Pablo Peralta: "Como nunca antes en mi carrera estoy disfrutando de jugar"
Pablo Peralta, el central de 43 años sigue mostrando su vigencia jugando en la Liga Nacional de Vóley Masculino representando a Normal 3.

Lunes 06 de Febrero de 2023

Pablo Peralta es un hombre que a través del vóley, no sin sacrificios, logró recorrer un largo camino. Su historia sorprende y no es para menos. Con 43 años y ya consagrado, hoy reparte el tiempo entre su familia y su profesión, la kinesiología; pero además tiene ganas de entrenar y jugar por amor al vóley y a su querido Normal 3. “Como nunca antes en mi carrera estoy disfrutando de jugar”, destacó el central, quien justificó la frase diciendo: “Entendí por dónde pasa el deporte. Antes me volvía loco, era muy autoexigente y exigente con mis compañeros. Estoy viendo que la puerta (el retiro) está cerquita. De lo que viene después no tengo idea, pero por lo pronto creo que voy a seguir ligado al deporte porque me hace bien. Hoy por hoy estoy viviendo el presente, pensando en que tengo que ir a entrenar y ver como sobrevivo a ese entrenamiento”, dijo entre risas.

Normal 3 es parte de la Liga Nacional de Vóley Masculino (se denomina así al 2º nivel del país) y de hecho es el único equipo rosarino en hacerlo. El hecho es destacable, sobre todo si se tiene en cuenta de que Normal 3 no es un club sino un colegio que tiene al vóley como deporte principal y del que han surgido jugadores y jugadoras que se destacaron no solamente a nivel nacional sino traspasaron la frontera, como el caso de Pablo Peralta, el capitán del equipo.

Al hablar de la primera fase del certamen, en la que Normal 3 terminó en el quinto lugar, el ex jugador de la selección argentina hizo un pequeño análisis en el que destacó: “La primera fase se nos dio muy bien, te diría por encima de las expectativas. No teníamos idea con qué nos íbamos a encontrar ya que no conocíamos a los rivales más allá de alguna referencia de alguno".

¿Cómo respondió el equipo?

El equipo respondió muy bien, a pesar de que éramos locales y es un equipo muy joven. Los chicos respondieron bárbaro y nosotros nos encajamos bien.

¿Cómo es el grupo?

Con Sebastián Mancini somos los dos únicos veteranos, los que subimos el promedio, el resto no supera los 25 años. De nuestro lado, aportamos nuestra experiencia y ellos, la potencia. El grupo desde lo humano es espectacular, se conocen mucho, son muy amigos entre ellos y nosotros nos acoplamos bien a eso, porque entendimos que nosotros somos los que entramos en su grupo. Este es un grupo muy afianzado, donde los chicos comen juntos, salen y van a todos lados juntos, se juntan antes de los entrenamientos. Eso hace que la unión sea muy buena y se vea reflejado en la cancha. Tenemos la ventaja de que no trajimos ningún refuerzo: estamos trabajando con el mismo plantel que jugamos el torneo local. Eso es un plus, sobre todo en la primera fase, cuando los equipos generalmente traen jugadores de afuera (incluso algunos trajeron extranjeros) y ese acople no está dado. Nosotros, como ya veníamos jugando y ya nos conocemos, arrancamos bárbaro. Tuvimos un tropezón con Libertad de San Jerónimo pero terminamos con cinco victorias en seis partidos. La verdad no lo esperábamos para nada pero fue una agradable sorpresa. Pasamos una semana hermosa a nivel deportivo, grupal y humano. Fue algo fantástico.

¿Influyó el tema de ser local? A veces serlo presiona y en otras impulsa.

La verdad es que no sentimos presión, al contrario. Me parece que en nuestro caso nos empujó. Quizás sí nos pesó contra Libertad, porque era un rival con el que habíamos perdido hacía muy poquito la Copa Santa Fe. En esa oportunidad fue un partido muy reñido y esta vez, que pensábamos que podíamos tener revancha, nos autopresionamos y eso nos jugó en contra: ellos jugaron un partidazo y nosotros no. Pero nos repusimos bárbaro. Al día siguiente jugamos contra el equipo que venía invicto, CEF Nº 5 de La Rioja (que ya le había ganado a Libertad) y lo terminamos venciendo. Fue muy gratificante salir de ese bache.

Evidentemente fue un tema psicológico.

