Ovación

Paraná despejó la desazón del Gálvez

El Club de Volantes Entrerrianos lució a pleno, mostrando una vez más que en el interior del país el Turismo Carretera es mucho más bienvenido que en Capital Federal.

Lunes 10 de Septiembre de 2018

La ACTC volvió a respirar en Paraná. Después del tremendo esfuerzo de organización para llevar adelante los 1.000 Kilómetros de Buenos Aires y de la desazón de ver las tribunas despobladas, el autódromo ubicado a la vera de la ruta 12 le devolvió el optimismo a la octogenaria categoría. El Club de Volantes Entrerrianos lució a pleno, mostrando una vez más que en el interior del país el Turismo Carretera es mucho más bienvenido que en Capital Federal.

En 2017 los 1.000 Kilómetros fueron la gran novedad para festejar los 80 años del TC, la categoría automovilística más antigua del mundo. Se regalaron muchas entradas además a través de las empresas patrocinantes y el Gálvez estaba como cuando corría Reutemann en la Fórmula 1. Pero en esta edición no se repitió el marco y eso preocupó a la ACTC.

Es cierto que se cometió el error de coincidir la carrera con el Día del Niño. Mucho más cierto es que la crisis económica que desató el gobierno nacional afectó los bolsillos más que nunca, pero en Paraná al menos la pasión se abrió paso de nuevo y el autódromo alojó una multitud.

Los vendedores no hicieron negocio igual porque, como se dijo, todo el mundo pareció cuidar el mango y vino con lo puesto. Y trajeron sus propios comestibles, para armar unos buenos sándwiches o alumbrar asados de falda con parrillas enterradas en huecos paleados en la tierra. La otra opción era pagar 230 pesos un buen sándwich de vacío o chori, con gaseosa de 500 cc. O un conito de papas fritas a 100.

Los pilotos de la región tuvieron su propia hinchada, como el rafaelino Nicolás González, con una bandera enfrente justo de su box, con la caricatura del ratón Speedy González que lo identifica. También Marcos Muchiut trajo sus seguidores, que se unieron a los del reconquistense Ricardo Degoumois. Mientras que la Peña de Rosario al TC se hizo notar al costado del comienzo de la recta, con un viejo colectivo Mercedes blanco acondicionado para el traslado de los muchachos.

En la semana previa justo Matías Rossi, siempre polémico y al hueso, había alertado que el automovilismo se debía un replanteo por la cantidad de categorías y por disputas inconducentes que, a su criterio, bajaron el target del deporte a nivel nacional. Se basó, por supuesto, en las despobladas tribunas porteñas. Que por fortuna para el TC, ayer no se replicaron en Paraná.

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