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Newell's y el golpazo ante River que deja la última imagen

Newell's le dio batalla a River hasta que le enrostraron la jerarquía y fue goleado 4 a 1. Una postal de crisis deportiva antes de las elecciones

Jueves 16 de Septiembre de 2021

Hasta que Julián Alvarez capturó ese chancletazo de Angileri de afuera del área y sometió a Aguerre, Newell’s no sólo estuvo en partido sino que buscó siempre equiparar con enjundia, buenas intenciones y por momentos juego colectivo la indudable diferencia de jerarquía con un River también por hacerse, pero con mucho más recursos, partiendo desde el técnico claro. Pero ese golpe cuando iba exactamente una hora de partido expuso la realidad del equipo de Fernando Gamboa, que fue al cabo goleado de mala manera y no ayudó desde la cancha a un mejor transitar hacia las elecciones del domingo, después de la convulsión de la violencia ejercida hacia dos de los tres candidatos. Por supuesto, los dirigidos por el Negro no están para hacerse cargo de eso, de ninguna manera. Bastante tienen con lo que les toca, pero aún si la paz hubiera rodeado la última semana previa hacia las urnas, el mal trago deportivo por supuesto que no es una buena noticia para quienes representarán al oficialismo. Al fin y al cabo, el club del Parque es fútbol y hace bastante que no acierta con un ciclo que ilusione, que brinde expectativas hacia futuro.

Tampoco por supuesto debe hacerse cargo Gamboa y sus jugadores del humor que esta derrota por 4 a 1 genere en los votantes. Se sabe que quien es oficialista está obligado a presentar un buen balance de su gestión y nunca una caída así, inmersa en una etapa, en un año que no termina de arrancar, ayuda. Por supuesto, eso es harina de otro costal respecto al juego estrictamente. Ese en el que Newell’s hizo un esfuerzo enorme para estar a la altura de las circunstancias. Tanto, que pareció desmedida la diferencia, más allá de que esa última media hora, un tiempo largo vale decir, fue un calvario para el local y hasta pudo ser humillado aún más.

Nadie le podrá reprochar al Negro que sabía con qué bueyes araba. Lo dijo en la última conferencia de prensa. Por supuesto su estilo es de juego ofensivo y agresivo y nunca estuvo dispuesto a cambiarlo más allá del rival que tuviera enfrente. Pero ya entonces había advertido que trabajó mucho con el orden necesario cada vez que River la tuviera, ya que sabía que la iba a tener mucho también.

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Ese fue su mérito para pelear de igual hasta esa pelota de Alvarez. Le disputó la tenencia, trató de circularla con criterio, contó con la ayuda de la sorprendente imprecisión rival en la salida y se podría decir que hasta ahí estaba para cualquiera. Pero en esa disputa sin pausa, la pelota fue de aquí para allá y el libreto falló en esa segunda parte. Newell’s fue tan desordenado como River defensivamente y River tuvo mucho más jerarquía para aprovecharlo.

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La imagen de la desazón. Giani, Lema, Mansilla y Cacciabue sufren la goleada de River sobre Newell

La imagen de la desazón. Giani, Lema, Mansilla y Cacciabue sufren la goleada de River sobre Newell's.

Y cuando Newell’s bajó la guardia, cuando su confianza ahora sí recibió un golpe de nocaut (nada de eso pasó pese al eléctrico comienzo y el mazazo del gol de De la Cruz), todas las falencias quedaron al descubierto. Ya antes Gallardo había mostrado mejor muñeca ordenando su mediocampo e impidiendo el libre tránsito que lo perjudicaba. Después del 1-2, las variantes de Gamboa ya no levantarían la autoestima y mucho menos el resultado.

El 2021 viene de nalgas para Newell’s. Arrancó con el tobogán en el que se fue desgranando el ciclo de Kudelka. Llegó Burgos dispuesto con la receta europea y un fútbol mezquino que rápidamente encontró su techo, profundizando la pendiente. Y cuando el regreso del querido Negro Gamboa se iniciaba con optimismo, otra vez se asoma a un precipicio que preocupa. A los responsables del fútbol, primero. A los de adentro y los de afuera de la cancha.

Los buenos momentos anoche o antes ante el campeón Colón fueron insuficientes para el alivio de mejores resultados. La jerarquía que al fin le hizo pesar River sirva quizás de atenuante. Para que en el contexto de un acto que no le será indiferente, cuente el todo de una gestión y no una parte que en estos casos sobresale: la última imagen.

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