Obvio. Veníamos de ganar cuatro partidos seguidos, jugando en un muy buen nivel, por encima de lo que esperábamos incluso y tuvimos un día y medio de descanso antes de jugar con Libertad, o sea que estaba todo dado para que “sea el momento” de ganarles, pero todo eso nos jugó en contra y nos fue como nos fue. Más allá de eso el balance de esta primera parte es altamente positivo.

En esta primera fase de la Liga Nacional de Vóley Masculino se dio un quíntuple empate.

Sí, hubo cinco equipos con un partido perdido, pero el que nosotros perdimos fue 3-0 y por diferencia de sets quedamos posicionados en la 5ª posición.

Eso habla de la paridad que tuvo el torneo.

Tuvo paridad arriba y paridad abajo. Había una subdivisión entre siete equipos de arriba y los siete de abajo muy marcada. Los de arriba le ganaban bien a los de abajo y cuando se enfrentaban se sacaban sets entre ellos.

CEF Nº 5 y Social Morteros pasaron directamente a cuartos de final y el resto tiene que jugar en 16avos. A Normal 3 le toca con Carlos Pellegrini. ¿Cómo lo ves?

Nuestro objetivo de base siempre fue estar entre los primeros ocho. Estamos cerca de conseguirlo porque nos posicionamos bien y vamos a jugar contra un rival, en teoría, accesible, aunque no tanto. Ganando ya estaríamos a un pasito de lograr nuestra meta. El año pasado no pudimos hacerlo, quedamos fuera de los ocho y jugamos por no descender: gracias a Dios nos fue bien y quedamos novenos. Ahora entrando entre los ocho daríamos un salto de calidad.

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Debutó jugando al vóley en Normal 3. Hoy sus hijos recorren el mismo camino.

¿Buscan el ascenso?

No sé si el ascenso es nuestro objetivo de máxima, porque no sé si tenemos estructura. Ahí habría que pensar en traer gente de afuera, el presupuesto se multiplicaría varias veces y me parece que no estamos en condiciones. Creo que manteniéndonos en esta categoría estamos muy bien.

¿Cuál es el objetivo?

La idea es hacer un muy buen papel, posicionar a Normal 3 a nivel nacional para que se acerquen chicos a jugar, porque el objetivo de base de todo esto es que Normal 3 crezca. Nosotros tenemos la desventaja de que no somos un club. Nos mantenemos en lo más alto del nivel rosarino y provincial hace décadas y eso no es poco ya que hay un montón de clubes con estructuras mayores, con mejores posibilidades y no lo han logrado. Lo que sí encuentra un jugador cuando viene a Normal es un sentido de pertenencia que es único e irrepetible, algo que no se encuentra en otro lugar, no existe y es lo que marca la diferencia.

¿Qué balance hacés de las ligas que jugaste?

Fueron pasando entre buenas y malas. Buenas en general, entre malas y muy malas, entre decisiones que pensaba que era lo mejor y después terminaron no siéndolo. Hubo un montón de ligas en las que no me ha ido bien pero no lo cuento como algo troncal en mi carrera, anoto las que hacen bien al espíritu. Ahora con esto, es como cumplir un sueño que nunca soñé: jugar una Liga con Normal 3. Cuando al principio Nelson Baldellou nos planteó esto pensé que estaba loco, porque creía que era algo imposible de llevar a cabo. Pero pasó un tiempo y jugamos la Liga con Normal 3, a un nivel que no tiene nada que envidiarle a ninguna otra institución, con todo ordenado, bien hecho, impecable.

¿Qué papel le das a la liga?

La liga es un buen puntapié para volver a recuperar nuestra esencia, que si bien se mantiene entre los mejores, queremos que Normal 3 vuelva ser “el mejor”.

Y vos, personalmente, ¿como estás?

Estoy feliz de poder aportar experiencia, tranquilidad en los momentos clave, hablar con un compañero cuando la esté pasando mal...

Estás en otro partido.

Sí, es otro partido, otra etapa de mi carrera. Sinceramente lo estoy disfrutando mucho. Me propuse que a nivel Liga, esta sea la última, porque para estar, entre el trabajo, la familia y los entrenamientos, hay que hacer un esfuerzo muy grande y ya no estoy para estos trotes.

Son 25 participaciones, un buen número...

Sí... ya está, ahora se disfruta. Hace años que vengo pensando que “esta es la última”, pero siempre me aparece una cosa nueva. “Es la última pero... vamos a jugar con Normal 3 la Liga”, y bueno, vamos a jugar... “Vamos a jugar con Normal 3 pero en Rosario”, y así todos los años me aparece una motivación nueva. Y después hay que responder a esos llamados.

