Clásico rosarino

Nunca más un clásico así

Para evitar que los desalmados vuelvan a imponer sus condiciones, Rosario debe hacer de este partido algo habitual

Miércoles 31 de Octubre de 2018

En un puñado de horas se jugará un clásico rosarino planificado, organizado y ejecutado por los desalmados. Los mismos que en los últimos años privilegiaron la prepotencia del poder por sobre los derechos de las mayorías. Aunque Newell's y Central deban jugarlo por el razonable acatamiento que implica la pertenencia a una asociación futbolística, en la previa debe plasmarse el compromiso de que nunca más se acepte jugar el partido de la ciudad bajo estas condiciones de despojo.

Más aún cuando el cinismo estructural, una característica añeja de la clase dirigente, eligió el atajo de las justificaciones al proyectar la responsabilidad de la imposibilidad al resto. El famoso "todos somos culpables" es la mejor manera de eludir los cargos y socializar las culpas. ¿Qué culpa pueden tener todos aquellos que pagan los diversos gastos para presenciar un partido de fútbol con el comportamiento debido? Sí, ellos, los que son mayoría. Los que constituyen la esencia de un deporte en donde pese a todo el maltrato, en cuestión de horas estarán con la ñata contra el vidrio palpitando un clásico en el que los dejaron afuera. Justo ellos que son los dueños históricos y vigentes de esa pasión.

El clásico en Sarandí, en horario inconveniente y sin público es lo que en breve habrá que transitar por imposición de los prepotentes. Pero después de este dislate, cuando lo urgente se disipe, habrá que exigirle a la clase dirigente de distintos niveles que comiencen a trabajar en lo importante, que es la preservación patrimonial de un hecho cultural que es propio de Rosario.

Hay que hacer de este partido una construcción más habitual, para que lo excepcional sea la fiesta y no el tener que jugarlo. Este es el desafío, acostumbrarse a jugar clásicos. En Rosario o dónde la reglamentación del torneo indique, pero siempre con el público de acá. Que en definitiva es el alma. Pero que en esta ocasión fue víctima de los desalmados.

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