Ovación

No es un adiós, es un hasta luego

Agustín Pozzo y Sebastián Bosch, dos ex jugadores de rugby, son las cabezas visibles de este proyecto

Sábado 07 de Diciembre de 2019

Ayer, el proyecto San Agustín despidió la temporada y lo hizo tirando la casa por la ventana. Por ser el último viernes decidieron hacer algo distinto y lo consiguieron. A lo que venían haciendo siempre, trataron de mantener los ejercicios pero en lugar de hacerlos en el pasto, entrenaron en unos inflables, algo que dejó a los chicos fascinados. Sus caritas fueron el comprobante más fiel. El tercer tiempo también fue distinto, más amplio. Esta vez se invitaron a los padres y como cierre a cada uno de los chicos se le entregó un diploma por haber participado y junto a él un informe que hizo cada profesor con la evolución que tuvo cada chico tanto en lo que tiene que ver con lo psicomotriz como rugbísticamente hablando. La yapa, una taza con el logo para que se acuerden de San Agustín todos los días.

Agustín Pozzo y Sebastián Bosch, dos ex jugadores de rugby, son las cabezas visibles de este proyecto que cuenta con un gran número de colaboradores en su staff, personas que al igual que ellos hacen esto de manera desinteresada. “Pudimos crear un espacio en el que, al principio, no sabíamos con lo que nos íbamos a encontrar”, resumió Bosch quien destacó que hoy por hoy “es terrible la felicidad que vivimos tanto el staff como los padres, al ver a esos chicos cuando participan de cada entrenamiento”.

Les dijeron arranquen que después sobre la marcha van a ir solucionando los problemas

Y fue así. Ni siquiera sabíamos cuántos chicos iban a venir, ni tampoco cuáles eran las discapacidades que tenían. Y nos encontramos con un mundo completamente nuevo para nosotros que es el TEA (N. de la R: este trastorno incluye lo que se conocía como síndrome de Asperger y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado. Se lo llama “trastorno de espectro” porque diferentes personas con TEA pueden tener una gran variedad de síntomas distintos). Cuando empezamos pensamos que iban a venir más chicos con síndrome de down, o con algún retraso madurativo y sabíamos que podía caer alguno con autismo, pero nos encontramos que muchos chicos autistas encontraron acá un espacio que no tenían. Los números hablan por sí solos: hoy el 25% de los chicos que vienen a San Agustín son autistas. También pensamos que sólo iban a venir chicos de 8 o 9 años para arriba y hoy tenemos un grupito -que los llamamos “los mini”-, que tienen entre 4 a 8 años y que ya suman un número cercano a 18/20 chicos. (Pozzo)

¿Cómo respondieron los padres?

Al principio los veías alrededor de la cancha, no te digo controlando, pero viendo qué es lo que íbamos a hacer y cómo tratábamos a sus hijos. Hoy los podés ver sentados en las tribunas, a la sombra, ya que nos los dejan con mucha confianza y eso es muy gratificante. (Bosch)

Eso se lo ganaron ustedes

Sí, y es gracia al staff. Cuando arrancamos no sabíamos si íbamos a ser quince o veinte y qué grado de compromiso iba a haber; si era una especie de locura inicial donde todos están prendidos fuego y quieren participar y que con el tiempo esa llama se puede apagar o no. Por suerte llegamos viernes número 12 y somos más de cuarenta. Todos están comprometidos y ninguno quiere que llegue este veranito porque sabemos que los vamos a extrañar. (Pozzo)

Ahora entran en receso

Vamos a cortar la actividad y a mediados de febrero seguramente retomemos. Vamos a hacer un análisis de lo que fueron estos 12 entrenamientos, qué cosas hay que mejorar y qué cosas trabajar para que los chicos sigan creciendo. Como siempre decimos, ésto recién comienza y no tiene fecha de vencimiento, por lo que queremos seguir mejorando para que esto siga desarrollándose. (Bosch)

Particularmente que les dejó este proyecto hasta ahora.

Personalmente hacía mucho tiempo que venía cargando con una mochila de tener que hacer algo, una acción, algo relacionado con lo social y el rugby, y acá encontré mi lugar. Esa una felicidad plena. Es como que vengo a entregar algo y me llevo mil veces más. Esto paga mil a uno. No tengo forma de explicar la felicidad con la que me voy los viernes después de cada entrenamiento. (Bosch)

Uno siempre dice que quiere hacer cosas por los demás y a veces se queda en las palabras. Hoy te puedo decir que esas ideas, llevarlas a cabo en acciones verdaderas, te llena el alma. Es como que te vas de acá sintiendo realmente que aportaste algo. Y si encima “vos das un granito de arena y te llevás una montaña a tu casa” ese granito no costó absolutamente nada. (Pozzo)

¡Qué paradoja! Porque en el rugby te sentís satisfecho cuando dejás todo y acá cuando te lo llevás.

Sí, acá venís a dar pero no hay comparación con todo lo que te llevás. Ver las repercusiones en las redes, escuchar los mensajes de los padres o sentir esa ansiedad por que llegue el viernes siguiente, por ejemplo, contagia mucho y hace que todos vengamos con muchas ganas de seguir con este proyecto, que arrancó como una loca idea que no sabíamos para dónde iba a dispararse y hoy por hoy somos muchos más conscientes de que es una realidad sin fecha de vencimiento. (Pozzo)

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