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Por algo le dicen el Matador

Sainz, con 55 años, volvió a ganar un Dakar en el adiós de Peugeot. Benavides, brillante

Domingo 21 de Enero de 2018

La 40ª edición del Dakar, la 10ª en Sudamérica y en Argentina, llegó a su fin ayer en La Cumbre y luego, entre bombos y platillos, por el centro de Córdoba, capital fierrera del rally si las hay. Los locales no pudieron disfrutar de lo que iba a ser una hazaña del piloto local, Federico Villagra, que abandonó el viernes cuando peleaba la punta en camiones. Pero sí en cambio aplaudieron a los argentinos que tan bien los representaron en la carrera más dura que haya tenido lugar en estos pagos: los escoltas Kevin Benavides en motos, en una posición histórica en esa categoría, y el debutante Nicolás Cavigliasso en cuatriciclos. En esa especialidad, sí fue recibido con todos los honores el representante de General Cabrera y de la propia capital mediterránea Jeremías González Ferioli, que completó el podio. Y también hubo aplausos al por mayor para un hombre poco simpático, pero tremendamente figura de esta competencia: Carlos Sainz, que con 55 años volvió a ganar la más extrema de todas, como en 2010. Aquella vez con una VW Touareg, ahora con Peugeot. En ambos casos, fueron las últimas victorias con presencia oficial de la marca, ya que el León no correrá en 2019.

La última etapa de apenas 120 kilómetros no modificó nada. Caída la chance de Villagra porque el Iveco no quiso más el viernes, la expectativa mayor estaba en el salteño Benavides, que en su segundo Dakar podía hacer historia dándole a Argentina el primer triunfo en motos y a Honda el primero después de más de una década y media de hegemonía de KTM. No pudo ser. Pese a que ganó el especial, el austríaco Matthias Walker venció con la marca también austríaca, que sumó así 17 lauros consecutivos. Quedará para la suspicacia el extravío de rumbo del miércoles de Kevin y la protesta desestimada por el director deportivo Marc Coma, el gran campeón con la marca de las tres letras.

Tampoco hubo cambios en autos. Sainz llegó regulando y se emocionó hasta las lágrimas, mostrando una humanidad que pocas veces expresa. Huraño, evasivo, el español campeón de rally mundial (papá de Carlos Sainz Junior, piloto de F-1), se dio el gusto de repetir como en 2010. Aquella vez lo escoltó el que era su compañero, Nasser Al-Attiyah, y fue 4º Stephane Peterhansel, con BMW. Curiosamente, se repitieron las posiciones, con el sudafricano De Villiers 3º. Y fueron top ten los mendocinos Sebastián Halpern y Lucio Alvarez.

Aquel 2010 consagró por primera vez a un argentino en el Dakar, con el triunfo de Marcos Patronelli en quads. En esta edición tuvo dos grandes sucesores. Es que Cavigliasso debutaba y llegó 2º ganando etapas. Por eso su emoción fue enorme al llegar a su tierra, lo mismo que González Ferioli, el pibe que se ausentó en el 2017 por un accidente y volvió para hacer podio. La victoria se la llevó el más experimentado, Ignacio Casale.

Y en camiones, después de la gran ilusión que sembró Villagra, arrancando la penúltima etapa a sólo 1 segundo de Eduard Nikolaev y todo el poderío de Kamaz, el ruso repitió el triunfo luego del abandono del Coyote y un sinnúmero de polémicas que seguirán sembrando dudas este abandono cuando la meta estaba ahí nomás.

En la más novel de las categorías, UTV, lo de Leonel Larrauri fue extraordinario (ver página 10)y la única victoria sudamericana fue del brasileño Reinaldo Varela.

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