Ya sin Larriera y con el interinato de Coria, Newell’s ofreció una de las peores actuaciones del semestre, perdió bien con Instituto y necesita definir ya la nueva conducción. ¿Berizzo? ¿Ramón Díaz? ¿Berti?
Viernes 14 de Junio de 2024
La imagen fue de un equipo tirado en la cancha. Literalemente. Cuando Guillermo May tuvo el empate y el arquero se lo sacó, llegó la contra de Instituto. Desde mitad de cancha eran tres contra uno. Luego, ya en el área leprosa y sus alrededores, cinco o seis de la Gloria y cuatro locales. El equipo cordobés tocó y tocó, demoró en marcar el gol finalmente en el pie zurdo de Ignacio Russo pero, pese al tiempo transcurrido, no se agregó ningún futbolista más leproso. Nadie bajó, nadie se unió a la lucha para evitar lo inevitable. Fue 2 a 0 apenas a los 11 minutos del complemento y ya entonces se percibía a cosa juzgada. Así fue. Así finalizó el semestre de Newell’s, el de Mauricio Larriera, más allá de que lo haya dirigido interinamente Adrián Coria.
No hubo reacción, tampoco demasiado en las tribunas, donde la resignación pareció haber ganado el lugar. Cierto es que nada hubiera cambiado la sensación de que a Newell’s le llegó la hora, otra vez y van..., de barajar y dar de nuevo. De acertar en los caminos elegidos y los intérpretes. Los que conducen a un costado de la línea de cal y los que están dentro. Porque quedó claro que esta derrota, como la anterior ante Banfield que marcó el verdadero final de la etapa del uruguayo, fueron el desencadenante de una situación que se viene gestando hace mucho.
Más precisamente, desde la goleada en contra con Racing en la Copa de la Liga pasada, el viaje a Miami en el medio, la caída con Estudiantes y el clásico, todo en cadena. Ahí se gestó una tendencia irreversible, que se estiró hasta la fecha pasada y le puso de alguna manera el moño en esta, con una de las peores imágenes de este equipo versión 2024, quizás la peor de todas.
Que empezó mal y terminó peor. Porque a los 7 minutos nomás, la agresividad que pretendió darle Coria con una línea de volantes muy adelantada para tratar de ponerse inmediatamente detrás del Colo Ramírez, encontró su talón de Aquiles.
Bastó que Ignacio Russo cruzara un balón que sorteara todo ese sector del medio, para que genere una acción limpia por derecha con Santiago Rodríguez y este habilitara bárbaro el ingreso de frente de Gastón Lodico, que pareció pegarle con la tibia pero la metió en el ángulo superior izquierdo de un Lucas Hoyos que nada pudo hacer.
Hasta ahí una situación de juego que podía darse, pero resultó el botón de muestra en realidad. Porque el Newell’s de Coria, el viejo ladero del Tata Martino, trataba de ir para adelante con la conducción intermitente de Ever Banega, pero los laterales no estaban finos, mucho menos los extremos Francisco González y Brian Aguirre, por lo que al Colo le llegaba mal.
Como contrapartida, a Instituto le faltó quizás más jerarquía porque la sensación es que ya pudo haber definido la cuestión en ese primer tiempo. Por las libertades que tuvo y que no supo aprovechar bien.
El ejemplo de eso fue el segundo gol, el descripto al comienzo, que necesitó de infinidad de toques, para que Russo lo definiera como en el campito.
Antes Newell’s tuvo su momento con el gol bien anulado a Ramírez, por mano de Aguirre, y siguió hasta el final de esa primera etapa con otro cabezazo del Colo, al que se le mojó la pólvora como a todo Newell’s. Y con ese centro, que se desvió, de Jerónimo Cacciabue y dio en el travesaño.
El golpe de efecto que buscó Coria con la “repatriación” de Leonel Vangioni y Franco Díaz en el inicio del complemento, junto al ingreso de May, duró lo que un suspiro.
Antes de mandarla a la red, Russo desperdició dos chances claras con toda la defensa leprosa mirando. Por eso el segundo gol, el de la certeza de que la derrota era irreversible, asomó como una sentencia ahí mismo.
Suena de vuelta el nombre de Eduardo Berizzo, también el de Ramón Díaz, mientras otros siguen dando vueltas como el de Alfredo Berti. El futuro merece definiciones rápidas, antes de que el plantel retome los trabajos el lunes 24 de junio. A la dirigencia y la gerencia deportiva, que parece contar con una excelencia de datos que muchas veces no se corresponden con otros menos objetivos y más subjetivos a tener en cuenta, les es urgente dar vuelta la página.