Ovación

No hay un equipo detrás de Messi

La euforia se aplacó, los vendedores dejaron de ofrecer la blanquirroja de Perú en los semáforos y el partido siguió en las páginas de los numerosos periódicos de Lima y al tele.

Jueves 13 de Septiembre de 2012

La euforia se aplacó, los vendedores dejaron de ofrecer la blanquirroja de Perú en los semáforos y el partido siguió en las páginas de los numerosos periódicos de Lima y la tele, mientras en las redes sociales y en las radios, los peruanos seguían debatiéndose entre la satisfacción que les dejó el rendimiento de su selección en el 1 a 1 y el disgusto porque su clasificación sigue lejos. No confían en realidad en la capacidad de este plantel de Markarian para repetir semejante actuación. Argentina ya es historia, Perú para los argentinos, también. Aunque recién ayer se fueron de este país sus megaestrellas nubladas el martes y el interrogante se instaló otra vez: ¿será de nuevo alguna vez un equipo?

A no engañarse. Maradona, el más grande jugador de todos los tiempos, brilló en su esplendor cuando hubo un equipo a su alrededor. Aquella selección del 86 primero fue la timorata de toda la etapa previa, la de clasificación angustiosa a la cita de México gracias a la guapeada de Passarella (el gol fue del Tigre Gareca, que la empujó en la línea) justamente ante Perú. Recién en aquel Mundial el crack y el colectivo amalgamaron, y pasó lo que pasó.

La situación es, como nunca, comparable, porque un cuarto de siglo después vuelve un conjunto albiceleste a contar con una figura estelar que le compite a Diego su propia historia. Pero aún hoy, después de tantos intentos, Lionel Messi sigue sin tener estructura que lo banque.

La llegada de Alejandro Sabella pareció abrir un camino en esa dirección, con guiños verdaderos. Pero dejan de serlo cuando se repasa que en todos esos partidos de victorias, Messi jugó en un nivel superlativo y de hecho marcó en todos los partidos. Sin embargo, cuando su luz se apaga, como el martes en el estadio Nacional, se desnudan todas las debilidades de la selección y asoma la fragilidad de otrora, la que preocupa porque no hay crecimiento en el nivel de otros jugadores que banquen la parada. Y hasta en algunos casos, como el de Mascherano, se notan retrocesos, sin que se vislumbren nombres para pelearle el lugar.

Cuando Messi y su principal socio Di María no están, se encienden las alarmas, que en Lima fueron apagadas por Lavezzi e Higuaín, que pese a ser asistidos sólo con pelotazos de cuarenta metros, mostraron que tenían jerarquía como para hacer añicos el entusiasmo peruano.

Argentina está armada de adelante hacia atrás contra los saberes futboleros elementales y asomó de nuevo como la manta corta que parecía empezar a ser parte del pasado.

Se entiende la apuesta de poner toda la carne al asador, pero dejar de lado la previsión sobre qué pasa detrás del mejor del mundo puede volver a conducir a una trampa en la que esta selección ya supo caer desde Basile en adelante.

Hay tiempo, los números dan cierto margen, pero no repetir actuaciones como la de Lima debe ser prioridad. A espaldas de Maradona, Bilardo supo darle banca y así se hizo un equipo campeón. Sabella tiene la obligación de hacer todo lo necesario, y caiga quien caiga, de hacer lo mismo con Messi.

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