¿Y de dónde te aferrás?

Yo creo que la base de cualquier deportista es la motivación. Y yo encuentro en esos pequeños detalles la motivación para seguir. Cada vez se hace más difícil y el cuerpo responde menos, pero la motivación está ahí. El objetivo está ahí. Cuando eso falta, el deportista no funciona. Y poquito a poquito la fui encontrando.

¿La fuiste encontrando o la fuiste buscando?

Quizás fue un poquito de ambas. Un poco que se fueron dando y otro poco que mi mente se negaba a dejar de jugar. Entonces me voy planteando nuevos objetivos, nuevas motivaciones.

¿La motivación es el único factor?

No, otro sostén importantísimo para que siga jugando son mi familia, mis hijos. Llevar la cinta de capitán y verlos sentados en las tribunas es algo increíble.

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El vóley es para Peralta, una pasión irrefrenable.

Un central errante

Pablo Peralta nació en Rosario, el 9 de diciembre de 1979 en barrio Tablada, a la vuelta de la cancha del club Central Córdoba. Empezó a jugar al vóley a los 12 años en Normal 3 y a partir de ahí su vida cambió. Errante es la palabra que mejor lo define y es porque desde muy chico aprendió a lidiar con el desarraigo como si fuera un ciudadano del mundo. De hecho su trayectoria lo llevó a jugar luego de Normal 3, en Azul Vóley, Club de Amigos, Rosario Central, Rojas Scholem, Tenerife, Alianza de Jesús María, Club Ciudad de Bolívar, París Vóley, UPCN Vóley, Isernia Vóley, Puerto San Martín, La Unión de Formosa y Club Rosario, entre otros. Esto sin contar lo que viajó con el seleccionado argentino.

Azul Vóley, uno de los equipos que estaba jugando la Liga Nacional de Vóleibol de ese momento (1993) lo contrató cuando apenas tenías 16 años. Desde entonces Pablo vivió cientos, miles de vivencias, muchas de las cuales tienen un lugar importante en la galería de sus recuerdos.

A la hora de destacar algunos momentos de su carrera, muchas imágenes golpearon su cabeza. “Ufff, difícil, porque hubo muchos momentos muy lindos”, se sinceró. Y a renglón seguido eligió: “El año que me tocó jugar en Rojas Scholem, con un equipo nuevo, revolucionario en la Liga, que vino a cambiar un poco la forma en que se jugaba la Liga Nacional. Fue un placer para mí porque tuve compañeros de mucha jerarquía, como Hugo Conte, Hernán Ferraro, el Negro Silva, Porporato, Bidegain...todos.jugadores extraordinarios. Logramos hacer algo tan lindo y terminó de la mejor forma: campeones y también campeones sudamericanos”.

Otro momento que recuerda con mucho cariño fue cuando piso por primera vez Europa, en Tenerife, lugar donde estuvo dos años, de 2002 a 2004. “Quería jugar en Europa y me tocó un lugar paradisíaco. Allí fuimos subcampeones en la Superliga Masculina (2002-2003) y campeón de la Copa del Rey (2004) y de la Supercopa de España (2004). Problemas de desarraigo nunca tuve, pero en ese momento viajé con Erika, mi novia, la que hoy mi esposa”.

Luego, el central añadió: “Otra experiencia muy linda y más reciente, de cuando ya decidí quedarme acá, fue el proyecto del club Rosario. Eso duró 4 años, era el referente, el capitán; estaba en Rosario, cosa que me permitía estudiar y estar con la familia pero llegó la pandemia. Estábamos jugando un torneo en Calafate, habíamos clasificado entre los ocho mejores cuando se cortó la Liga. Teníamos buenas perspectivas pero todo terminó ahí. Club Rosario no se pudo mantener y terminó todo”.

En 2022, cuando no lo esperaba, Pablo jugó con su querido Normal 3 una nueva Liga Nacional. Pensó que era la última, pero se equivocó. Este 2023, con juveniles 43 años y el apoyo de Erika, su esposa, y de Martina y Juan Ignacio, sus dos hijos, disputa su segunda Liga Nacional con Normal 3, la número 25 de su carrera, algo que, según él, “es un buen número para cerrar mi carrera”. Aunque ni él se lo cree.