Lunes 30 de Octubre de 2023
Cada vez más lejos del fútbol, de imponer intensidad y vértigo. Y de la victoria. Así es imposible que Newell’s vaya a culminar el año con una mínima satisfacción. Otro flojísimo desempeño le impidió el triunfo que tanto requería para que no se diluya más la esperanza de clasificar a los cuartos de final de la Copa de la Liga y de ingresar a una copa internacional. El 0 a 0 con Platense fue una condena a la impericia que tuvo la lepra para superar a un rival al que no le sobra nada. Con tres fechas por jugarse, la sensación es que empieza a resignarse de todo.
Hasta el primer cuarto de hora, todo se redujo a insinuaciones. Newell`s procuró progresar por afuera, con el tándem Martino y Aguirre por izquierda con mayor frecuencia que por el lado opuesto. La liviandad en la gestación, la falta de recursos para contar con un mayor caudal ofensivo derivó en un equipo rojinegro que se diluía a medida que avanzaba. La exclusiva atención que requería la visita durante ese lapso fue contener el constante pivoteo de Ronaldo Martínez, destinatario una y otra vez de los pelotazos frontales que, de tan repetidos no causaban sorpresa.
A medida que el conjunto rojinegro le fue quitando la pelota al calamar, se adelantó en la cancha y le dio circulación a su juego. Los errores no forzados, con pases mal dados, en ocasiones por apresuramiento, atentaron contra la intención de plasmar en el marcador el predominio que ejerció, leve, pero superioridad al fin. Balzi, sorpresivo reemplazante de Ferreira en la formación titular, no le dio la sintonía final al fútbol que el rojinegro tanto necesitaba.
El desarrollo era muy poco atractivo, sin riesgos en los arcos. Hasta que Ortiz despejó mal y Marcich sacó un zurdazo que cruzó frente a Hoyos. Platense, con muy pocas virtudes y limitaciones de toda clase, dio un alerta. Ortiz se reivindicó de inmediato. Metió con exactitud un envío larguísimo hacia el área local, para un enorme control de aire de Panchito González, ante la impotencia de su marcador Infante por no poder frenarlo. Pero el remate del delantero rojinegro fue dirigido al medio, donde estaba ubicado Macagno.
Desde esta situación aislada hasta el descanso, el ensayo de una mediavuelta de Ortiz que se fue alta resultó lo único que se pareció a una jugada de gol. La mayor traba para asociarse en ofensiva de Newell’s fueron las malas resoluciones. Aguirre fue un caso testigo, aunque se lo exonera porque al menos intento ir hacia adelante.
Por el lado del conjunto de Martín Palermo, evidenció una notoria carencia de aptitudes, en el manejo de balón y de ingenio para aproximarse, más allá de que el entrenador cambió durante el transcurso de la etapa el 4-3-3- por el 4-4-1-1, ubicando a Díaz de enlace.
Tan poca seguridad mostraba el calamar que los centrales dejaron que Recalde salte libre de marcas para impactar de cabeza un centro de Méndez, pasando el balón cerca del palo, en los primeros instantes de la segunda etapa.
Pero a Newell’s le fue costando salir con claridad. Sforza no lo hacía y Ortiz y Glavinovich dudaban en las entregas. El ímpetu de Gómez, siendo vertical con la pelota al pie, era lo poco interesante que ofrecía la lepra. Tan es así que Heinze metió a Ferreira por Balzi, y más tarde a Sordo y May por González y Recalde.
Las modificaciones no alteraron un partido en el que, poco a poco, Platense le sacó algo de mayor provecho, encontrando huecos por donde filtrarse. El ingreso de Pupi Ferreyra le dio mayor vértigo al ataque. Un tiro combado del exCentral no se fue muy lejos.
Una pelota perdida por Newell’s lo encontró muy mal parado, con Martínez corriendo en soledad y Hoyos retrocediendo desesperado. El atacante la tocó por arriba, con mala puntería y lo desperdició. La misma que le faltó a Zalazar debajo del arco, tras la atajada de Hoyos a un disparo de Díaz, y de May cuando tenía solo a Chiaverano para definirlo, en ese cierre frenético, donde nadie paraba a nadie y ninguno tenía un destello de luz.
La igualdad sin goles fue un resumen de la producción de Newell’s. Desde lo numérico no está tan lejos de clasificar a algo. Desde el juego, sí lo está.