Ovación

No somos nada

Sin Messi no hay paraíso. Argentina fue humillada por España y la necesidad de crecer como equipo retrocedió muchos casilleros

Miércoles 28 de Marzo de 2018

El 18 de junio de 2014 una aceitada Chile de Jorge Sampaoli vencía a España 2 a 0 en el Maracaná por la 2ª fecha del grupo B y el campeón del mundo se despedía prematuramente del último Mundial. Aquel equipo trasandino estaba en el cenit de su crecimiento y el Zurdo daba el golpe más importante hasta ahí de su carrera como entrenador. El prestigio del casildense no paró de crecer a partir de ahí pero hay que decir que desde que tomó la selección argentina pareciera obligado a dar todos los exámenes de nuevo. Es cierto que el tiempo que tuvo es poco, que debió lidiar con la insoportable presión de quedar casi afuera de Rusia, pero lo cierto es que hasta ahora su equipo no sólo no creció sino que involucionó. La misma Furia, con Lionel Messi en un palco, se lo hizo ver clarito.

Se dirá con realismo que los amistosos en definitiva cuentan poco a la hora de la verdad, que jugar un campeonato cada cuatro días y con choques a matar o morir si se pasa la primera fase nada tienen que ver con los ensayos previos. Una verdad a medias, quizás válida para resultados "normales". Pero de ninguna manera el 6 a 1 que le propinó España en Madrid debe ser devaluado en esa explicación conformista. Sería un error no analizar los porqué de semejante desastre futbolístico y mucho más no actuar sobre sus causas. Estaría en cuestionamiento por ejemplo jugar siempre al filo y al golpe por golpe que propone Sampaoli, mucho más si no juega Messi. Mucho más ante un rival de la jerarquía española. ¿Vale seguir ese camino obsecadamente?

Es que la intención del Zurdo es quedarse con el protagonismo, sin considerar siquiera compartirlo o cederlo por conveniencia. Por eso, aún sin Messi se insiste, se le jugó de igual a España en su casa. Y más allá de cierta paridad en situaciones claras de gol en el primer tiempo, siempre la selección quedó expuesta al cachetazo.

Es difícil aceptar que hoy Argentina, más allá de la historia, esté un escalón abajo de España y más sin Messi, pero así es y sobre todo cuando el técnico sigue probando y varios jugadores recién se encontraron en esta gira. Esas cuestiones explicarían una derrota pero cuando lo que queda es una goleada catastrófica no queda otra que darle verosimilitud, no hacerse el distraído y cambiar lo que haya que cambiar. Nunca es tarde aunque quede tan poco tiempo.

Y en esas decisiones que sólo le corresponden a Sampaoli, no sólo habría que apuntarlas a discutir un estilo que precisa un tiempo que hoy no tiene, sino también a jugadores que, más allá del amor que despertaron, de su entrega inclaudidable al punto de ser considerados con justicia "intocables", hoy no lo son tanto como para merecer otra chance mundialista.

Sampaoli no logró, más allá de todas las selfies que subió a las redes sociales que resumieron (se supone) ricas charlas con todos los jugadores, conformar un equipo. A no engañarse. Ante Italia la figura fue Willy Caballero, que ayer cometió errores y fue a buscarla cinco veces adentro (Romero lo hizo una vez). En noviembre Nigeria, rival argentino en el Mundial, lo expuso también haciéndole cuatro goles, sin Leo. A Rusia se llegó sólo por aquella inspirada noche suya en Quito. Nada cambió entonces, como el gol clave que marró increcíblemente Higuaín con el partido 0-0. La situación preocupa. El equipo ayer se cayó a pedazos, como aquel complemento ante los africanos. Por eso urge que el Zurdo meta mano. Hoy por hoy no somos nada y sin Messi directamente no hay paraíso.

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