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Newell's rescató un empate agónico en un Coloso que mostró banderas de reclamos

El estadio rojinegro fue una auténtica hoguera. Las secuelas de la derrota en el clásico del domingo pasado fueron evidentes, palpables, en cada rincón del parque Independencia.

Domingo 26 de Octubre de 2014

El Coloso ayer fue una auténtica hoguera. Fue reclamo, tensión, pura ebullición. Un estadio vestido de protesta bajo un sol insoportable. Las secuelas de la derrota en el clásico del domingo pasado fueron evidentes, palpables, en cada rincón del parque Independencia. Se tradujeron en una decena de banderas que se colocaron con las gradas aún vacías y que reflejaron el estado de irritación del hincha rojinegro tras una caída que caló hondo. Fueron trapos que denunciaron orgullos heridos, un perceptible distanciamiento y la necesidad de una reacción que se evidenció a medias con el empate 2-2 con Godoy Cruz. Esa igualdad poco sustanciosa desde lo numérico, fue leída por Gustavo Raggio como un gesto válido para extender su continuidad.

   El gol de Maxi Rodríguez en tiempo adicional, le prorrogó la vida útil a un ciclo que entró en zona de bravas turbulencias y que llevó al conductor rojinegro a sacar nombres importantes de la alineación inicial y a modificar esquemas tácticos. Algo que parecía temerario luego de la instalación del legado del Tata Martino. La exclusión de Lucas Bernardi del once principal, los debuts de Iván Silva y Facundo Bustamante en un contexto de máxima exigencia, y la utilización de dos sistemas diferentes durante el cotejo (4-4-2 y 4-3-3) revelan una intención de búsqueda para lograr cambiar de paso. Para salir de una crisis de juego.

   “Ningún éxito inmuniza”, rezaba una de las banderas ubicadas en la popular baja leprosa. Y esa frase lograba encerrar gran parte de la indignación local, que necesitó más tela para poder expresar tanto enojo. “Los clásicos se ganan”, “Sáquense la camiseta y dénsela a la hinchada que juega mejor”, “Nosotros alentamos, ustedes nos cagaron.”, “La actitud no se negocia”, “Le fallaron a su gente”, “Jugadores cagones”, “El que no sienta el clásico que se vaya”, “Menos Queens, más huevos”. Ese era el espeso paisaje de las tribunas que pintó la previa de un encuentro que parecía un hervidero desde lo dialéctico, más allá de que la mayoría de la asistencia no mostró el mismo grado de aspereza en sus cánticos y en sus expresiones habituales.

   Diez minutos antes del inicio del cotejo, un grupo de simpatizantes se instaló debajo del palco dirigencial, en la platea baja del museo y elevó otra bandera declarativa, cuando el equipo salió a la cancha. “Ni jugadores, ni dirigentes, a Newell’s lo hace grande la gente”.

   Cuando Raggio encaró al banco, recibió algunos insultos y silbidos por parte de un grupo marcado de plateístas. El resto esperó el desarrollo del partido para direccionar sus movimientos actitudinales.
  El gol de Aquino, en el primer avance serio del Tomba, con una nueva grosería defensiva, dejó a Newell’s ciego, atontado, en estado de perturbación. Y eso forzó algunas escaramuzas en las tribunas que no pasaron a mayores.

   La igualdad con el cabezazo de Víctor López tras un córner de Maxi en el cierre del primer tiempo fue un bálsamo de desahogo, que puso a Newell’s de nuevo en el partido y que se reflejó en un abrazo grupal entre titulares y suplentes, al lado del banco rojinegro. Y Raggio no participó de esa escena.

   El complemento encontró a Newell’s luchando contra sus necesidades y sus nervios. Con Bernardi y Tevez en la cancha. Precisamente, el ingreso del capitán en el entretiempo levantó algunos aplausos y cantos a favor desde la tradicional visera rojinegra.

   A los 34’, Orzán le regaló un gol de antología al Tombino Leandro Fernández y la sombra de un final comenzaba a asomar por el Coloso. Sin embargo, Newell’s no bajó los brazos, apeló a su corazón y ya en tiempo adicional Maxi Rodríguez dibujó un golazo liberador, tan determinante que cambió el semblante del cierre del partido.

   El 2-2, que La Fiera ni festejó por tanto atosigamiento que forjaron las circunstancias del cotejo, alargó la cuenta de Raggio en el Parque. Pero más allá de esta extensión de crédito, difícil de mensurar bajo este contexto, quedó claro que el conjunto leproso atraviesa un punto de quiebre, un agitado trance de recomposición, una plataforma de replanteos sobre algunas tradiciones y legados recientes. Es que en este Newell’s ya nada es como entonces. Transita un momento crítico que reclama nuevas respuestas.

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