Sábado 19 de Diciembre de 2020
Los recuerdos no se oxidan. Sobre todo cuando asoma la figura de Omar Arnaldo Palma. Ese mismo talentoso que derrochaba un exquisito juego como también destilaba una fuerte personalidad detrás de ese carismático imán para los canallas. El Negro quedó en el bronce de Central por lo que forjó a lo largo del recorrido sobre la alfombra auriazul. Sea a nivel deportivo como individual. Y en este especial 25º aniversario de la conquista de la Copa Conmebol brindó confesiones hasta antes ocultas.
El eterno ídolo reveló que puso dinero de su bolsillo para poder asegurar los viajes y que el club no perdiera los puntos. “Fue la mejor inversión que hice. Lo tomo ahora como una anécdota más porque jamás había contado esto”, reflejó. También contó desde el corazón que “ese equipo merecía ser campeón por todo lo que sufrió. La gente desconoce las historias que hay detrás de ese título”. Además resaltó con orgullo y emoción que “hasta el día de hoy estoy orgulloso de haber capitaneado a ese plantel”. Y agregó: “Hicimos y quedamos en la historia grande del club. Esa hazaña que obtuvimos no se comparará jamás con nada”.
¿Qué pasa por tu cabeza al ver que se cumplen 25 años de una conquista histórica para Central?
En la mente de quienes estuvimos en esas dos finales siempre estará presente lo que vivimos. Lo que logramos no solo fue un campeonato. Fue una hazaña a nivel mundial. Habíamos perdido 4 a 0 en Brasil y en el Gigante ganamos 4 a 0. Y después nos impusimos en la definición por penales. Fue un acontecimiento histórico. No solo los recuerdos son por lo deportivo sino por un montón de situaciones que nos tocó vivir para poder hacer los viajes debido a que la situación económica del club era complicada. Muchas veces ponía plata de mi bolsillo para viajar a jugar porque si no lo hacíamos perdíamos los puntos. Otras veces me ayudaban a pagar los boletos del avión para la delegación compañeros como el Polillita Da Silva.El resto de los chicos no podían porque recién arrancaban y cobraban poco, si cobraban.
¿Eras quién ponía más o toda plata para viajar?
Sí, ponía. Lo hice porque sentía además que era mi obligación. Era placer y amor al club. Lo hacía porque quería. Pasa que me quería retirar dando una vuelta internacional con Central porque nunca lo habíamos logrado. Puse la plata con gusto, sea para ir a Brasil, Paraguay, Chile u otro lugar. Más allá de eso, los recuerdos que quedaron son hermosos porque en realidad toda la gente de esa época terminó viviendo un lindo momento que hasta el día de hoy disfruta en familia. Quería un título así y lo conseguí. Me quedo con eso. Lo otro, lo de la plata, lo cuento ahora porque es como una anécdota más de todo lo que vivimos en el 95.
¿Iban en chárter o vuelos de línea?
No, qué chárter. Elegíamos el vuelo más barato. No íbamos en uno que tardada dos horas para llegar a Brasil. Nos llevaba casi un díaentero aterrizar a destino porque hacía escala en varios lugares. Era lo que podíamos pagar para que vaya toda la delegación. Igual, nunca nadie dijo nada o hizo mala cara. Era un grupo muy bueno y sufrido a la vez.
¿Sabés que estás contando cosas que nunca habían salido a la luz?
Sí, pero lo hablo después de 25 años. Es verdad que nunca dije que había puesto plata para los viajes. Pero bueno, en ese momento lo hice y no me lo reprocho.
¿Recuperaste el dinero?
No, olvidate que me devolvieron la plata. Pero la recuperé siendo campeón de lo que quería y viendo a la gente de Central disfrutar tanto de una primera copa internacional. Fue la mejor inversión que hice en ese sentido.
¿Cómo era el grupo?
