Lunes 08 de Mayo de 2023
Cristian Ferreira dejó derramar algunas lágrimas instantes después de meter el cabezazo que le dio el empate a Newell’s en Victoria ante Tigre (2-2). Seguro que ese instante de celebración fue también de desahogo, por lo que le venía tocando atravesar, con actuaciones muy por debajo de lo que se esperaba y reproches del público rojinegro.
La conquista, la primera desde que llegó al club, le tocó las fibras más íntimas y se entiende la emoción en ese momento de festejo. Es que los silbidos con los que dejó la cancha cuando fue reemplazado en el empate sin goles ante Argentinos la fecha pasada en el Coloso fue toda una demostración de lo torcido que andaba.
Así fue que en el siguiente encuentro, contra Santos por la Sudamericana, dejó la titularidad y fue al banco, sin ingresar. Y ayer volvió a ser suplente.
Hasta que Heinze entendió que había que mandarlo a la cancha porque Marcos Portillo, justamente quien ocupó su puesto ante Santos y Tigre, se estaba equivocando seguido con la pelota. Era imprescindible un mejor manejo.
Ferreira entró y jugó con decisión. Se mostró todo el tiempo para recibirla y tocar. Cumplió el rol de conductor, aunque lo mejor de su actuación llegó a los 86’. Corrió en diagonal del medio hacia la derecha a la espalda del zaguero Aguilera. Juan Sforza se la mandó con justeza por elevación para que el volante creativo la conecte de cabeza y la meta de emboquillada por sobre Marinelli.
Entonces, el volante corrió unos metros, lo celebró y se emocionó. No era para menos. Tanta angustia acumulada encontró en ese gol una válvula de escape.