Martes 27 de Mayo de 2008
El realista dirá que Newell’s jugó espantoso y por eso perdió. Y esa es una cruda verdad. Claro que también hay otras visiones que pueden hacerse. Porque el pesimista, ese que se llenó de bronca y se fue del Coloso maldiciendo con una enorme preocupación por el juego ausente, sostendrá que jugando así no se puede ganar. Una lectura con cierta lógica. Pero el optimista observará que no todo está perdido, todo lo contrario. La Lepra depende de sí mismo y está a sólo un paso de la salvación total. Las matemáticas lo avalan, aunque a la calculadora rojinegra habrá que ponerles pilas nuevas para que pueda seguir funcionando y se alcance el objetivo final.
La derrota de ayer preocupó, y mucho. Porque se jugó ante un rival directo y porque el equipo de Caruso estaba ante la enorme posibilidad de quedar a un solo punto de escaparle a la promoción. Y después jugar con la tranquilidad absoluta en los partidos que restan para el final. Eso no sucedió porque Newell’s continuó paralizado, sin reacción, sin ideas y carente de actitud. Claro que esto no viene de ahora sino de hace tres fechas. Tan es así que de los últimos doce puntos sólo rescató uno.
Jugar con todos los resultados puestos podía ser favorable o no. El miedo a la relajación estaba latente y sobre eso se había hablado en la semana. Y, quizás, hubo algo de eso que terminó opacando un lunes que podría haber sido festivo. Olimpo salió al ruedo para disputar una final, la misma que tenían los leprosos. La diferencia estuvo en que uno la sintió así y el otro no.
¿El empate pudo ser el resultado que más le cabía al choque? Sin dudas que sí, aunque los rojinegros se acordaron de ponerle énfasis al ataque cuando Olivi había dejado en silencio a todo el estadio con su cabezazo goleador. Hasta ese momento el bahiense había ocupado territorio enemigo y jugaba lejos del arco de Ramírez.
El resultado adverso y el grito desesperado de un Coloso sediento de alegría y que reclamaba más "huevo" empujaron a los jugadores, que a los pelotazos intentaban calmar la ansiedad. No había sorpresas y la táctica era repetida. Centro para encontrar un cabezazo salvador. Salcedo metió afuera; Da Silva otro que encontró Ramírez y Spolli tuvo el suyo pero el arquero bahiense respoondió. Ni tres puntos ni uno. En casa y con las manos vacías. Newell’s no sumó y prolongó el sufrimiento. Está a tiempo de alcanzar la meta, pero debe reaccionar.