Domingo 08 de Febrero de 2009
Hay un nuevo Newell’s en todo sentido. Hay un equipo que toma considerable distancia en su estilo de juego al que cumplió una gran campaña con Fernando Gamboa. Una comisión directiva que se ubica en las antípodas con la manera que condujo Eduardo López durante 14 años el club. Un entrenador que busca no tocar demasiado lo que estaba bien, pero que paulatinamente ya instaló su prédica. También se nota un espíritu renovado en el hincha, que ayer explotó hasta el paroxismo para gritar a viva voz lo que hace casi dos meses votó en las urnas. Nada será igual en la vida rojinegra a partir de ahora. Por eso se entiende el rugido estremecedor que retumbó en cada rincón del Coloso. Fue la fiesta de los sentidos. Este 3 a 0 en el debut del Clausura ante Gimnasia (LP) encandila lo suficiente para hacerles la vista gorda a otras cuestiones de fondo y forma que aún están enquistadas en la institución del período anterior.
El abrazo de Sensini con sus colaboradores y el saludo altivo de los jugadores con la gente fueron una clara exteriorización de que el paso inicial se dio con firmeza. En sí mismo, la goleada es un impulso invalorable para sentar las bases de un proceso que todavía no está bien cocido. Pero Newell’s resolvió todo con una facilidad que sepultó esa creencia que indica que todos los equipos quedan expuestos en la fecha inaugural. No tuvo una actuación de colección como lo indica la rotundidad del resultado. Aunque jugó el partido como si estuviera en plena competencia.
Fue paciente cuando Gimnasia insinuó animarse. Se arremangó cuando el trámite convocaba a la fajina. Y aprovechó su momento mostrando el catálogo de lo que parece ser el sello del estilo Sensini. Compostura táctica, prolijidad para administrar la pelota y cautela para no dejarse llevar por el pressing que en su momento incorporó el mensaje de Gamboa.
Esa última seña particular empujó a Newell’s a entreverarse en la confusión del primer tiempo. El equipo entró con demasiada facilidad en la tierra firme del empate que pisaba Gimnasia. Mauro Formica lucía desconectado, los volantes periféricos (Sperduti y Vangioni) nunca dejaron el tendal y la carta de presentación de Armani fue apenas guapearla entre Maldonado y Agüero. Sólo la ubicuidad de Bernardi y el esmero de Bernardello agitaban el avispero.
Otro cantar fue el complemento. Fue como si el equipo hubiera recibido un toque de corneta para despabilarse. Todo se simplificó enseguida. Bastó que Sperduti hiciera lo que realmente sabe que es desbordar. Mauro cumplió con su parte con un anticipo sutil ante la salida de Sessa. Villar también pateó para Newell’s y vio la roja por un codazo a Bernardello.
Demasiadas circunstancias favorables como para no aprovecharlas. Formica dejó otra huella indeleble con un caño para que Armani definiera. Y al rato le puso el moño a su actuación con un genialidad picándole la pelota a Sessa.
Vino el tiempo del floreo de Newell’s y la dimisión de Gimnasia. Bernardello pudo convertir el cuarto y Peratta justificó su presencia con un revolcón tras un remate de Cuevas.
La buena semilla que sembró la campaña de Gamboa entregó un saludable indicio. El equipo ya no responde al mismo mandato, pero igual se observa una más que digna sucesión futbolística.