Fenomenal. Había muy buena gente. Y eso que era un grupo de muchos jóvenes. Salvo el Polillita y yo, el resto eran pibes. Pero todos eran muy responsables. Creo que de no haber sido por las ganas de esos chicos que recién empezaban, a lo mejor uno se hubiese retirado antes. Verlos entrenar y cómo eran te daban fuerza para seguir peleando. Tuvimos la suerte de que salimos campeones porque cuando entrábamos a la cancha dejábamos de lado los problemas económicos y cada uno que jugaba sabía lo que debía hacer. Queríamos ganar algo.
¿Y con el Polillita Da Silva cómo comulgaban con tantos pibes
Estando adelante de todos a la hora de entrenar. O de llegar primeros al vestuario e irnos últimos. Tratábamos de dar el ejemplo. Como veían que a la hora de correr íbamos encabezando el pelotón, no podían decir nada después.
¿Qué cosas recordás de la final?
Muchas. Lo viví con intensidad como el resto de mis compañeros. No es por nada, pero el partido de vuelta de esa final deberíamos haber terminado el primer tiempo 5 a 0 y no 3 a 0. Lo pasamos por encima a Mineiro. El Gigante explotaba. Teníamos todo a favor, pese a que en el segundo tiempo nos costó llegar al cuarto gol. Hasta que faltando uno o dos minutos llegó el cabezazo de Petaco. Creo que era el destino que ganáramos esa copa porque cuando empatamos 4 a 4 nos dijimos casi todos, “ya no podemos perder”.
¿Cómo fue el pospartido en Brasil?
Volvimos rápido al hotel y nadie comió ni durmió esa noche. Encima nos teníamos que quedar ahí porque el vuelo de regreso, que también duró como un día para abaratar costos, era como a las 10 de la mañana. La pasamos mal. El grupo estaba dolido. Nos reunimos en mi habitación, hablamos, y después pudimos reponernos de ese cachetazo.
¿Con qué mentalidad salieron al Gigante entonces?
Estábamos convencidos de que el triunfo era nuestro esa noche. Terminamos logrando una hazaña.
¿En algún pasaje del partido pensaste que se les escapaba?
Cuando faltaban diez minutos y seguíamos 3 a 0 me dije “no llegamos más”. Pero el fútbol te da ciertas cosas. Recuerdo que Colusso fue a patear el córner y veía que no lo hacía. Me dije por dentro, esto se termina. Entonces me acerqué y le dije, “dámela, dámela”. Lo hizo y tiré el centro porque había visto antes que Peta venía corriendo embalado al área y por suerte hizo el gol. Ahí dije, “ahora no perdemos más”.
¿Esperaban encontrarse con el Gigante lleno en la vuelta y luego de que la directiva bajó los precios de las entradas?
Lo del precio de las entradas se dio así porque junto a Da Silva, el Chacho y algunos más nos reunimos con los dirigentes y hablamos para que las bajaran. Y lo de la gente fue porque pese a que sabía que íbamos a ganar, quería agradecernos por lo que habíamos hecho en un torneo donde tuvimos muchos inconvenientes. El hincha siempre nos acompañó y creo además que muchos se sentían identificados con ese grupo que supo lidiar con muchos imponderables.
¿Cuál fue la virtud de ese equipo?
Reponerse a la adversidad, sobre todo económica. Se cobraba poco o no se lo hacía a término, pero a la hora de entrenar o de jugar se dejaban de lado los problemas y todos poníamos por encima el escudo de Central. Lo mismo pasaba con los viajes. Nadie se quejaba por hacerlo durante todo un día o dos. Ese plantel merecía ser campeón.
¿Para vos qué representó?
Lo máximo. Y eso que en la campaña 86/87 salí campeón, fui elegido mejor jugador y goleador. Así y todo dejo eso de lado para resaltar lo de la Copa Conmebol del 95.
¿En qué pensás cada vez queves la Copa Conmebol?
Los recuerdos vienen solos. Detrás de ese campeonato hay historias que casi nadie conocía, de viajes y concentraciones. Así y todo quedamos en la historia grande de Central.