Domingo 12 de Noviembre de 2023
Ya no tiene remedio. Newell’s se tumbó solo y ya no tiene ninguna posibilidad de entrar a los playoffs de la Copa de la Liga, ni de clasificar a la Copa Sudamericana. A la derrota ante Boca por 1 a 0 se le sumó la victoria dos horas más tarde de Belgrano sobre Unión para que no haya ya chances de nada. Y encima, en la conferencia de prensa posterior, Gabriel Heinze anunció su salida luego de la última fecha ante Defensa y Justicia. Completo. El conjunto rojinegro atentó contra sí mismo como en toda la Copa de la Liga, y hasta en esta actuación decorosa que tuvo en la Bombonera, malograda con un penal inocente cometido por Guillermo Balzi cuando el xeneize no tenía ni idea cómo darle una alegría a su público. Otra nueva caída, la tercera en los últimos cuatro partidos, demasiado para aspirar algo más que a un ciclo decepcionante que se encamina al final.
Newell’s empezó mejor. Presionó alto, no le dio margen de maniobra al rival y lo fue llevando contra su arco. Cada rebote quedaba en poder del conjunto rojinegro. Parado con Jorge Recalde de punta, Balzi y Ferreira un paso atrás y Méndez y Martino de laterales-volante, la lepra tuvo amplitud para tocar y avanzar, la mayoría de las veces por el flanco derecho, con las subidas de Méndez y con Balzi superando siempre a Saracchi.
Las diagonales de Balzi de derecha hacia el medio eran una buena opción. Lo dejaban perfilado de zurda para el remate al arco. Un disparo suyo que Romero despejó al medio le quedó servida a Recalde para el gol. La tardía reacción del paraguayo privó a Newell’s de la apertura.
El compromiso y la atención del equipo para obstruir en cada sector del césped de la Bombonera le impedía al xeneize moverse con comodidad. Que aparte no anduvo fino con la pelota Valentín Barco y Cristian Medina, siendo que son determinantes para llevar juego hacia adelante.
Desde la obediencia táctica, Newell’s controló a Boca hasta cerca de la primera media hora. Le faltó más juego arriba para inquietar a una defensa local que nunca dio señales de seguridad. Ferreira y Recalde las resolvían mal.
Con más decisión que fútbol, Boca equilibró de a poco el desarrollo. Barco se involucró mejor en las acciones ofensivas. Pero el xeneize tampoco inquietaba. Recién lo consiguió en una mala salida de Hoyos, tras un tiro de esquina, que Cavani no conectó con potencia de cabeza.
Un nuevo centro, de Saracchi, le dio revancha al uruguayo para abrir el marcador. No pudo ser. El uno rojinegro se reivindicó del error anterior con una volada sobre su derecha.
El flojo desempeño de Recalde y Ferreira explica la razón por la que Heinze los reemplazó en el entretiempo por May y Panchito González, buscando más peso en los metros finales. La preocupación principal, por el contrario, pasó a ser otra. Cómo quitarle la pelota a Boca. La circulación del xeneize empezó a funcionar y la lepra corría de un lado al otro tratando de frenarla.
Un cabezazo abajo que pegó en Saralegui encontró una gran respuesta de Hoyos. De inmediato Merentiel encontró un callejón libre por el medio y sacó un remate que se fue cerca. Ahora era el local el que prevalecía y la lepra corría desde atrás.
Boca igual merodeaba, sin ejercer un asedio insoportable. La lepra buscaba el orden y realizar ataques verticales de contra. Casi le sale a los 28’. Balzi le metió en cortada una precisa habilitación. Pero May falló en la definición y le dio la chance de que Chiquito Romero le achique el disparo.
De a poco, Newell’s fue encontrando espacios en el fondo local. Con los avances de Balzi, las proyecciones de Martino y la movilidad de May se fue arrimando. En otra jugada de riesgo, el lateral se la llevó a puro coraje y el posterior tiro del uruguayo obligó a Romero a estirarse para sacarla al córner.
Newell’s estaba más cerca. Pero Balzi cometió una torpeza dentro de su área. Se tiró para barrer y lo bajó a Merentiel. El atacante uruguayo aprovechó lo que a esa altura era impensado y rompió la paridad en el marcador.
Fue un impacto muy fuerte. Newell’s se sintió perdido y así jugó esos instantes finales. A esta altura es la de un año para el olvido.