Ovación

Plata quemada

Hay una mala gestión futbolística cuando los clubes contratan jugadores que al poco tiempo son transferidos por importes considerablemente inferiores a los invertidos en su contratación.

Miércoles 10 de Enero de 2018

"Rápidamente comprendí que las transferencias de los jugadores son como la obra pública, se hacen para justificar grandes movimientos de dinero, de donde surgen las coimas, muchas veces mal llamadas comisiones", dispara un hombre de la Justicia que investigaba una causa vinculada a la corrupción en un determinado club, quien rápidamente intenta amortiguar el impacto de su opinión agregando un lapidario "por supuesto que no es lo habitual".
Es claro que determinadas gestiones pueden ser punibles por los delitos descriptos, pero en materia futbolística existe otro problema que tal vez no implique dolo, pero sin dudas sí mala praxis.
El problema es la volatilidad del dinero invertido en materia de incorporaciones, ya que los clubes gastan considerables cifras para contratar a determinado futbolista, pero quien al poco tiempo es malvendido o cedido a préstamo por montos incompatibles al erogado, generando de esta forma una ecuación que concluye indefectiblemente con un enorme déficit.
Esta saga de operaciones improductivas en pesos y deportivamente no es patrimonio de un club o gestión, sino que es transversal en el fútbol argentino, por supuesto con algunas excepciones.
Boca Juniors tiene numerosos ejemplos de lucro cesante y dinero malgastado en incorporaciones estériles, tal vez Junior Benítez y Walter Bou asomen en la actualidad como ejemplo de ello, entre otros tantos.
River Plate no escapa a esta problemática, ya que Arturo Mina y Marcelo Larrondo, también entre varios, aparecen en la columna que cuantifica el error descripto.
Seguramente esa pérdida en el movimiento de compra y venta o préstamo no gravita en forma determinante en las abundantes arcas de Boca y River, pero sin dudas que en otras entidades puede llegar a ser decisiva. Al punto no sólo de condicionar el funcionamiento financiero sino también de colapsarlo.
Con el sólo ejercicio de transitar por la historia reciente de cada mercado de pases se comprobarán los desbarajustes.
En Central hubo ciertas contrataciones con saldo en rojo, entre ellos varios zagueros. Algunos caros económica y deportivamente: Torsiglieri. También algún delantero: Bordagaray. Y el club perdió con sus llegadas y salidas. Como puede ocurrir ahora con el arquero Diego Rodríguez.
En Newell's el caso más emblemático es el de Joel Amoroso, por quien abonaron más de un millón de dólares para luego prestarlo. Pero su ejemplo está acompañado por varios casos similares.
El argumento de manual para explicar estos movimientos de dinero y futbolistas gira alrededor del cambio de entrenador y cuando los clubes esgrimen esa explicación destruyen los tan mentados "proyectos" vendidos por las dirigencias, como así la función del mánager, rol que en la Argentina goza de pésima salud.
Toda pesada herencia que deja un DT en jugadores improductivos es responsabilidad de los directivos, porque fueron ellos los que malgastaron el dinero en las controvertidas contrataciones. Y si bien no ameritan sanción legal, sí una legítima observación. Porque fueron quienes rodaron esta película que bien puede ser una remake de "Plata quemada".

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