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Podoroska cumple años: de la campera de Venus Williams a los festejos en Australia

Nadia, la mejor jugadora argentina del momento, celebra sus 24 en Melbourne Park. Algunos recuerdos de los febreros que, en general, la encontraron lejos de casa y ligada al tenis

Miércoles 10 de Febrero de 2021

En la casa de Rosario, en el placard de Nadia Podoroska (45ta del mundo), hay un regalo especial: una campera de Venus Williams. Simbolismo si es que vale a la hora de hablar de Nadia y de tenis, de la historia misma del tenis, porque eso es lo que son en buena parte Venus y su hermana menor Serena, leyendas vivientes en lo suyo y que ya lo eran cuando Nadia era muy chiquita. Por eso, el mejor regalo de cumpleaños en 2015 fue la campera de Venus. Hoy, en Australia, la rosarina cumple 24. Y las redes están inundadas de saludos para quien es la mejor raqueta argentina del momento, la jugadora que deslumbra tras su irrupción en la élite mundial y la responsable de que actualmente el deporte femenino vuelva a ser visto con atención en el país. En Melbourne este 10 de febrero (que llegó antes que en Argentina) hubo porciones de pizza excepcionales y no mucho más, amén de un teléfono explotado de mensajitos. Pero así, breve, necesario y tan simbólico como esa campera, debía ser este cumpleaños. El foco está en otro lado, aunque es imposible negar la alegría del marco en el que llegaron los 24 de la rosarina.

Alguna vez se contó por ahí que a punto de cumplir los 15, Nadia Podoroska dejó helado a su papá Marcelo. No, no quería una fiesta de cumpleaños como cualquier chica, quería un pasaje a Europa para poder competir, para abrirse al mundo con el tenis. Aunque no fue tan así. En verdad, ese pedido lo hacía desde mucho antes, porque aún pequeña era soñadora, tenía determinación y era consciente de lo que quería ser y hacer. Y como el tenis fue lo que casi desde siempre atravesó sus febreros, cuando le tocó la edad para desear una gran celebración envuelta en vestido de princesa decidió lo contrario. Lo que está fuera de los parámetros habituales a esa edad.

Cuando cumplió 15, a diferencia de muchas, Nadia festejó su cumpleaños con un viaje al Parque de la Costa en el Tigre de Buenos Aires. Sus papás alquilaron una combi, ella eligió a un grupo selecto de amigas y así pasaron todas un sábado intenso que arrancó muy temprano y terminó a la medianoche, exhaustas de tanta montaña rusa y juegos. Fue particular, sí. Primero porque Nadia no concibe ni esas fiestas ni esos ideales de vestidos y segundo y más especialmente porque ya estaba instalada en el ránking de tenistas profesionales, desde los 14, y no había chances de que pudiera disponer de más de un fin de semana para festejar. De hecho, su hermana Priscila, mayor, recibió años antes un viaje de regalo, pero eso, en el contexto de Nadia, aspirante a hacer cosas grandes en el tenis, era imposible.

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Al poco tiempo, las mejores cosas que empezaron a pasarle en sus cumpleaños estuvieron ligadas aún más al tenis, aunque lejos de casa. Los Podoroska, mamá Irene y papá Marcelo y los hermanos Iván y Priscila, se acostumbraron a que después de los 14 la menor de la familia ya no estuviera en casa. Lo aceptaron con la naturalidad con la que Nadia un día les dijo que quería dejar la escuela presencial porque no le alcanzaba el tiempo que necesitaba para entrenar.

Así, los cumpleaños de Nadia se tornaron especiales. A un año del ingreso al ránking de la WTA, en febrero de 2013, con sólo 16 años fue sparring del equipo argentino de Fed Cup (hoy rebautizada Billie Jean King Cup), capitaneado por Bettina Fulco, que cayó ajustadamente en Buenos Aires ante Suecia por 3 a 2 y el público del estadio le rindió un afectuoso saludo, con canto de "feliz cumple" incluido para quien entonces era la gran promesa del tenis argentino. Tímida, sonrisa con ortodoncia, vinchita fina como era su sello, Nadia vestida con la camiseta albiceleste se paró de su silla y saludó con las manos. Definió esa semana como "increíble", la semana en la que aprendió lo que significaba "representar al país".

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Dos años después volvió a celebrar en la Fed Cup, aunque allí ya siendo parte del equipo en una serie histórica, la de febrero de 2015, en la que llegaron hasta Pilar, Buenos Aires, las hermanas Williams. Venus y Serena, entonces N°1 del mundo y flamante campeona de Australia, en lo que era su 17° título de Grand Slam. "La eliminatoria no está perdida, siempre hay chance de ganar (...) Me animo con Serena", le decía Nadia a La Capital en la previa, entre risas y tapándose la cara ante la incredulidad de saber que iba a estar cara a cara con dos leyendas, esas dos tremendas mujeres que tanto la inspiraron. Hasta hoy, cuando se le pregunta por las referencias, Nadia nombra a tenistas contemporáneas, por gusto y estilo. Pero siempre, siempre también, pone a las Williams en lo alto.

Sabida esta admiración es que llegó la campera de Venus. Cuando terminó aquella serie con EEUU, la mayor de las hermanas Williams dejó colgada su ropa en el vestuario visitante. O no tenía más lugar en la valija o no le interesó llevársela. Quizás simplemente la olvidó. Pero como Nadia, la mimada del equipo cumplió años durante la serie, mereció la campera como regalo. Silvana Palasciano, ayudante del equipo en ese entonces, la sacó del perchero y se la legó a la Rusita del equipo.

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En el día de sus cumpleaños, a las grandes estrellas del tenis se las suele agasajar en plena cancha. Rafael Nadal, de hecho, cumple durante cada Roland Garros (a excepción de 2020, que se disputó en septiembre por la pandemia) y más de una vez ha mordido torta en cancha. Roger Federer sopló las velitas otras tantas. Y así. No se sabe si Nadia tendrá su saludo en el court cuando se presente a jugar por la segunda ronda este miércoles de Argentina ante la croata Donna Vekic, aunque su feliz cumpleaños ya es un hecho. Está en Melbourne, en ese sitial al que apuntaba sus deseos más profundos, jugando el primer cuadro principal allí y con ingreso directo. Por eso, no hubo festejos rimbombantes, sólo unas pizzas permitidas por su entrenador Juan Pablo Guzmán y el PF Matías Barreira, ya en las primeras horas del 10 de febrero en Australia y una torta un rato después.

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Quizás en 10 años Nadia Podoroska también deje una campera colgada en un vestuario y otra nena la tome para atesorarla. Tal vez la ponga en el placard como símbolo absoluto y comprenda que el camino es largo, aunque no imposible. Que un día se puede llegar a la élite, jugar con las mejores y abrir puertas. Que no es inmediato. Pero que llega, aunque para eso a veces también sea necesario estar lejos de casa cada febrero.

Mientras los sueños sean más grandes.

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