Ovación

Newell's, pasión y realidad

El contraste entre la felicidad de los hinchas de Newell’s, casi elevada al paroxismo, y la circunspección que mostraron Gerardo Martino y Guillermo Lorente en la conferencia de prensa de presentación del Tata como entrenador de Newell’s, es ni más ni menos que la distancia que separa, históricamente, a la pasión de los hinchas de la realidad.  

Sábado 31 de Diciembre de 2011

El contraste entre la felicidad de los hinchas de Newell’s, casi elevada al paroxismo, y la circunspección que mostraron Gerardo Martino y Guillermo Lorente en la conferencia de prensa de presentación del Tata como entrenador de Newell’s, es ni más ni menos que la distancia que separa, históricamente, a la pasión de los hinchas de la realidad.

Seriedad y prudencia versus exaltación extrema, exacerbación. Los límites de quienes tienen la obligación de responder con sus decisiones y trabajo, y aquellos que fiscalizan el rumbo de los colores del corazón sin más parámetros que el amor incondicional por la camiseta.

En un rincón, Lorente y Martino; en el opuesto, otros leprosos de ley recibiendo la buena nueva casi como un acto de desaparición milagrosa de la tabla de los promedios y de un plantel precario que apenas se sustenta en un puñado de experimentados a quienes muchas veces se les piden más responsabilidades de las que pueden afrontar.

Ese fue el contraste, lógico, natural, que existió el jueves entre la presentación del último gran ídolo y la grey rojinegra que vociferaba y prometía proezas en los alrededores del parque Independencia.

Hasta ahí la presentación de dos actos simultáneos fundidos en un mismo objetivo: sacar a Newell’s del pozo que lo deprime y lo oprime.

Claro que las responsabilidades son diferentes.

El Tata llega para abortar un proceso futbolístico autodestructivo que se agravó peligrosamente en el Apertura. Los hinchas sólo tienen que aportar lo suyo desde las tribunas.

Y se notó. Ni Lorente, ni Martino tenían nada para festejar. La comisión directiva y el cuerpo técnico empezarán a enfrentarse a uno de los desafíos más importantes de la historia del club.

Es cierto que en la historia se reconoce mucho más a los entrenadores campeones y a las directivas que los gestaron, pero salvarse del descenso es mucho más que salir campeón. Sobre todo para un club grande, de riquísima parición de futbolistas exquisitos y uno de los principales fabricantes de jugadores al poderoso microclima del fútbol europeo.

Uno de esos productos, Martino, decidió correr el riesgo de inmolarse si es necesario para tenderle la mano a la institución que lo vio nacer.

A él no le gustan las estridencias, pero es injusto no resaltar su decisión. No tenía la obligación.

Por eso los rostros tensos, el gesto adusto, la ausencia de sonrisas. No había nada que festejar. Al menos por ahora.

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