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Patón, rey de copa

Edgardo Bauza está en la cima. Ganó la Libertadores con la Liga de Quito y se coronó como un auténtico rey de copa. Lideró la cruzada que revolucionó Ecuador y sorprendió a America con un Maracanazco histórico y conmovedor. El Patón no tuvo mucho tiempo para festejar porque el torneo local está finalizando y ayer sus dirigidos vencieron a Emelec 2 a 0.

Lunes 07 de Julio de 2008

Edgardo Bauza está en la cima. Ganó la Libertadores con la Liga de Quito y se coronó como un auténtico rey de copa. Lideró la cruzada que revolucionó Ecuador y sorprendió a America con un Maracanazco histórico y conmovedor. El Patón no tuvo mucho tiempo para festejar porque el torneo local está finalizando y ayer sus dirigidos vencieron a Emelec 2 a 0. Con la Sudamericana en el camino y el Mundial de Clubes como nuevo objeto del deseo, el ex técnico canalla compartió con Ovación su felicidad y el secreto de su éxito. Para darle la correcta dimensión a su logro continental aseguró que "van a pasar 50 años para que otro equipo de Ecuador gane la Libertadores".

  "Lo que estoy viviendo es algo inolvidable. En los festejos estaban todos, mis hijos y mi ahijado con la camiseta de Central. Todo fue muy lindo, se te cruzan un montón de cosas. Desde el gol que se erró Urrutia sobre el final y hubiera significado el título más temprano, cuando quedamos afuera de la Copa con Central en 2001 y la imagen de mi vieja (falleció hace un año) que me dijo en 2001 que iba a salir campeón de América y yo le decía que no tenía idea de lo que hablaba. Pasan por tu mente momentos muy fuertes y especiales", contó Bauza.

  —¿Asimilaste lo conseguido?

  —Es difícil procesarlo. Te llaman de todos lados, incluso de la presidencia de Ecuador porque Correa quiere almorzar conmigo y parte del plantel. También me contactaron de la televisión de Japón porque quieren hacerme una nota. Y el jueves había 100 mil personas esperándonos en las calles de Quito. Todo es una locura.

  —¿Cómo está Ecuador?

  —Esto me hace acordar a 1966, cuando Racing le ganó al Celtic en Montevideo, y en Granadero Baigorria salimos todos a festejar. Y claro, era el primer logro internacional que alcanzaba un equipo de Argentina. Para este país, que en lo futbolístico es joven, es la primera vez que a nivel del clubes se gana algo importante.

  —¿Qué fue lo más loco que viste por las calles de Quito?

  —Hacía mucho tiempo que no veía llorar por el fútbol. La gente me agradecía arrodillada, como a Dios, por la alegría que uno les hizo vivir. Son cosas muy fuertes. Con el Camello (José Di Leo, su ayudante) nos decíamos: "Mirá lo que generamos".

  —Ahora no te van a dejar ir.

  —No, eso lo tengo muy claro. Más allá de que el presidente de la Liga quiere que me quede de por vida, yo me quedo hasta el Mundial de Clubes. Es muy fuerte todo lo que viví en el Maracaná. Me acordé de que cuando yo empecé en esto lo vi a Bianchi levantar la Copa y dije: "Puta, qué lindo debe ser levantar esa Copa". Y después de 10 años lo logré. Y nada menos que en el Maracaná. Y con la Liga, esto no se logró con San Pablo. Para mí van a pasar 50 años para que otro equipo ecuatoriano vuelva a salir campeón de América.

  —¿Por qué fuiste al baño antes de la serie de los penales?

  —Me estaba meando (risas). Yo tomo mucho líquido y ya me hacía encima en el alargue. Cuando teminó el partido dije: "No llego", y por suerte el utilero estaba cerca y me pudo abrir el vestuario. No daba más.

  —¿Pensaste en algún momento que se escapaba la final?

  —Cuando nos hicieron el tercer gol. Faltaba mucho tiempo y no lo veía bien al equipo para aguantar. Fueron sólo 15 minutos, al final del encuentro me di cuenta de que no nos podían ganar. Es más, cuando terminó el partido le dije a los jugadores que estábamos mejor que ellos.

  —¿Cómo viviste los penales?

  —Con mucha angustia. Para mí hay que buscar una manera más rápida de definición. Hay que hacer cara o cruz y a la c..... de su madre. Te morís. Te ponés a pensar en que te rompés el alma para que un penal te deje afuera. Después si perdiste por un penal, a todos le importa un carajo. Por suerte ganamos y la alegría fue increíble.

  —¿Diste la vuelta con tu hijo?

  —Sí, le dije que esa vuelta me hizo acordar a la que viví con Ruggeri en el Mundial 90, en Torino, viéndole la cara a todos los brasileños llorando. Es como la propaganda de Mastercard, no tiene precio. Y para mí, mucho más porque fue la revancha con muchas cosas. Tengo algo especial con el fútbol brasileño. l

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