempo para regresos pendientes ni sueños postergados. Hay una realidad que debe ser transformada. Para lo cual se necesita rebeldía. Ese combustible que potencia la convicción de que otro destino es posible. En el que no hay espacio para la resignación.

Por supuesto que este triunfo por Copa Argentina puede devolver lo necesario para emprender el viaje de la recuperación. Pero Newell's, en su conjunto, tendrá la obligación de reducir los errores no forzados para así reconstruir la confianza en sí mismo. Indispensable para corregir. Y el sábado en Córdoba tendrá la primera oportunidad para hacerlo.