Miércoles 10 de Octubre de 2018

Los primeros responsables de este cambalache de fechas para programar el clásico rosarino por los cuartos de final son los cráneos de Copa Argentina. Porque como empresa organizadora del torneo debió fijar con antelación fecha, sede, horario y hasta árbitro del partido entre Central y Newell's y a otra cosa. Y aquel que no le guste o esté disconforme con la determinación, que vaya a llorar a la iglesia. Acá la que decide es Copa Argentina y listo. Si las cosas se hubieran hecho así y con la seriedad del caso, los dirigentes de ambos clubes no hubieran tenido voz ni voto en nada. Desde qué lugar ahora se regodean cuando declaran y se creen los dueños de ponerle el día en que debe disputarse el partido. Pero en el fútbol argentino todo está patas para arriba. Los patos les tiran a los cazadores, como se dice habitualmente. La verdad, aunque duela escribirlo con esta rotundidad, las dirigencias de Newell's y Central (el orden nunca alterará el producto) no merecen jugar el clásico y menos con público. Ya lo perdieron antes de jugarlo. La estrechez de las argumentaciones de uno y otro lado es propia de una ciudad atravesada por la mezquindad futbolera. Ahora se entiende por qué hace años que no hay clásicos en los torneos de verano. También se comprende por qué las dirigencias de ambos clubes, cuando algún trasnochado anda con ganas de planificar un clásico afuera del fixture, lo suspenden de acuerdo a las conveniencias. Con estas miserias, sumadas a la desorganización de Copa Argentina, es imposible que alguno salga ganando más allá de que uno de los dos quedará eliminado.

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