Ovación

Newell's le ganó a Vélez

La jugada que definió la historia fue un resumen exacto de lo que fue el partido. Se jugaban 11 minutos del complemento y Leandro Torres lanzó la bola detenida al área velezana. Allí Cristian Fabbiani forcejeó con Waldo Ponce, el Ogro peinó la pelota hacia atrás, el arquero Barovero (junto a Uglessich)... 

Lunes 01 de Diciembre de 2008

La jugada que definió la historia fue un resumen exacto de lo que fue el partido. Se jugaban 11 minutos del complemento y Leandro Torres lanzó la bola detenida al área velezana. Allí Cristian Fabbiani forcejeó con Waldo Ponce, el Ogro peinó la pelota hacia atrás, el arquero Barovero (junto a Uglessich) dio un rebote inocente hacia adelante y el premio a la concentración absoluta lo tuvo Juan Insaurralde, que rápido de reflejos hundió la redonda en la red para sentenciar el pleito. Así fue la noche del Coloso. Con un Newell’s despierto y de dientes apretados y un Vélez tibio y dubitativo. Con un equipo de Gamboa dispuesto a dejar la piel en cada pelota y con una formación de Tocalli repleta de dudas. Es cierto que el fútbol prolijo y atildado faltó a la cita por impericia de ambos bandos. Pero en el cuerpo a cuerpo ganó la Lepra y el apretado 1 a 0 sirvió para volver a sonreír luego de aquella victoria festejada en el clásico de la fecha 13. Newell’s está redondeando una campaña más que satisfactoria y esto no es para nada despreciable.

Había que ganar para ratificar que Newell’s está entre los mejores equipos del torneo. Y por ello el abrazo final de los jugadores envuelto en el grito ensordecedor de los hinchas fue la postal más nítida del desahogo de anoche. La victoria dejó a los rojinegros a sólo dos unidades del objetivo de alcanzar la línea de 30 puntos, una misión que se juramentó el plantel y el cuerpo técnico para terminar en la platea vip del Apertura y además alejarse definitivamente del riesgo de los puestos de descenso.

No fue sencillo vencer a Vélez. Y no porque el rival sea un equipo temible. Por lo menos anoche no lo demostró. La complicación leprosa para despachar a su adversario fue que en ningún momento encontró lucidez futbolística. No hubo prolijidad ni panorama para progresar con juego asociado y así se hizo complicado arrimar peligro al arco de Barovero. El Chino Torres no fue la manija, Machín y Vangioni no perforaron por las bandas con insistencia y Diego Torres se destacó por tirarse a los pies de los rivales. Fabbiani quedó demasiado aislado, aunque se las ingenió igual para complicar a los centrales visitantes.

En la etapa inicial la Lepra estuvo cerca con un remate cruzado de Vangioni, que se desvió providencialmente en una pierna velezana sobre la línea de sentencia. Los quince minutos finales encontraron a Newell’s desordenado y con Vélez cabeceando a voluntad en las narices de Peratta. Cero a cero y al descanso.

Rolando Schiavi no jugó el complemento por lesión (ver página 3) y así comenzó a aumentar la figura de Insaurralde y del Colo Ré (también debió ser reemplazado por lesión). Ambos se plantaron como centrales y controlaron al grandote Roberto Nanni. Gamboa mandó a la pista a Sperduti y hubo vértigo y desborde por la derecha. Bernardello se adueñó del círculo central. Y con más sangre que fútbol y más garra que ideas el rojinegro comenzó a torcerle la muñeca al rival.

El gol de Insaurralde fue la mano letal que tumbó al fortinero por toda la cuenta. Luego la Lepra apretó los dientes cada vez más y entregó hasta la última gota de sudor en pos de la causa: mantener el cero en el arco de Peratta. Así, con justicia, pero sin crédito extra, Newell's recuperó la sonrisa ante su gente y se prepara para rendir las últimas dos materias del año. Se puede decir que ya pasó de grado, pero siempre es bueno que el promedio de puntos sea superior. Hay seis porotos más para rescatar. Un buen desafío.

Lucas Vitantonio

lvitantonio@lacapital.com.ar

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