Ovación

Nueve años después

El tandilense venció a Rafael Nadal 7/6, 6/2 y abandono y se metió en una nueva final de Grand Slam, en el mismo sitio donde ganó en 2009.

Sábado 08 de Septiembre de 2018

Si algo maravilloso tiene la carrera de Juan Martín Del Potro es esa capacidad de sorpresa, esa manera de emocionar, de volver a poner sobre el tapete un nuevo capítulo mejor que el anterior. Como si el anterior hubiese sido poco. Ayer, sumó uno más, para que el libro de su vida tenga aún más hojas e historias de espíritu guerrero, combativo, ciertamente heroico, como le gusta a buena parte del público. Porque siempre viene a cuenta ese condimento, el de los momentos malos, el de las pesadillas, el de cuánto dolor (y lesiones) hubo que pasar antes de volver a ser. Ayer, en ese nuevo capítulo, el tandilense Nº 3 del mundo escribió esto: que está en una nueva final de Grand Slam tras vencer al Nº 1 Rafael Nadal por 7/6 (3) y 6/2 y abandono, para pelear mañana por el título en el abierto de Estados Unidos.

Tal vez el de ayer no haya sido el partido que la mayoría esperaba ver, porque a mediados del primer set el asunto se empezó a desvirtuar ante los evidentes problemas en la rodilla del español. Transitando el 4/4, Rafa pidió médico por primera vez y aparecieron las iniciales luces de alerta. Se vendó, se sacó la venda, se volvió a vendar. Pudo terminar ese segmento, que se definió en muerte súbita pero en el segundo se acrecentaron las señales, el gesto adusto, la bronca instalada en la cara, la incomodidad. Fue enorme la virtud de Juan Martín Del Potro para no salirse de eje por esa situación. Siguió enfocado en lo suyo, en su libreto, en su trabajo. Lo movió sobre el drive, lo desacomodó por el revés y lo hizo correr, justamente lo que Nadal debía evitar. Y por eso lo terminó de "romper". Concluido el segundo parcial el manacorí se acercó al tandilense y le dijo que no podía seguir.

Fue el momento del descenso de la ovación decada una de las gradas del estadio Arthur Ashe, la cancha central de Flushing Meadows. Primero el reconocimiento para un luchador incansable como Rafa, que luego admitió que odia retirarse pero que las lesiones "también son una parte importante de mi carrera". Y luego para el propio Del Potro, a quien aman los estadounidenses, pero también los cientos de argentinos que anoche entraron a ese complejo gigante en Queen's para verlo deleitar con su tenis.

Se insiste, el partido quizás no fue el que la mayoría esperaba. Pero ello no quita méritos ni sensaciones movilizantes para Juan Martín, que vuelve a su segunda final de Grand Slam. Otra vez en New York, como hace nueve años, cuando ganó el único título que tiene en esta categoría. Donde tocó el cielo con las manos, a los 20 años.

Djokovic sacó a Nishikori y será el rival de Delpo mañana

El rival de Juan Martín Del Potro en la gran final de mañana a las 17 será un viejo conocido, Novak Djokovic (6º). El serbio se impuso en la segunda semifinal, sin problemas, al japonés Kei Nishikori (19º) por 6/3, 6/4 y 6/4 en 2 horas y 23 minutos de juego. El historial es claramente favorable al nacido en Belgrado, quien ganó en 14 de los 18 enfrentamientos entre sí. Aunque este año aún no se vieron las caras en el court.

Hoy, desde las 17 (por Espn), la local Serena Williams (26ª) y la japonesa Naomi Osaka (19ª), de sólo 20 años, dirimirán el título del cuadro femenino. Williams va en busca de su séptima corona en Flushing Meadows. Para Osaka, admiradora de Serena, esta será su primera gran prueba de fuego.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario