Jueves 07 de Marzo de 2024
Newell's pudo despejar los nubarrones que sobrevolaban y estaban entorpeciendo y oscureciendo su recorrido. Aclaró su horizonte, justo a tiempo, antes de llegar a empantanarse entre sus propias necesidades de reaccionar y de volver a asumir el papel de protagonista que llegó a esbozar en el comienzo de la Copa de la Liga. El conjunto que lidera Mauricio Larriera no podía dilatar más el reencuentro con la victoria. Con sus ambiciones naturales. Ya no quedaba margen para nada. Por eso tanta tensión alrededor y por eso tanta carga emocional, tanta efusividad y tantos abrazos en la celebración.
El 1-0 sobre Tigre, con gol del Colorado Ramírez en el cierre de la primera etapa, en el Coloso por la 9ª fecha de este certamen significa (hacia adentro y hacia afuera) mucho más que un triunfo. Representa un grito descontracturante, absolutamente revitalizador, liberador, que lo pone de nuevo en la senda de guiños positivos, que lo reconcilia con sus pretensiones iniciales. Y aparte, lo metió en zona de clasificación a los cuartos de final.
En esta ocasión, el DT pudo enfocar a sus dirigidos en lo más importante y alejar a su tropa de los ruidos y la incertidumbre que habían sembrado la falta de victorias y los malos arbitrajes antes de este encuentro.
Era la última chance de rescatar algo positivo de la serie de tres duelos seguidos de local y aprovechó esa situación. Además, se animó a tomar las riendas del partido, aún con algunos titubeos, y a asumir sus responsabilidades ante un rival muy endeble, que marcha en el fondo del grupo.
Era un desafío y, con gran esfuerzo, sin sobrarle mucho, en esta oportunidad fue en búsqueda de lo que necesitaba, desde el primer minuto.
En el arranque, el dueño de casa trató de imponer condiciones sin apuros. Desde el comienzo estuvieron muy claros los roles y los posicionamientos de los contendientes. La lepra se arrimaba al área rival y apostaba a la serenidad y a la insistencia, y a encolumnarse detrás de las lúcidas intervenciones y de la pelota siempre bajo la suela de Ever Banega.
A los 8’, el Colo Ramírez conectó defectuosamente un centro bajo desde la izquierda de Brian Aguirre. Pudo haber sido de mucho peligro si le entraba bien.
En los primeros pasajes, Aguirre se mostraba incisivo por izquierda, aunque no siempre la terminaba bien. Y Angelo Martino colaboraba con sus proyecciones por esa banda.
Del otro lado, Panchito González y Armando Méndez intentaban tejer otra sociedad productiva.
El local no encontraba la fórmula para encontrar claridad en los últimos metros, siempre le faltaba algo de precisión o rozaba en alguien. Lo que insinuaba no terminaba de ser serio en la culminación.
Y el gol tan esperado llegó sobre el cierre de esa etapa. Después de tanto insistir, tras un lateral de Méndez y ya en tiempo adicional, apareció un disparo de Martino, que el Colorado que desvió a la red adversario. Gol de nueve, gol de goleador.
El complemento arrancó con algunos rasgos diferentes. En las bandas cambiaron posiciones. Aguirre fue por derecha y Panchito por izquierda. Y la lepra asomaba sin la obligación de abrirle el candado al partido, y desde esa plataforma trató de manejar sus ansiedades y los tiempos. Méndez, con trepadas por su costado, también demostraba que entendía la vital importancia de este pleito para el conjunto rojinegro. Y era premiado con aplausos de las gradas.
Los cambios tampoco lograron una reacción de Tigre, que nunca se sacó el traje de invitado a una fiesta ajena.
Con Schor por Aguirre, el local renovó bríos por esa franja. Promediando esa etapa, Newell's no estaba cerca del segundo pero tampoco corría riesgos de perder lo que había construido con tanto sacrificio.
A los 75’, Larriera apostó curiosamente por Vangioni como doble cinco en el medio (entró por Julián Fernández) para manejar lo que restaba del desarrollo. Y ese movimiento funcionó. Por lo menos, le sirvió para cuidar con mejores armas el gran tesoro que estaba buscando, y ya tenía entre manos.
En los últimos minutos, el Colo Ramírez y Banega fueron aplaudidos a rabiar desde los cuatro costados cuando fueron reemplazados. Ese reconocimiento premió a dos de los grandes responsables de este victoria.
Así, con una producción que no ofreció brillos pero tampoco dejó lugar a dudas, forjó un triunfo impostergable que para este Newell's fue un volver a creer en sus principios basales, en sus lineamientos, esos que se tejieron colectivamente en la pretemporada y que en los últimos compromisos habían encontrado demasiados obstáculos para avanzar. Algunos propios y otros exógenos. Pero esta alegría le permite levantar la cabeza y mirar lo que viene con más confianza y expectativas. Volvió al camino y recuperó la vertical. Justo a tiempo.